En cuanto Elena dio la vuelta, Hugo no aguantó las ganas de meter cizaña.
—Tenga cuidado con la señorita Navarro. Es una mujer de armas tomar. Le sugiero que marque su distancia.
El director Molina tuvo que hacer un esfuerzo para no poner los ojos en blanco. Ese infeliz nunca había tenido buen ojo para juzgar a la gente.
—Creo que está equivocado, Valiente. La señorita Navarro es una persona sumamente talentosa.
Al escuchar cómo la defendía, Hugo pensó que a él también lo había embrujado con su cara bonita.
Pero como tenía asuntos más urgentes que tratar, no iba a perder el tiempo discutiendo.
—Director Molina, me enteré de que van a rescindir el contrato con el Grupo Romero. ¿No será un malentendido? ¿Cree que, por la amistad que nos une, podamos revisarlo de nuevo?
El director Molina ya tenía la decisión tomada y no había marcha atrás.
Y ahora que veía a Hugo abogando por el Grupo Romero, le urgía todavía más cancelar el trato.
A fin de cuentas, la familia Romero sabía perfectamente del pasado de Bianca con Hugo.
Se habían hinchado de dinero y de recursos a costa de la familia Valverde, ¿y todavía tenían el descaro de juntarse con ese tipo? Era una bajeza.
—No hay ningún malentendido —respondió el director Molina con gesto adusto—. La capacidad del Grupo Romero dejó mucho que desear, no son tan buenos como dicen. Por eso cancelamos la colaboración conforme al contrato. Con permiso, Valiente, tengo cosas que hacer.
Y sin darle tiempo a replicar, se dio la vuelta y lo dejó hablando solo.
A Hugo le ardió que lo hubiera mandado al diablo de esa forma.
Y en cuanto a eso de que el Grupo Romero no tenía capacidad, no se lo tragaba ni de chiste.
Él mismo trabajaba con ellos y las propuestas que le entregaban eran excelentes; lo que decía Molina no le cuadraba en absoluto.
Seguro que traía algo personal contra ellos y solo estaba buscando pretextos para botarlos.
Le pesó un poco no haber podido convencer al director Molina para ayudar a Diego.
Pero bueno, ya habría otras formas de echarles la mano más adelante. Estaba seguro de que Diego no se lo iba a echar en cara.
***
Y lo más seguro era que Diego estuviera metido en eso.
Se sentó en la sala con el ceño fruncido a esperar a que Diego llegara del trabajo. Esa noche pensaba exigirle respuestas de frente.
Por la noche, cuando Diego llegó a la mansión y vio a Elena esperándolo en la sala, se llevó una grata sorpresa.
—Elena, ¿ya cenaste? —preguntó mientras dejaba su saco en el brazo del sillón, con la intención de sentarse junto a ella.
Elena lo barrió con la mirada y se hizo a un lado.
—Tengo que preguntarte algo.
Diego soltó una risita.
—Qué casualidad, yo también te iba a pedir un favor.
Pensó que las cosas entre ellos ya estaban más tranquilas, así que se la soltó con naturalidad:
—Sobre lo de los videos... Adriana ya admitió que cometió un error. Además, la culpa no es toda suya; su mamá le metió esa idea en la cabeza. ¿Crees que, por mí, podrías retirar la demanda contra ella?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....