Adriana apretó los puños, consumida por la rabia. No entendía en qué podía ser inferior a Elena ni por qué el director Herrera le había confiado a ella el liderazgo del equipo.
—Haré mi trabajo con toda dedicación. Puede estar tranquilo, director Herrera —le aseguró Elena.
—El director Vargas, el director Romero y yo vamos a continuar con la junta —añadió el director Herrera—. A mediodía vienes y te vas a comer con nosotros.
—De acuerdo —asintió Elena.
Se dio la vuelta y caminó hacia los elevadores.
Adriana la siguió y empezó a tirarle indirectas sarcásticas a su lado:
—¿De verdad crees que eres tan lista? Esos datos que mencionaste hace un momento te los inventaste, ¿verdad?
Elena se giró de golpe, la miró con frialdad y le dio tres bofetadas seguidas.
Adriana se quedó completamente aturdida.
—¡Elena, no me puedo creer que me hayas pegado! —chilló Adriana, fuera de sí por la rabia.
—Claro que te pegué —replicó Elena con una sonrisa fría—. No te hagas la inocente; sé perfectamente que fuiste tú quien borró mis notas y mi presentación.
—¿Y las pruebas? Si no tienes pruebas, no andes levantando falsos.
—Por favor, ¿acaso necesito pruebas para darte una cachetada? —se burló Elena—. De toda la oficina, tú eres la única que siempre anda entrometiéndose. Nadie más sería tan estúpida.
—Ahora mismo voy a decírselo a Diego —soltó Adriana entre dientes.
—Ve, hazlo —la retó Elena con una risa breve—. ¿De verdad crees que no tengo pruebas? Si las muestro, ¿cómo crees que te verá tu adorado Diego? Este proyecto afecta directamente los intereses del Grupo Romero y tú no haces más que cometer errores. ¿De verdad piensas que te quiere tanto como para permitir que arruines su empresa? ¿No temes que termine apartándote de allí?
A Adriana sí le dio miedo que en verdad tuviera pruebas, y se acobardó de inmediato.
Elena soltó un bufido.
—Así me gusta. Más te vale no volver a intentar esos jueguitos infantiles conmigo, porque la próxima vez no te lo voy a perdonar.
Dicho esto, entró al elevador.
Adriana temblaba de coraje, pero no había nada que pudiera hacer en su contra.
Al verlo, el director Herrera sonrió ampliamente.
—¡Pero si es el director Andrés!
Le dio un apretón de manos a Andrés Solano y procedió a presentarlo con los demás.
—Él es Andrés, ex vicepresidente de nuestra empresa; estaba a cargo del departamento de investigación y desarrollo. Luego renunció para abrir su propio negocio y ahora es el gerente general de Laboratorios Bienestar.
El director Romero también lo conocía y le sonrió.
—Director Andrés, qué discreto ha sido usted. Si hace poco no me hubiera encontrado con su padre, en una cena, y no lo hubiera oído hablar con tanto orgullo de usted, ni siquiera me habría enterado de que empezó desde abajo en el Grupo Vargas.
—No exagere, director Romero —respondió Andrés, soltando el típico discurso diplomático con gran naturalidad—. Nuestra empresa no tiene el mismo peso en la ciudad que el Grupo Romero. Todavía tengo mucho que aprender de usted.
—Para nada —replicó Diego—. El Grupo Romero no es un imperio que yo haya construido; solo heredé el trabajo de mi familia. En lugar de vivir de las rentas, preferiría seguir su ejemplo, director Andrés, y forjar mi propio camino con mis propias manos.
Al escuchar eso, Elena no pudo evitar pensar en la facilidad que tenía Diego para decir lo que los demás querían oír y ganarse a cualquiera.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....