El lunes a las nueve de la mañana, Diana llegó puntual a su primer día.
Elena le indicó que primero se familiarizara con sus deberes y luego se concentró en su propio trabajo.
Diana pasó todo el día leyendo archivos de proyectos. Le pareció tan aburrido que se la pasó distraída.
Antes de terminar el turno, Elena le pidió un resumen de sus actividades.
Diana la miró desconcertada.
—Solo estuve leyendo documentos todo el día. Como no hice ninguna tarea práctica, ¿qué resumen te puedo entregar?
Elena arqueó una ceja.
—Después de leer todos esos archivos, ¿no tomaste ni un solo apunte?
Al ver los ojos perdidos de Diana, Elena tomó su propia libreta y se la mostró. Las páginas estaban repletas de anotaciones meticulosas sobre cada propuesta que había revisado.
Diana pasó algunas hojas, con los ojos abiertos de par en par por el asombro.
—Wow... ¿Tengo que anotar todo esto? Si fuera capaz de entender los documentos a este nivel de profundidad, estaría diseñando los proyectos yo misma, no trabajando como asistente.
Elena frunció el ceño con severidad.
—Dime algo, Diana. ¿Tu mayor aspiración profesional es ser una simple asistente por el resto de tu vida?
Diana se rascó la cabeza, incómoda.
—Bueno, es que no creo tener el talento suficiente... Jamás lograría el nivel necesario para el área de investigación y desarrollo.
—Entonces tienes que esforzarte el doble —el tono de Elena era implacable, casi como el de una estricta directora de escuela, muy diferente a su amabilidad habitual—. No contrato asistentes para que se queden en ese puesto para siempre. Si esa es tu actitud, estás perdiendo tu tiempo y el mío.
Su verdadero objetivo era convertir a su asistente en una investigadora competente.
Diana sintió un escalofrío. Trabajar para Elena iba a ser una verdadera pesadilla.
Al notar su vacilación, Elena fue directa.
—Mis exigencias son muy altas. Si no estás dispuesta a dar el ancho, puedes ir a Recursos Humanos ahora mismo y firmar tu renuncia.
Diana apretó los dientes.
La única vez que se esforzó fue en la preparatoria, por el amor platónico hacia un chico brillante. Estudió como nunca y logró entrar a la carrera de Farmacia en una buena universidad de Ciudad del Norte, persiguiendo los pasos de aquel muchacho.
Pero cuando el chico comenzó a salir con una estudiante destacada, Diana se derrumbó. Perdió todo interés en los estudios y sus calificaciones se desplomaron. Por eso el profesor Ferrer la había rechazado cuando intentó hacer un posgrado con él.
Saber que un solo día bajo las órdenes de Elena había encendido de nuevo esa chispa en ella, lo llenaba de esperanza.
Esa chica, Elena, tenía un talento excepcional para liderar. No era de extrañar que Alejandro estuviera tan enamorado de ella.
Salvador era consciente de sus propias limitaciones y sabía que su carácter blando no le permitiría sostener el imperio familiar por mucho tiempo.
Luchaba con uñas y dientes para dejarles algo a sus hijos, pero le aterraba que ellos lo desperdiciaran todo.
Ver a Diana tan enfocada le quitó un enorme peso de encima.
Qué suerte había tenido de reconocer el valor de Elena a tiempo. Si su hija se mantenía cerca de ella, incluso si no lograba brillar en lo académico, al menos tendría una protectora invencible y un futuro asegurado.
A la mañana siguiente, Diana entregó su informe con una enorme sonrisa en el rostro.
Se había quedado hasta las tres de la madrugada corrigiéndolo una y otra vez.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....