V.
Esa era la inicial de la familia de su padre.
Los dedos de Nanette acariciaron la letra V grabada en el centro del colgante con forma de estrella. Sentía un nudo en la garganta.
—Cuando tu madre falleció, tenía este collar aferrado en la mano. Cuando te traje a la familia Larco, aproveché y me lo llevé —dijo Eloísa—.
»Como sentía un poco de culpa por la muerte de tu madre, me quedé con el collar para dejártelo como un recuerdo.
—¿Un recuerdo? —Nanette la miró con dolor y tristeza—. Si de verdad era para que tuviera un recuerdo, ¿por qué me lo entregas hasta ahora?
—Yo...
Eloísa se quedó sin palabras, delatada por su propia conciencia.
Nanette ya no tenía energías para intentar adivinar sus verdaderas intenciones. Lo único bueno que Eloísa había hecho en toda su vida era conservar ese collar. Probablemente, había sido el regalo más preciado que su padre le había dado a su madre. Y ahora, a partir de este momento, sería su mayor tesoro.
Guardó el collar en su estuche con sumo cuidado.
—La última vez mencionaste que mi padre biológico ya no estaba en este mundo. ¿Es verdad?
—Bueno... —titubeó Eloísa—. La verdad es que no estoy del todo segura.
Nanette se quedó atónita.
—¿Qué quieres decir?
—Después de que tu madre se fue, mandé a investigar el paradero de tu padre por todas partes. La información que me llegó decía que ya había fallecido, pero nadie supo decirme ni cómo ni dónde.
»Por eso, en ese entonces me pareció muy extraño. Siempre he creído que para confirmar una muerte hay que ver el cuerpo. Si falleció, ¿cómo es posible que no hubiera rastros de él?
Pero esta vez, Nanette decidió no hacerse falsas ilusiones. Ya había aprendido a la mala que mientras más grandes eran las esperanzas, más devastadora era la decepción.
—Nanette, te lo ruego. Por el simple hecho de haberte devuelto lo único que te queda de tu madre, ayúdame esta vez.
Ahí estaba el claro ejemplo de las vueltas que da la vida. Seguramente, Eloísa jamás imaginó que llegaría el día en que tendría que suplicarle. Una hijastra a la que nunca había considerado digna, ahora no solo era una mujer exitosa, sino que tenía a un hombre poderoso protegiéndola como a su mayor tesoro.
La mirada de Eloísa se desvió levemente hacia el rostro de Noel.

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