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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 326

Elena llevaba un buen rato discutiendo con ella y ya sentía el cansancio.

Además, sus formas de ver la vida eran polos opuestos; seguir alegando con la señora Vargas no llevaría a nada.

—¿Qué es lo que quiere decirme exactamente, señora Vargas? —preguntó yendo al grano.

La señora Vargas sacó un talonario de cheques.

—Pon tú la cantidad. ¿Cuánto quieres para alejarte de Alejandro?

A Elena se le vinieron a la cabeza aquellas telenovelas que veía con su abuela. Pensó que esas escenas dramáticas de familias ricas eran pura ficción, y ahora resulta que le estaba pasando a ella.

Si le decía que no tenía ninguna doble intención con Alejandro, la mujer jamás le creería.

Como no pensaba seguir dándole vueltas al asunto, le respondió con otra pregunta.

—¿Cuánto cree usted que sería lo justo?

Al fin y al cabo, ella había salido lastimada por culpa de Mariana. Si la señora Vargas estaba tan empeñada en proteger a la chica, lo mínimo que podía hacer era pagar los daños.

Al ver que estaba dispuesta a aceptar el dinero, la señora Vargas la miró con desprecio.

—Vaya, y yo que pensaba que rechazarías mi dinero en nombre del amor. —Lo pensó un segundo y añadió—: Diez millones de pesos, ¿son suficientes?

Para cualquier persona como Elena, diez millones bastaban para cambiarle la vida.

Sin embargo, Elena mantuvo una expresión fría.

—Cincuenta millones.

La señora Vargas palideció del coraje.

—¡Te estás pasando de lista! No entiendo qué te vio Alejandro.

Elena soltó una risa sarcástica.

—Si aceptara quedarme con él, seguramente le sacaría mucho más, ¿no cree?

Temiendo que Elena decidiera aferrarse de verdad a Alejandro, la mujer apretó los dientes.

—Está bien, cincuenta millones. Pero tomas el dinero y desapareces de la vida de mi hijo.

En ese momento, sonó el celular. Era la señora Moreno.

Como ya había conseguido lo que quería, la señora Vargas no gastó más saliva con Elena y salió del hospital.

Una vez a solas, Elena soltó un suspiro de alivio y guardó el cheque en el cajón de la mesita. Cincuenta millones por cargar con el desastre de otra familia no sonaban nada mal.

Ya en el pasillo, la señora Vargas contestó el teléfono.

—Alejandro me prometió que mañana mismo dejará que Mariana vuelva. Y ya me encargué de Elena a billetazos; no volverá a acercarse a él.

—¿En serio aceptó dejarlo así de fácil? —preguntó la señora Moreno.

—Ay, por favor. Le di cincuenta millones de pesos, ¿cómo no iba a aceptar? Al final de cuentas, al menos sabe cuál es su lugar. Se dio cuenta de que no tiene ninguna oportunidad con Alejandro, tomó el dinero y se apartó, sin seguir fantaseando con casarse con un millonario.

La señora Moreno suspiró.

—Reconozco que Mariana se pasó de la raya esta vez, pero Alejandro fue demasiado cruel con ella. Me da miedo que recaiga y se ponga peor de salud. Mi esposo ya está postrado en una cama, y si Mariana también... Paloma, llevamos años siendo las mejores amigas. Mi esposo arriesgó su vida para salvar a Alejandro por el gran cariño que nos tenemos. No puedes darnos la espalda solo por unas palabrerías de tu hijo. Eso sí que me rompería el corazón.

—Tranquila, no somos unos malagradecidos, ni yo ni Alejandro. Aunque él no pueda casarse con Mariana, nuestra familia se hará responsable de ella por el resto de su vida.

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