Llegaron a la residencia Valverde.
Había muchos invitados, tanto locales de Ciudad Río como algunos que venían desde Ciudad Norte.
La señora Valverde estaba tan ocupada que no tuvo tiempo de recibirlos.
Beatriz y las tres hermanas Romero también llegaron. Isabela y Valeria, sintiéndose en confianza, se acercaron a ayudar a la señora Valverde a atender a los invitados.
Beatriz le advirtió a Elena:
—Normalmente casi no vienes a estos eventos, así que ponte lista. Habla lo menos posible y no pongas en vergüenza a Diego.
No tenían la menor intención de presentar a Elena con los demás. Y si alguien asumía que Elena era simplemente la cita de Diego, tampoco iban a aclararlo.
En esos círculos de la alta sociedad, era de lo más normal que un hombre llevara a una mujer como su acompañante.
Al ver la mala actitud de su madre, Diego salió en defensa de Elena:
—Mamá, Elena siempre se porta a la altura. Nunca me ha hecho quedar mal.
Beatriz soltó un bufido:
—Está bien. Como es tu tesorito, ya no digo nada. ¿Contentos?
De repente, uno de los invitados comentó:
—¡Llegó el director Vargas!
Elena miró hacia la entrada.
Vio entrar a Alejandro y a Isidora, acompañados de una chica más joven.
La muchacha llevaba un elegante vestido blanco. Tenía el rostro pequeño y delicado, y unos ojos oscuros y brillantes. Era bellísima, parecía una auténtica princesa.
Alguien murmuró:
—Esa es Sofía Vargas, la hermana del director Vargas y la consentida de la familia.
—Qué lástima que esté tan delicada de salud. Casi nunca sale a este tipo de eventos, qué sorpresa que haya acompañado a su hermano hasta Ciudad Río.
Beatriz indicó:
—Vamos a saludarlos.
Elena siguió a Beatriz y a Diego.
Beatriz y Diego eran expertos en relaciones públicas, así que sus saludos fueron impecables y llenos de cortesía.
Alejandro mantuvo una expresión indiferente y apenas habló.
Isidora respondía con aparente amabilidad, pero en el fondo mantenía una actitud altiva; era evidente que la familia Romero no le parecía la gran cosa.
Sofía, por su parte, apenas les prestó atención y siguió tomando su jugo.
—Sofía, por favor, no te metas en los asuntos de Alejandro y míos. Y tampoco te busques problemas con la señorita Navarro por mi culpa.
Sofía hizo un berrinche:
—Es que tú eres demasiado buena, por eso todos se aprovechan de ti. Tú espérate, voy a hacer que esa Elena pague por lo que hizo.
Cuando Elena vio que la señora Valverde por fin se desocupaba, se acercó a entregarle su regalo.
La señora Valverde lo abrió y, al ver que era un cuadro de un hermoso paisaje, le encantó:
—Ay, Elena, qué buen detalle. Me fascina.
Elena sonrió:
—Qué bueno que le gustó, señora Valverde.
Aunque la pintura había sido un poco cara, quería agradecerle por haberla ayudado a contactar al director Molina.
Cerca de ahí, Sebastián no le quitaba la mirada de encima, viéndola como un depredador.
A Elena le incomodó muchísimo sentir esos ojos sobre ella, pero se hizo la desentendida y lo ignoró por completo.
Supuso que, con la señora Valverde y Alejandro presentes, él no se atrevería a causarle ningún problema.
Tras entregar el regalo, se hizo a un lado, tomó un vaso con jugo y salió hacia el jardín.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....