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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 353

Elena sirvió dos vasos de jugo y respondió con total naturalidad:

—Sí, pero no creas que le remordió la conciencia de repente, tiene sus propios planes.

Isabel se acercó y preguntó:

—¿Qué planes?

Elena le recordó:

—Se te olvida que él y yo no somos esposos ante la ley. Aunque hayamos vivido juntos, para el resto del mundo yo sigo siendo «la otra».

Isabel, que había llevado incontables casos de divorcio y había ayudado a miles de esposas legítimas a recuperar los bienes que las amantes se habían llevado, reaccionó de inmediato y dijo furiosa:

—¡Ese infeliz conoce el vacío legal y por eso se hace el generoso dándote las acciones! ¡Qué sinvergüenza! ¡Es una escoria! ¡Qué bajeza!

Elena continuó:

—Ya le pedí al abogado Cortés que me ayude a buscar un comprador. Quiero venderlas.

A Isabel se le encendió la mirada al instante:

—¡Claro! Una vez que tengas el dinero en tus manos, no habrá forma de que te exija que le devuelvas las acciones. ¡Ay, Elena, ese 2% vale muchísimo dinero, pronto vas a ser toda una millonaria!

Elena asintió:

—Mejor vamos a comernos el pescado.

Con el buen humor restaurado, a Isabel le volvió el apetito.

Tomó el tenedor, le sirvió un pedazo de pescado a Elena y luego se sirvió otro para ella:

—¡Come, come, mi futura millonaria! Quién iba a decir que el sueño de que mi mejor amiga se hiciera rica y me sacara de pobre se iba a hacer realidad.

Elena la miró y dijo con culpa:

—Todo fue por mi culpa. Por mí te hicieron la vida de cuadritos y sufriste tanto en el trabajo. Perdóname, Isabel.

—Tú no hiciste nada malo, ¿por qué me pides perdón? Ahora solo espero una cosa: ¡que en cuanto vendas esas acciones, el Grupo Romero se hunda, que sus acciones caigan por los suelos y que se vayan a la quiebra! Hmpf, eso les pasa por haberte tratado tan mal.

Elena secundó la idea:

—Ojalá esta vez sí se nos haga.

***

Lucía estaba a punto de irse a su casa cuando recibió la llamada de un amigo.

—Oye, ¿pasó algo con el Grupo Romero? Me llegó el chisme de que están vendiendo acciones.

Lucía se sorprendió:

—¿Cómo crees? Es imposible.

—De acuerdo.

Aunque el director Herrera no entendía por qué el director Vargas no se comunicaba directamente con Elena, no se atrevió a preguntar y se limitó a seguir reportando la situación de Elena periódicamente.

Al salir del trabajo, Elena vio el coche de Lucía estacionado frente al edificio.

Intentó fingir que no la había visto, pero Lucía ya caminaba hacia ella.

—Tenemos que hablar, Elena.

Elena subió al coche con ella y fueron a un club privado cercano.

Al entrar al reservado, Lucía fue directo al grano:

—¿Vas a vender las acciones del Grupo Romero?

Elena no esperaba que se enterara tan rápido, pero asintió con naturalidad:

—Sí, ¿hay algún problema? Diego me las dio, supongo que tengo derecho a hacer lo que quiera con ellas.

—Elena, te estás haciendo la tonta a propósito, ¿verdad? Sabes perfectamente que mi hermano te dio esas acciones pero jamás permitiría que las vendas, y tú te atreves a hacerlo a sus espaldas.

Elena sonrió con total indiferencia:

—Él me ocultó un montón de cosas, ¿qué tiene de malo que yo le oculte una sola?

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