Entrar Via

Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 167

Llegaron a la residencia Valverde.

Había muchos invitados, tanto locales de Ciudad Río como algunos que venían desde Ciudad Norte.

La señora Valverde estaba tan ocupada que no tuvo tiempo de recibirlos.

Beatriz y las tres hermanas Romero también llegaron. Isabela y Valeria, sintiéndose en confianza, se acercaron a ayudar a la señora Valverde a atender a los invitados.

Beatriz le advirtió a Elena:

—Normalmente casi no vienes a estos eventos, así que ponte lista. Habla lo menos posible y no pongas en vergüenza a Diego.

No tenían la menor intención de presentar a Elena con los demás. Y si alguien asumía que Elena era simplemente la cita de Diego, tampoco iban a aclararlo.

En esos círculos de la alta sociedad, era de lo más normal que un hombre llevara a una mujer como su acompañante.

Al ver la mala actitud de su madre, Diego salió en defensa de Elena:

—Mamá, Elena siempre se porta a la altura. Nunca me ha hecho quedar mal.

Beatriz soltó un bufido:

—Está bien. Como es tu tesorito, ya no digo nada. ¿Contentos?

De repente, uno de los invitados comentó:

—¡Llegó el director Vargas!

Elena miró hacia la entrada.

Vio entrar a Alejandro y a Isidora, acompañados de una chica más joven.

La muchacha llevaba un elegante vestido blanco. Tenía el rostro pequeño y delicado, y unos ojos oscuros y brillantes. Era bellísima, parecía una auténtica princesa.

Alguien murmuró:

—Esa es Sofía Vargas, la hermana del director Vargas y la consentida de la familia.

—Qué lástima que esté tan delicada de salud. Casi nunca sale a este tipo de eventos, qué sorpresa que haya acompañado a su hermano hasta Ciudad Río.

Beatriz indicó:

—Vamos a saludarlos.

Elena siguió a Beatriz y a Diego.

Beatriz y Diego eran expertos en relaciones públicas, así que sus saludos fueron impecables y llenos de cortesía.

Alejandro mantuvo una expresión indiferente y apenas habló.

Isidora respondía con aparente amabilidad, pero en el fondo mantenía una actitud altiva; era evidente que la familia Romero no le parecía la gran cosa.

Sofía, por su parte, apenas les prestó atención y siguió tomando su jugo.

—Sofía, por favor, no te metas en los asuntos de Alejandro y míos. Y tampoco te busques problemas con la señorita Navarro por mi culpa.

Sofía hizo un berrinche:

—Es que tú eres demasiado buena, por eso todos se aprovechan de ti. Tú espérate, voy a hacer que esa Elena pague por lo que hizo.

Cuando Elena vio que la señora Valverde por fin se desocupaba, se acercó a entregarle su regalo.

La señora Valverde lo abrió y, al ver que era un cuadro de un hermoso paisaje, le encantó:

—Ay, Elena, qué buen detalle. Me fascina.

Elena sonrió:

—Qué bueno que le gustó, señora Valverde.

Aunque la pintura había sido un poco cara, quería agradecerle por haberla ayudado a contactar al director Molina.

Cerca de ahí, Sebastián no le quitaba la mirada de encima, viéndola como un depredador.

A Elena le incomodó muchísimo sentir esos ojos sobre ella, pero se hizo la desentendida y lo ignoró por completo.

Supuso que, con la señora Valverde y Alejandro presentes, él no se atrevería a causarle ningún problema.

Tras entregar el regalo, se hizo a un lado, tomó un vaso con jugo y salió hacia el jardín.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico