Pensó en que últimamente ella y Alejandro no habían vuelto a hablar, y una tristeza sorda le cerró la voz.
—No, solo somos conocidos —dijo, intentando sonar relajada.
Amelia notó que su expresión había cambiado; supo que había hecho la pregunta equivocada y se revolvió el cabello, frustrada.
Se apresuró a cambiar de tema y, por primera vez, habló de un problema amoroso que nunca había confiado a nadie.
—La verdad es que a mí tampoco me ha ido muy bien en el amor últimamente. Me gusta un muchacho, pero me ha rechazado una y otra vez. Sé que debería rendirme, pero me cuesta soltarlo.
Elena pensó que era increíble que una joven como ella, capaz de dar el primer paso con tanto entusiasmo, hubiera sido rechazada.
Pensándolo bien, solo había una explicación posible.
—¿Ese hombre ya está interesado en alguien más?
Amelia negó suavemente.
—Ya lo chequé, no le gusta nadie.
—¿Y entonces por qué te rechaza? —preguntó Elena.
—Dice que viene de una familia humilde, que su madre es sordomuda... y que pertenecemos a mundos distintos. —Los ojos de Amelia se humedecieron al recordar la frialdad con la que la había rechazado.
Era la primera vez que se clavaba tanto con alguien, y resultó que el tipo ni siquiera le daba una oportunidad.
Elena se quedó pasmada.
Por lo que contaba, la diferencia de clases entre él y una niña bien como Amelia era abismal.
No pudo evitar pensar en su propia situación con Alejandro, y de pronto sintió que comprendía perfectamente a ese muchacho.
—Creo que, si te rechazó, fue porque lo pensó seriamente. Cuando la diferencia económica es tan grande, la presión de una relación puede volverse insoportable. Si no hay futuro, a veces es mejor no empezar.
Ambas se dirigieron a la Universidad Río.
Amelia la metió al campus a escondidas. Se asomaron por la ventana de un laboratorio, y Amelia señaló a un hombre alto y delgado.
—Se llama Héctor Fuentes —susurró—. Acaba de terminar su doctorado aquí mismo este año. Se especializa en inteligencia artificial y se quedó como profesor asociado.
Elena alzó la vista y vio a un hombre joven con lentes de armazón plateado delgado. Tenía facciones atractivas, ojos profundos y un aire intelectual muy reservado.
Con ese porte de modelo y esa mente brillante, no era extraño que hubiera despertado el interés de una joven como Amelia.
Sin embargo, a Elena se le hizo muy conocido, como si lo hubiera visto en otra parte.
Amelia miró al profesor, luego volteó a ver a Elena y soltó una exclamación de sorpresa:
—Ya entiendo. Con razón sentí afinidad contigo desde que te vi. Oye, Elena, ¿no crees que ustedes dos se parecen un poco en los ojos y en la nariz? Incluso transmiten una impresión parecida.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....