—¿Cómo que se cayó? —Diego frunció el ceño—. Si todo iba marchando bien.
—El proyecto de investigación del Grupo Valverde tuvo un problema. Si en nuestro departamento de desarrollo ya no queda nadie capaz de resolver algo serio, era cuestión de tiempo para que nos mandaran a volar.
—Pero si nuestro equipo es de los mejores de la ciudad —replicó Diego—. Hemos sacado un montón de proyectos exitosos, no me creo que no hayan podido resolverlo.
—Eso era antes —se burló Lucía—. Ahora es otra historia.
Desde que Elena se había ido del equipo, el Grupo Romero no había sacado nada nuevo y solo sobrevivían de sus éxitos pasados.
Diego suspiró al recordar que, desde que Adriana dejó de trabajar por el embarazo, el departamento había decaído muchísimo.
Al parecer, en cuanto tuviera al bebé, tendría que obligarla a regresar a la oficina.
Lo pensó un momento y propuso:
—¿Y si hablamos con la señora Valverde para que nos eche la mano?
Lucía resopló.
—¿Crees que no se me ocurrió? La señora Valverde se fue de viaje al extranjero y nadie ha podido comunicarse con ella. Además, el director Molina es más terco que una mula, dudo mucho que le haga caso a la señora Valverde.
Empezó a dar vueltas por la sala, desesperada.
—Me parece muy extraño que el director Molina tenga tanta prisa por cancelar. ¿No será que ya se enteró de la jugarreta que le hizo Adriana al Grupo Vargas? A lo mejor solo está protegiéndose para que no intentemos hacerle algo parecido. Te lo dije mil veces: la reputación lo es todo. En cuanto la gente empieza a desconfiar de ti, los negocios se te vienen abajo.
A Diego le bastó oírla para sentir que se le venía encima otro dolor de cabeza.
Pero ¿qué opciones tenía? No iba a echar a Adriana a los lobos solo para quedar bien con el Grupo Vargas.
Llevaba a su hijo en el vientre; tenía que protegerla costara lo que costara.
—Esto no se puede quedar así —masculló Lucía, furiosa—. Hay que buscar la manera de retener al Grupo Valverde. Si los demás socios huelen el miedo, van a empezar a inventar chismes y pensarán que el Grupo Romero está quebrando. Voy a hablar con mi esposo y con mis cuñados para ver si entre todos convencemos al director Molina.
A Diego se le vino a la mente Hugo.
Últimamente se llevaban bastante bien, y como Hugo también era del Norte, quizá aceptaría hablar con el director Molina para frenar la cancelación.
Sin dudarlo, sacó el celular y le marcó.
***
En el pasillo, se toparon con Hugo.
Hugo había prometido abogar por Diego ante el director Molina.
Su plan era invitarlo a tomar algo en otro momento, pero, casualmente, acababa de encontrárselo ahí mismo.
Al ver a Elena a su lado, Hugo frunció el ceño.
¿Por qué esa mujer terminaba apareciendo en todas partes?
Disimuló su disgusto, ignoró a Elena y saludó con una sonrisa falsa.
—¡Director Molina! ¿Terminando de cenar? ¿Qué le parece si vamos a echarnos un trago? Tengo un asunto importante que quisiera hablar con usted.
Por el historial que traía Hugo con la señora Valverde, nadie en la empresa lo tragaba.
—Paso —le cortó el director Molina con frialdad—. Tengo cosas que hacer.
Elena tampoco soportaba a Hugo, así que se despidió del director Molina y se fue.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....