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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 327

En su juventud, la señora Vargas había cometido la locura de huir de casa con su exesposo. Durante esa época de miseria, fue la señora Moreno quien la mantuvo económicamente. Paloma jamás olvidaría ese favor.

Años después, cuando Alejandro tuvo aquel accidente, el señor Moreno fue quien arriesgó su propia vida para salvarlo. Y cuando Matías falleció, dejándola destrozada por el dolor, fue la señora Moreno quien la acompañó a superar esa oscura etapa. Aunque no compartían lazos de sangre, eran más unidas que cualquier par de hermanas.

Para cuando Alejandro regresó de su viaje de negocios en Ciudad del Norte, ya había pasado una semana.

Gracias a los cuidados de Sofía y de las enfermeras, Elena se estaba recuperando bastante bien. Aunque todavía no podía caminar, el dolor físico había disminuido bastante.

Alejandro fue a visitarla justo cuando ella despertaba de su siesta. Elena le pidió a la enfermera que le sirviera un vaso de agua y, tras beberlo, le indicó que los dejara a solas.

—Alejandro, tenemos que platicar.

Él se sentó junto a la cama con un tono suave.

—Dime.

Pensó que, si Elena quería hablar de Mariana, él estaba dispuesto a llevar el asunto hasta el final. Aunque hubiera dejado salir a Mariana, eso no significaba que pensara dejar las cosas como estaban.

Sin embargo, Elena sacó el cheque que le había dado la señora Vargas.

—Le prometí a tu madre que me apartaría de tu vida.

Alejandro se quedó helado. No podía creer que, con todos los guardaespaldas apostados afuera, su madre hubiera logrado entrar a hostigarla.

Se le endureció la mirada.

—¿Mi madre te hizo algo? Voy a hablar con ella.

—Alejandro —lo detuvo ella con una frialdad inusual—. Sé que te preocupas por mí y te lo agradezco infinitamente, pero lo nuestro no va a pasar a más. Quizás no me conozcas del todo. Ya pasé por un matrimonio... si es que se le puede llamar así. Hoy en día, soy la persona más fría y realista cuando se trata del amor y las relaciones. Si veo que algo implica un riesgo, lo corto de raíz, por mucho que la otra persona me guste. Creo que ya no estoy dispuesta a amar a nadie más de lo que me amo a mí misma.

Le diagnosticaron una perforación gástrica. Diego se quedó a acompañarlo durante la cirugía y había estado al pendiente de él durante todos sus estudios médicos.

Hugo tenía un hijo fuera del matrimonio, pero entre que siempre estaba enterrado en trabajo y detestaba a la madre del muchacho, nunca le había prestado atención. La relación entre ambos era pésima.

Cada vez que enfermaba, tenía que pasar por todo solo. Aunque tuviera a un ejército de enfermeros a su disposición, el sentimiento de soledad era inevitable.

Esta vez, con Diego pendiente de él a cada momento, su actitud hacia él había cambiado por completo. En esos días, no dejaba de pensar que, si tuviera un hijo tan brillante y atento como Diego, no le pediría nada más a la vida.

Diego seguía empujando la silla cuando de pronto reconoció la silueta de Elena. Se detuvo en seco.

Verla en silla de ruedas y con la pierna enyesada le bastó para entender que el accidente había sido grave.

Estaba a punto de acercarse a preguntarle qué le había pasado, pero las enfermeras ya la estaban alejando en otra dirección.

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