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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 302

Cuando Adriana quedó embarazada, a Rodrigo no le importó la idea de criar al hijo de otro, con tal de que ella se casara con él. Pero Adriana lo rechazó.

Adriana sonrió con malicia.

—Quiero que Diego sepa lo que se siente cuando le pisan el terreno. ¿No es así como Elena lo tiene comiendo de su mano? En belleza, talento y hombres detrás de mí, no me quedo atrás de nadie. En lo único que Elena me ganó fue en conocer a Diego primero.

***

En la fiesta de celebración, los invitados brindaban y no dejaban de adular a Diego con falsedades.

Diego estaba en su elemento, riendo y platicando con todos.

Siempre había sentido que vivía a la sombra de sus tres hermanas mayores y que, por más que se esforzara, nadie lo tomaba en serio.

Pero ahora había demostrado de qué estaba hecho. Con él al mando, el Grupo Romero no haría más que crecer. Había dejado claro que tenía todo lo necesario para ser el jefe.

A su lado, Elena era la imagen perfecta del éxito que Diego quería presumir ante todos. Una carrera brillante y una mujer hermosa; ya lo tenía todo. Lo único que sentía que le faltaba era un hijo para rematar esa fachada de hombre realizado.

Elena, cansada de estar de pie, se fue a sentar a un lado sin decirle nada.

Beatriz notó esto y se acercó con mala cara.

—Elena, esta noche vienes como la pareja de Diego. Tu deber es ayudarle con los brindis para que no se pase de copas.

—Yo no tolero bien el alcohol —respondió Elena con frialdad—. Búsquese a otra persona. Y si no encuentra a nadie, hágalo usted misma.

Beatriz se enfureció al ver su actitud desafiante, pero como estaban rodeadas de invitados, no tuvo más remedio que contenerse.

En ese momento, el director Alarcón, un empresario del Norte que estaba con Diego, ya tenía unas copas de más y empezó con sus bromas pesadas.

—Oye, Diego, la muchacha que tenías al lado está guapísima. Tienes muy buen gusto. El día que te aburras de ella, nos la presentas, ¿no?

Como todos conocían a Adriana, dieron por hecho que Elena era solo la aventura de turno de Diego.

A Diego no le hizo gracia el comentario, pero como el contrato con el director Alarcón aún no estaba firmado, no quiso armar un problema.

—Es la mujer que amo —respondió—. No la dejaría ir por nada del mundo.

Diego suspiró, frustrado.

—El director Alarcón ya estaba tomado, solo dijo una tontería. No armes un drama por eso.

Elena agarró otra copa de vino y se la aventó a él.

—Ups, yo también estoy tomada. Se me resbaló la copa, así que no se lo tomen a pecho.

Diego sintió que la furia le subía de golpe, pero no podía hacer nada en ese momento. Esa actitud rebelde de Elena le parecía atractiva en la intimidad, pero en un evento social, era la receta perfecta para ganarse enemigos. En eso, Adriana le daba mil vueltas.

—Será mejor que te apartes un momento y te tranquilices —le soltó de mala gana—. Yo voy a cambiarme de ropa.

Y dicho eso, enfiló hacia el segundo piso.

Elena ya no soportaba estar ahí, pero Beatriz no iba a dejarla ir tan fácil.

—Elena, ¿estás loca? ¿Cómo te atreves a tratar así a los invitados de la familia Romero?

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