Elena la miró con frialdad.
—Se lo dejé muy claro a Diego: yo no quería venir. Si él se aferró a traerme y las cosas salieron mal, a mí no me echen la culpa.
Beatriz la fulminó con la mirada, furiosa.
—¡Qué falta de educación! ¡De verdad no sé qué te vio Diego!
En ese momento, se acercó Hugo como invitado del evento, y Beatriz tuvo que tragarse los regaños a Elena para ir a recibirlo con una sonrisa.
Hugo notó la presencia de Elena y la miró con desdén. Luego apartó la vista y se puso a platicar con Beatriz.
Diego bajó ya con la ropa cambiada y se acercó a saludarlos. El director Salinas, que venía con Hugo, soltó una carcajada.
—El Grupo Romero va con todo últimamente. A nosotros los viejos ya nos están dejando atrás, estos jóvenes vienen empujando fuerte.
—Para nada —respondió Diego con falsa modestia—, todavía tengo mucho que aprender de ustedes.
—No, los jóvenes de ahora vienen con todo —insistió el director Salinas—. Platicando con el director Medina del instituto de investigación, me enteré de que hace poco llevaron a un muchacho a capacitar a los nuevos, y el joven dio una presentación mucho mejor que la de los mismos jefes.
Hugo captó al instante.
—Seguro hablan del tal Enzo. Sí lo conozco, es un genio el muchacho. Lástima que he intentado llevármelo a mi equipo varias veces y nomás no se deja.
Al escuchar el nombre de Enzo, a Diego le sonó familiar.
Creía haberlo escuchado de boca de Lucía. Si de verdad era tan talentoso, el Grupo Romero tenía que contratarlo a como diera lugar.
Recordando que Elena había ido al instituto hace poco, se despidió de Hugo y el director Salinas y fue directo a buscarla.
—¿Tú conoces a Enzo? —le preguntó.
—Lo he visto, pero no lo trato —respondió ella, seca.
Diego sonrió, satisfecho con la respuesta.
Elena era demasiado atractiva; seguro en el trabajo le llovían pretendientes. Pero el hecho de que mantuviera su distancia y no se anduviera con jueguitos con otros hombres demostraba que todavía le importaba lo que él pensara.
—No te preocupes si no lo conoces, ya veré cómo me acerco a él —dijo, usando un tono más suave.
Diego intentó calmarla con un par de palabras dulces, pero como Adriana seguía haciendo drama, él terminó hartándose.
A Adriana se le llenaron los ojos de lágrimas. Se aguantó las ganas de ir tras él para reclamarle y se quedó plantada en el sillón, fingiendo ver la televisión.
Al salir de bañarse, Diego vio que Adriana no había subido a armarle un pleito y pensó que, por lo menos, esa noche se estaba portando madura.
Le transfirió otros cien mil pesos a su cuenta como regalo, y se tiró en la cama a descansar. Estaba exhausto; no le quedaban fuerzas para soportar otra escena de Adriana.
Cuando Adriana subió a la habitación y vio que él ya dormía, sintió que algo dentro de ella se venía abajo.
***
Al terminar su jornada de trabajo, Alejandro abrió Instagram y vio una foto que había subido el director Salinas.
Al ver a Elena y a Diego juntos en la imagen, su mirada se volvió de hielo.
Le tomó captura a la foto y se la mandó a Javier con una pregunta:
[¿Es verdad que las mujeres nunca olvidan a su primer amor?]

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....