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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 800

—¿Quién será el hombre que reservó todo el piso privado de arriba? ¡Debe estar podrido en dinero!

—Es el director Vargas, del Grupo Vargas. Parece que su esposa está a punto de dar a luz y esta noche le subió la fiebre por la lluvia. Dicen que llegó al hospital a punto de darle un ataque de los nervios.

—Guau... Se nota que la ama con locura.

Al escuchar eso, Diego se quedó petrificado, sintiendo cómo se le helaba la sangre en las venas.

A Vivian le repelió su repentina reacción.

Sabía perfectamente que el infeliz seguía sin superar a Elena, pero estando a su lado, al menos debería tener la decencia de disimular.

—Diego... —lo llamó.

Pero él, como si estuviera sordo, ni siquiera parpadeó.

Vivian volvió a llamarlo, levantando la voz.

Y él la ignoró por completo.

Ante aquella gélida indiferencia, la poca paciencia que le quedaba a la mujer se hizo añicos.

En un arranque de furia, agarró su teléfono celular y se lo arrojó a la cara con todas sus fuerzas.

Diego no tuvo tiempo de esquivarlo; el aparato impactó contra su pecho, provocándole un golpe sordo y doloroso.

La miró con furia.

—¿Qué demonios te pasa? ¿Te volviste loca?

Él siempre había sido tratado como un príncipe, nadie en toda su vida se había atrevido a levantarle la mano.

Al ver que tenía el descaro de responderle, Vivian se incorporó a trompicones y, rengueando hasta la estación de enfermería, empezó a lanzar todo lo que encontraba en el mostrador directamente contra él.

Al notar que él lograba esquivar los objetos, agarró un bolígrafo y se abalanzó para clavárselo en el pecho.

Era la primera vez que Diego veía la verdadera naturaleza de su demencia.

Trató de apartarla a empujones, pero los guardaespaldas lo inmovilizaron.

—¡No toque a la señorita Vivian! —bramaron.

Aprovechando su desventaja, Vivian le clavó el bolígrafo con saña en el brazo un par de veces.

Diego la fulminó con una mirada cargada de asco.

—¡Aléjate de mí, maldita sea!

La única razón por la que había accedido a venderse a ella era suponiendo que trataba con una mujer estable, no con una maldita desquiciada.

Vivian soltó una carcajada estridente y despectiva.

—¿Que yo me aleje? ¿Quién te crees que eres para darme órdenes? Mírate bien, si puedes permitirte el lujo de respirar y si tu empresucha sigue a flote es solo porque yo lo pago. ¡Soy yo quien debería mandarte a volar! ¡No eres más que un hombre mantenido, un vividor!

Capítulo 800 1

Capítulo 800 2

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