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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 146

El señor Peña le sonrió y le dijo:

—Elena, acompaña a Alejandro a la sala de descanso para que se le baje un poco el alcohol.

Elena asintió, ayudó a Alejandro a salir del reservado y entraron a la sala de descanso de al lado.

Antes de que pudiera cerrar la puerta, Alejandro se inclinó de repente y la besó en los labios.

Ella se quedó paralizada, incapaz de moverse.

Mientras él la besaba, todo a su alrededor empezó a desdibujarse.

Él posó su mano sobre la estrecha cintura de ella. Estaban muy pegados.

Aquel beso la estremeció por completo.

Era la primera vez que una cercanía así la dejaba tan desconcertada. Ni siquiera cuando estaba con Diego había sentido tanta pasión.

—Alejandro... —murmuró ella, empujándolo suavemente por los hombros—. No podemos...

Él la soltó, la sostuvo mientras a ella le flaqueaban las piernas y caminaron hasta el sofá, donde la sentó sobre su regazo.

Tenía la nariz y los ojos ligeramente enrojecidos, y eso la hacía verse aún más frágil y conmovedora.

Elena intentó zafarse, pero él la retuvo con sus manos grandes.

La postura era demasiado íntima, y Elena se sonrojó al instante.

Alejandro le puso su saco por encima y le susurró al oído:

—Ayúdame, Elena.

—¿Qué? —La voz de Elena temblaba, sin entender a qué se refería.

«No me estará pidiendo algo así en este momento, ¿verdad?», pensó, empezando a arrepentirse de haberlo acompañado.

En ese momento, Alejandro imponía de tal manera que a Elena le costó sostenerle la mirada.

—No podía rechazar esta cita a ciegas de esta noche —dijo Alejandro con voz ronca—, así que no me quedó más remedio que traerte.

Ella alcanzó a percibir el cansancio en su mirada. Las manos que tenía apoyadas en los hombros de él fueron perdiendo la fuerza para resistirse.

Una sombra pasó por fuera de la puerta.

Alejandro le preguntó en voz baja:

—¿Tomarías la iniciativa?

El señor Peña y los demás los vieron y sonrieron con picardía.

—Todos pensábamos que Alejandro solo se enfocaba en el trabajo, pero ya vemos que nadie se resiste a una mujer hermosa.

La joven no pudo evitar lanzarle a Elena una mirada cargada de envidia.

Tras terminar el compromiso con Alejandro, de camino a casa, Elena se mantuvo con la cabeza gacha, en completo silencio.

Solo de recordar lo que acababa de pasar, la vergüenza volvía a invadirla.

Alejandro notó que ella casi no había comido y que, después de haber fingido con él, debía estar cansada, así que pensó en invitarla a cenar.

De repente, sonó el celular de ella. Elena lo sacó.

Era una llamada de Diego.

—Elena, la abuela me acaba de llamar para pedirnos que vayamos a verla. ¿Dónde estás? Paso por ti para ir al hospital.

Pensando que le había pasado algo a la abuela, Elena aceptó de inmediato:

—Está bien, espérame en la entrada de mi edificio.

Al escuchar que iba a verse con Diego, la expresión suave que Alejandro tenía hace un momento se endureció por completo.

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