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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 292

***

Elena llegó a la empresa y se topó con Alejandro justo en la zona de los elevadores.

Al recordar lo que había pasado la noche anterior, no supo cómo reaccionar. Agachó la mirada y fingió que no lo había visto.

En ese momento, las puertas se abrieron.

Las personas que estaban alrededor de Elena comenzaron a entrar. Al ver que Alejandro ya estaba adentro, ella se quedó a un lado, esperando al siguiente.

Justo cuando las puertas estaban por cerrarse, Nerea apareció corriendo por detrás:

—¡Esperen, esperen!

Las puertas se volvieron a abrir y Nerea entró rápidamente. Al notar que Elena seguía afuera, la jaló del brazo:

—Vamos, Elena, entra. A esta hora es un caos conseguir elevador.

Antes de que pudiera reaccionar, Elena ya estaba adentro, parada justo frente a Alejandro.

Sabiendo que él ya se había dado cuenta de su presencia, bajó la cabeza, sintiéndose sumamente incómoda.

Nerea también lo notó y lo saludó con una sonrisa:

—Buenos días, director Vargas.

Alejandro apenas soltó un murmullo para responder.

Nerea sintió que el ambiente entre Elena y Alejandro estaba demasiado tenso y distante. Antes no se comportaban así, se le hizo bastante extraño.

Cuando el elevador llegó al piso de su oficina, Elena se apresuró a salir.

Pero con las prisas, dio un mal paso al salir y se torció el tobillo. Estuvo a punto de irse de bruces contra el suelo, pero Alejandro estiró el brazo y la sostuvo con firmeza. Solo la soltó cuando se aseguró de que había recuperado el equilibrio.

—Tenga cuidado, señorita Navarro.

Elena se sintió arder de vergüenza. Murmuró un rápido agradecimiento y, sin mirar atrás, caminó a toda prisa hacia su escritorio.

Nerea se quedó intrigada.

¿Señorita Navarro?

Estaba claro que el director Vargas se preocupaba por ella, ¿entonces por qué le hablaba con tanta formalidad?

Al llegar a la oficina, lo primero que hizo Nerea fue ir a regar las plantas.

Alejandro, que estaba revisando unos documentos, la vio con la regadera y le dijo:

—Dámela.

—No te metas en lo que no te importa.

Al ver que no le iba a sacar ni una sola palabra, Andrés salió de la oficina y le marcó a Javier para contarle el chisme.

Javier se rio al otro lado de la línea.

—¿Cuál terminar? Si esos dos ni siquiera han empezado.

Andrés soltó un silbido de sorpresa.

—Increíble. Cualquier persona normal, después de tres meses, ya se habría cansado y habría puesto fin a todo, y él ni siquiera ha sido capaz de declararse.

Javier no pudo evitar burlarse:

—Eso pasa cuando alguien llega a esa edad con cero experiencia. Piensa demasiado las cosas y, obviamente, no sabe cómo dar el siguiente paso.

Andrés negó con la cabeza.

—Yo que pensaba que podía con todo... ya veo que hasta él tiene su punto débil.

Al salir del trabajo, Elena vio a Diego en la entrada del edificio. Hacía tiempo que no se lo topaba.

Como no tenía la menor intención de hablar con él, se dio la vuelta para irse por otro lado. De pronto, una motocicleta eléctrica pasó a toda velocidad rozándola.

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