Sofía se adelantó y le bloqueó el paso a Mariana, quien intentaba acercarse a su hermano.
—Mariana, ten tantita consideración y deja en paz a mi hermano. Si siguen así, tarde o temprano me lo vas a matar.
Mariana miró a Sofía haciéndose la víctima.
—Sofía, tú también me estás malinterpretando. De verdad que no tuve nada que ver en esto. Alejandro salió lastimado por culpa de Elena.
Sofía no le creyó ni una palabra.
—¡Por favor! ¿Cuándo has dicho una sola verdad? En esta familia, solo mi mamá es tan ingenua como para creerte.
Paloma la regañó molesta:
—¿Cómo te atreves a hablarle así a Mariana?
Sofía hizo un mohín.
—Mamá, solo digo la verdad. Aunque el señor Moreno haya ayudado mucho a mi hermano en el pasado, a quien debe pagarle el favor es a él, ¡no a Mariana!
Señora Vargas soltó un bufido.
—¡Si sigues diciendo tonterías, te mando de regreso a la Ciudad del Norte ahorita mismo!
De pronto, a sus espaldas resonó la voz autoritaria de la abuela Vargas:
—¡A la que deberíamos mandar de regreso a la Ciudad del Norte es a ti!
Señora Vargas se tensó por completo. Al voltear y ver a su suegra, recordó los castigos que había sufrido hace poco y sintió un escalofrío.
Al ver llegar a su abuela, Sofía se sintió respaldada de inmediato.
Se escondió detrás de ella y le sacó la lengua a Mariana.
La abuela Vargas se dirigió a la señora Moreno:
—La familia Vargas está muy agradecida por todo lo que la familia Moreno ha hecho por Alejandro. Siempre que esté en nuestras manos, los ayudaremos sin dudarlo. Pero pagar un favor no significa que Alejandro tenga que dar la vida por ello. Supongo que entiende eso, ¿verdad?
La señora Moreno palideció y se apresuró a decir:
Mariana cayó al piso, pero intentó lanzarse de nuevo, solo para ser interceptada por los guardaespaldas.
Todo se volvió un caos.
La abuela Vargas palideció de golpe; el aire se le atoró en el pecho y por un momento estuvo a punto de desvanecerse.
Elena corrió de inmediato a sostenerla.
Con los guardaespaldas encima, Mariana quedó inmovilizada.
Cuando recuperó un poco la compostura y entendió el escándalo que acababa de provocar, decidió fingir un desmayo y se dejó caer al suelo.
Asustada por la salud de su hija, la señora Moreno les pidió rápido a los guardaespaldas que la sacaran de ahí cargando.
En cuanto la abuela Vargas recuperó el aliento, fulminó con la mirada a Paloma:
—Con todo este escándalo, ¿ya estás contenta? Esa muchacha puede tener una crisis en cualquier momento. En lugar de decirles que la lleven a un psicólogo, nada más te metes a alborotar las cosas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....