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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 154

Con esa imagen de revista todavía dándole vueltas en la cabeza, Elena no lograba concentrarse.

Durante la práctica, se equivocó y bajó la guardia un montón de veces.

Media hora después, Alejandro bajó su florete y se dio media vuelta para irse.

Elena pensó que se había enojado y se disculpó de inmediato:

—Ay, perdóneme, no debí distraerme. ¡No se enoje!

Alejandro se detuvo en seco y la miró.

Aunque ella no podía verle el rostro, sentía su mirada clavada, como si la estuviera regañando.

Ella se quitó la careta y le aseguró con total seriedad:

—Le prometo que desde ahora me concentraré y no volveré a distraerme.

Alejandro se quedó en silencio un buen rato hasta que, de la nada, le dio un suave pellizco en la mejilla. Después caminó hacia la banca y se sentó.

Elena sintió un sobresalto íntimo que la dejó sin palabras.

Sin embargo, intuyó que el coraje ya se le había pasado, así que sonrió y fue a sentarse junto a él.

Después de tantas sesiones juntos, ella ya lo veía como a un maestro de verdad, y supuso que él también la había aceptado como alumna.

De camino a casa, Isabel le mandó una foto por celular.

[Mira a mi nuevo cliente, ¿no te parece guapísimo? Es modelo. Te juro que cuando lo vi en persona me dejó impresionada.]

Elena recordó la espalda desnuda del profesor Domínguez y de pronto el tipo de la foto le pareció de lo más equis.

***

El sábado, Elena fue al hospital a visitar a su abuela.

Diego también llegó.

La abuela se alegró mucho al verlos. Tomó la mano de Elena, conversó un rato con ambos y luego les dijo:

—Aprovechen que es fin de semana. No se queden aquí nada más viéndome la cara de enferma, ¡váyanse a pasear!

Diego sonrió.

—Abuela, venir a verla juntos ya es nuestra salida de fin de semana.

A la abuela se le iluminó el rostro.

—Ya sé que eres un buen muchacho, pero ya cumplieron con venir. Ahora váyanse a disfrutar su tiempo a solas. Me harían más feliz si me dan la sorpresa de un bisnieto pronto.

Elena y Diego salieron de la habitación.

Diego le preguntó:

Elena le dio la razón en sus pensamientos. Alguien que tenía una sala VIP exclusiva en un club como ese, definitivamente no era cualquier persona.

Al pensar que quizá no volvería a ver al profesor, se arrepintió de no haberle pedido su WhatsApp a tiempo.

***

Convencida de que sus prácticas de esgrima ya habían dado resultado, Elena aprovechó una información que había recibido: el director Molina asistiría esa noche a un prestigioso club de esgrima. En cuanto salió del trabajo, se dirigió hacia allá.

Para su mala suerte, no contaba con toparse a Diego y Adriana en la recepción.

Como no tenía ganas de lidiar con ellos, se quedó esperando en la entrada hasta que desaparecieron de su vista.

En recepción le explicaron las tarifas; pagó su acceso y se dirigió adentro.

Las instalaciones eran inmensas, así que tomó el elevador hasta el tercer piso.

Mientras tanto, cerca de los elevadores, Diego alcanzó a ver de reojo una silueta muy conocida, lo que lo distrajo por completo.

Adriana lo notó y le preguntó:

—Diego, ¿qué tanto ves?

Diego respondió:

—Se me hizo ver a Elena.

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