—No quema.
Solo entonces Noel volvió a fijar la mirada en Félix.
—Cuando todo esto termine, empezarás a trabajar en mi empresa.
Félix se señaló a sí mismo, confundido.
—¿Yo? ¿Trabajar?
—¿Tienes algún problema con eso?
Félix miró la profunda y oscura expresión en los ojos de Noel.
—No, para nada. Es solo que... nunca en mi vida he trabajado.
—Siempre hay una primera vez —respondió Noel.
—¿Y de qué voy a trabajar?
—Jefe de Almacén.
Félix le dio vueltas al título en su cabeza, pero le sonaba completamente desconocido.
—¿Y qué hace exactamente un Jefe de Almacén?
—Cosas importantes —afirmó Noel—. Es un puesto clave, prácticamente estás a nivel directivo.
A Félix se le iluminó el rostro.
—Noel, ¿de verdad confías tanto en mí?
—Por supuesto.
Félix no dudó ni un instante.
—¡Trato hecho! Iré a trabajar contigo y aprenderé todos los secretos sobre cómo dirigir una empresa.
—En cuanto termine el asunto de tu madre, preséntate en las oficinas para firmar tu contrato, como dicta el protocolo.
Félix ni siquiera lo pensó.
—Sin problema.
Una sonrisa casi imperceptible asomó a los labios de Noel. Sin embargo, su expresión se endureció en un segundo, y sus oscuros ojos brillaron con frialdad.
—Por cierto, escuché que antes andabas con la idea de querer casarte con tu propia hermana.
Al escuchar eso, Félix sintió que un balde de agua helada le caía encima.
¡Dios mío! ¡¿Cómo era posible que este hombre lo supiera todo?!

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