Lucía apretó los dientes:
—No, no voy a permitir que vendas esas acciones. Te doy tres millones y le devuelves las acciones a la familia Romero.
Elena soltó una carcajada sarcástica:
—¿Tres millones? Lucía, no me quieras ver la cara. Claro que sé cuánto valen en el mercado.
Lucía soltó un bufido frío:
—Sabes perfectamente cuál es tu situación legal con Diego, no tienes ninguna forma de justificar que esas acciones te pertenecen.
Elena mantuvo su expresión de total indiferencia y contestó:
—Perfecto, entonces vayámonos a juicio. Así todos se enterarán de cómo Diego fingió estar casado conmigo. Al final, la de la reputación manchada no voy a ser yo.
—¡Tú...!
Lucía respiró hondo:
—¿Qué es lo que quieres?
Elena respondió:
—Solo quiero vender las acciones a precio de mercado. A quién se las venda, la verdad me da igual. Lucía, tú tienes dinero, también podrías comprarlas.
Lucía estaba ardiendo de rabia, pero no tenía por dónde desahogarse.
Había sacrificado demasiado por la empresa y no podía permitir que nada malo le pasara.
Tenía que comprar ese 2% a como diera lugar.
Sacó su chequera y dijo:
—Está bien, las compro.
Elena intervino:
—Ya lo consulté con un experto, y ese 2% vale por lo menos ciento veinte millones. Y, Lucía, no acepto cheques, quiero que me transfieras el dinero directamente.
Lucía era cliente VIP en el banco, por lo que las transferencias de grandes montos no requerían de tanta burocracia.
Sin embargo, le dolía en el alma darle tanto dinero a Elena.
—Ciento veinte millones es un abuso. Te doy cincuenta millones y ya.
Elena sonrió levemente:
—Entonces tendré que buscar otro comprador.
Lucía estaba que no se aguantaba de la rabia.
Al final, apretó la mandíbula y cedió:
—Cien millones. Ni un peso más.
Elena sonrió con franqueza:
—¡Trato hecho! Pero conste, te acompaño a firmar el traspaso hasta que vea el dinero reflejado en mi cuenta.
Temía que Lucía se echara para atrás a último momento.
Al final de cuentas, eran cien millones, una cantidad que la familia Romero podía permitirse.
Mientras Elena no se fuera de Ciudad del Río, la familia Romero seguiría teniendo formas de mantenerla controlada.
—Como quieras —respondió Elena.
Esa noche, Elena acompañó al director Herrera a una cena de negocios.
Lucía también estaba invitada.
Elena fingió no verla.
Durante la cena, charló con fluidez con varios colegas experimentados sobre las tecnologías de desarrollo farmacéutico más recientes.
Al escuchar sus observaciones técnicas, Lucía sintió un interés genuino.
La dirección de investigación que Elena estaba proponiendo era exactamente la misma en la que un proyecto reciente del Grupo Romero se había quedado atascado.
Si Elena les echaba la mano, tal vez el proyecto podría avanzar rápidamente.
En la mañana le había sacado cien millones a la familia Romero y no había dudado un segundo en devolver las acciones.
Lucía creyó que ya había entendido cómo mover a Elena: si le pagaban lo suficiente, aceptaría colaborar.
Se acercó a Elena y le propuso trabajar juntas de nuevo.
Elena levantó una ceja y soltó una sonrisita:
—Acepto colaborar, pero con una condición.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....