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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 145

Elena ni siquiera había salido del terreno de la casa cuando Alejandro la alcanzó.

—Señorita Navarro, la llevo —ofreció, con el mismo tono distante de siempre.

Elena lo dudó un segundo, pero terminó subiéndose al coche.

El chofer arrancó.

Sentada junto a él, notó que no había dicho una sola palabra en todo el trayecto, así que empezó a mirarlo de reojo.

Su perfil era impecable, con una armonía de rasgos difícil de ignorar.

—¿Qué tanto me ve, señorita Navarro?

Él abrió los ojos, giró la cabeza y le clavó la mirada.

Al verse descubierta, Elena se avergonzó al instante. Volteó rápidamente hacia el frente y trató de que la voz no le temblara.

—Solo soy una simple mortal. Cuando veo a alguien atractivo, es normal que me llame la atención. Me imagino que el señor Vargas ya está acostumbrado a que se le queden viendo, ¿no?

Pensó que su pequeño halago serviría para salir del paso.

Alguien con su estatus de seguro recibía ese tipo de adulaciones a diario, así que no le daría importancia.

Alejandro alzó una ceja; le dio la impresión de que estaba coqueteando con él.

Al sentir el peso de aquella mirada, Elena se puso tensa.

—¿El centro de sus operaciones se movió a Ciudad Río últimamente, señor Vargas?

Había notado que se lo topaba a cada rato en la sucursal. ¿Acaso ya no tenía que estar de planta en las oficinas centrales?

Alejandro esbozó una sonrisa, con una mirada inescrutable.

—Señorita Navarro, ¿le intereso?

Elena se quedó desconcertada ante esa pregunta.

¿Cómo que si le interesaba?

¡Obvio no se refería a eso!

—No, no me malinterprete, yo no quise decir...

En ese instante, el celular de Alejandro empezó a sonar.

Atendió la llamada y, tras escuchar el reporte del otro lado, le preguntó a ella:

—Señorita Navarro, ¿me podría hacer un favor?

Elena ni la pensó; asintió de inmediato.

—Claro.

Alejandro les dio un apretón de manos a todos y luego presentó a Elena:

—Les presento a mi novia, Elena.

Uno de los presentes, un hombre de aspecto refinado al que Alejandro llamó señor Peña, rio con ganas.

—Con razón últimamente ya ni te paras por Ciudad Norte. Te buscamos y siempre andas en Ciudad Río. Y yo que creía que venías a hacerle compañía a tu abuela que está de vacaciones acá. ¡Quién iba a decir que era para estar con la novia!

Alejandro le pasó el brazo por la cintura a Elena y bromeó:

—Es muy penosa, señor Peña, no me la vaya a asustar.

Elena sintió que las mejillas le quemaban al sentirse rodeada por el brazo de Alejandro.

—Y yo que pensaba que de verdad ibas a quedarte soltero toda la vida —comentó el señor Peña—. Desde que cancelaste el compromiso con la hija de los Moreno, medio mundo quería presentarte muchachas. Hasta mi sobrina me había preguntado si tenías pareja. Qué lástima, llegó demasiado tarde.

A Elena le indicaron que se sentara junto a Alejandro.

Escuchar sus conversaciones sobre millones y corporativos la ponía un poco tensa, así que se limitó a beber su jugo en silencio.

En medio de la cena, notó que una mujer joven, vestida con un sastre muy elegante, la fulminaba con la mirada desde el otro lado de la mesa.

Elena optó por ignorarlo y siguió al lado de Alejandro, interpretando con precisión el papel de la novia dócil.

Alejandro parecía haber tomado de más.

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