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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 285

Un hombre como Enzo era, tal vez, el candidato ideal con quien debía casarse.

Pero los sentimientos no saben de razones. Por mucho que intentara ser realista y abordar el amor y el matrimonio con la cabeza fría, simplemente no le nacía.

Le dedicó una sonrisa, pero lo rechazó:

—Perdóname, Enzo, pero no quiero recurrir a ti como si fueras una segunda opción.

Enzo no se tomó a mal el rechazo; al contrario, le contestó con total franqueza:

Ya te lo dije, estoy dispuesto a esperarte. Además, ni siquiera he empezado a cortejarte; si hubieras aceptado tan rápido, ni siquiera habría tenido la oportunidad de demostrarte nada.

Elena no supo qué contestarle, así que prefirió guardar silencio.

Hugo había ido al hospital para hacerse unos estudios por una molestia estomacal.

A través de la ventanilla del coche, los vio conversando en la banca.

Enzo había hablado con un tono tan alto al declararse que Hugo alcanzó a escuchar algunas palabras.

Negó con la cabeza. Aquella Elena no dejaba pasar ninguna ocasión para mostrarse cercana con otros hombres.

Y Enzo tampoco tenía buen gusto; de todas las mujeres del mundo, tenía que fijarse en una manipuladora emocional como ella.

Al parecer, tarde o temprano tendría que hablar con los padres de Enzo para evitar que su hijo terminara engañado.

El muchacho le resultaba muy grato y, si algún día lograba convencerlo de irse a trabajar al Grupo Valiente, mejor aún.

***

Cuando Lucía regresó, Beatriz le preguntó de inmediato:

—¿Qué pasó con el asunto de la señorita Ortiz? ¿No va a salpicar a los Romero, verdad?

Lucía soltó un bufido y le contestó de mala gana:

—Mamá, todo esto pasó por prestarte a las locuras de Valentina. Por suerte llegué a tiempo para contener la situación y apartarnos de todo. Valentina y Tomás van camino a la cárcel; de ahora en adelante, debemos mantener la mayor distancia posible con la familia Castillo.

Beatriz no lo entendía.

—¿Pero cómo? Si Valentina me mandó un mensaje diciendo que ya tenía controlada a la señora Robles.

—Alejandro apareció y ayudó a Elena.

Beatriz se quedó visiblemente sorprendida.

—Por ahora, ni se te ocurra mencionarle nada de esto a Diego hasta que regrese de su viaje. No quiero que se distraiga.

Beatriz asintió.

—No tienes que decírmelo, yo sé cómo manejar estas cosas.

***

Adriana no se podía creer que su madre y su hermano hubieran terminado en la cárcel por culpa de una simple cena para arreglar una cita a ciegas.

Su padre, Ricardo, hizo todo lo que pudo, pero no consiguió sacar a ninguno de los dos.

Como Diego seguía de viaje, a Adriana no le quedó de otra más que presentarse en la empresa, con su barriga de embarazada, para buscar a Lucía.

Lucía acababa de salir de una junta y estaba en su oficina regañando a uno de los ejecutivos.

La secretaria entró para avisarle que Adriana estaba ahí.

—Dile que espere un rato —contestó Lucía con frialdad.

La secretaria asintió, salió de la oficina y le transmitió el recado a Adriana.

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