Elena notó que él tenía el ceño fruncido y no parecía estar descansando bien. Dudó un momento, pero se quedó sentada en el borde de la cama, sin atreverse a irse.
Ver a Alejandro en ese estado la hacía dudar.
Sin embargo, al recordar la locura de Mariana, el temor volvió a instalarse dentro de ella. Mariana era una bomba de tiempo que podía lastimarla a ella y a su familia en cualquier momento.
Elena no estaba dispuesta a correr ese riesgo.
Con ese pensamiento en mente, endureció su corazón y se soltó del agarre de Alejandro.
Se levantó y salió de la habitación.
En la sala, Chispa estaba jugando con un muñeco de peluche. Al ver que ella se dirigía a la puerta, la miró con ojitos tristes. Elena se acercó, se agachó y le acarició la cabeza.
—Ya me voy, perrito. Vendré a verte cuando tenga oportunidad.
Dicho esto, echó un último vistazo hacia la habitación y salió del departamento.
***
A la mañana siguiente, Alejandro despertó. Poco a poco, los recuerdos de la noche anterior comenzaron a llegar a su mente.
Elena lo había traído a casa e incluso le había preparado un caldo para la cruda.
Tomó el celular y le envió un mensaje: [Gracias por cuidarme anoche].
Elena le respondió casi de inmediato: [No hay de qué, director Vargas].
Al ver que seguía llamándolo de una manera tan formal y distante, entendió perfectamente el mensaje.
Dejó el celular, se levantó y se arregló para ir a trabajar. Salió de su casa una hora antes de lo habitual.
A esa hora, era seguro que no se toparía con Elena. No quería que ella se sintiera incómoda.
Su guardaespaldas le dio el reporte:
—Anoche la señorita Moreno vino a buscarlo, pero la señorita Navarro nos pidió que la mandáramos de regreso.
La expresión de Alejandro se volvió más fría.
—Entendido.
Al subir al coche, recibió una llamada de Mariana. Esta vez, no le colgó.
Mariana, al otro lado de la línea, sonaba eufórica:
—¡Alejandro! Al fin me contestas. Anoche quería ir a cuidarte, pero Elena se portó horrible y me corrió. ¿Te duele la cabeza? ¿Quieres que pase a tu oficina a dejarte el desayuno?
—Abre bien los ojos, Mariana. Te repudio profundamente, a ti y a cualquier cosa que venga de ti. Deja de hacerte ilusiones. Te lo he dicho antes: nunca te he pertenecido y nunca lo haré.
Los ojos de Mariana se llenaron de lágrimas. Se limpió el rostro, pero su terquedad seguía intacta:
—¡Alguna vez dijiste que te casarías conmigo! ¿Acaso esa promesa ya no vale nada?
—Si no hubiera ocurrido todo aquello, tal vez habríamos terminado en un matrimonio por conveniencia y coexistido sin conflictos. Pero después de ese incidente, ya no hay ninguna posibilidad —respondió él con voz helada.
Sin dedicarle una mirada más, dio media vuelta y caminó hacia los elevadores.
Mariana se quedó mirando el desayuno desparramado en el suelo, humillada y llena de rabia.
En ese momento, la señora Moreno la llamó. Su voz sonaba dulce y preocupada:
—Mariana, mi niña, ¿ya te tomaste tus pastillas hoy?
Mariana explotó en un ataque de furia y le gritó al teléfono:
—¡No estoy enferma! ¿Por qué tendría que tomar pastillas? ¡Todo es por su culpa! Como ustedes se la pasan diciendo que estoy loca, ¡Alejandro también lo cree! ¡Por eso no me quiere! ¡Los odio!
El chofer de Alejandro, al verla montar otra escena en medio del estacionamiento, aparcó el coche en silencio y se alejó, no sin antes avisar a los guardias de seguridad que no la dejaran entrar al edificio bajo ninguna circunstancia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....