Entrar Via

Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 799

Él se agachó y la ayudó a destrabar la silla, empujándola hacia el interior.

Vivian sintió que se enamoraba perdidamente de aquel joven que la había ayudado, olvidándose por completo de sus intenciones suicidas.

Anhelaba hacerlo suyo a toda costa.

Sin embargo, sus propias limitaciones físicas la llenaban de inseguridades.

Tras un intento de confesión fallido, decidió mantener su distancia.

Más adelante, salió con un chico que se parecía físicamente a Diego Romero.

Tras tres años de relación, terminó aburriéndose de él y decidió dejarlo.

En respuesta, el sujeto amenazó con filtrar videos íntimos de los dos si no le pagaba una suma exorbitante.

Cualquier rastro de afecto que Vivian pudiera haber sentido se desvaneció al instante; ella misma se encargó de hundirlo y enviarlo a prisión.

Después de aquello, tuvo un par de relaciones mediocres y vacías.

Esos romances le drenaban la energía y terminaron por destruir cualquier fe que le quedara en el amor.

Con excepción de su abuelo, el resto de su familia la trataba como si fuera un cero a la izquierda. Así, comenzó a detestar el mundo entero.

El desplome de la empresa de Diego fue la oportunidad perfecta para aprovecharse de su vulnerabilidad.

Finalmente logró tenerlo entre sus garras.

Pero le frustraba enormemente que él solo la viera como un negocio, un cajero automático.

Cuando una mujer no encuentra seguridad emocional en una relación, su carácter termina retorciéndose.

Vivian sabía que sus pataletas y escenas de celos eran insoportables, pero simplemente no podía controlarse.

A veces sentía que en su interior habitaba un monstruo oscuro que la incitaba a lastimar a los demás.

Aunque, en presencia de Diego, se esforzaba por mantener al monstruo atado en corto.

Tiró de la manga de él y, fingiendo no notar la profunda repulsión que destilaban sus ojos, le sonrió con dulzura:

—Diego... cuando pase a la consulta, no quiero que me carguen los guardaespaldas. Cárgame tú, ¿sí?

Diego dudó unos segundos antes de asentir mecánicamente.

Ella sonrió, complacida.

—Eres tan bueno conmigo, Diego.

Durante la revisión, Vivian se aferró a la mano de Diego como si le fuera la vida en ello.

Él apartó la mirada hacia el doctor, fingiendo prestar suma atención al diagnóstico.

Vivian, leyendo perfectamente el lenguaje corporal del hombre, sintió que el veneno le quemaba la garganta.

Aquella voz monstruosa en su cabeza comenzó a susurrarle: Ni siquiera soporta mirarte. Le das todo tu dinero y no es capaz de fingir cariño. Vivian, lo estás consintiendo demasiado.

Una sombra siniestra oscureció la mirada de la mujer.

Al concluir la cita, Diego la devolvió a su silla de ruedas y, como si se hubiera quemado, apartó las manos al instante, parándose detrás de ella.

Vivian apretó los reposabrazos con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Sintió que estaba a un hilo de perder los estribos, pero logró tragarse la furia.

Los dos guardaespaldas presentes notaron el repentino cambio en el aura de la señorita Vivian y no pudieron evitar compadecer en silencio a Diego Romero.

Claro que, al menos ahora, Diego servía como pararrayos de su ira, lo cual hacía que el trabajo de seguridad fuera un paseo por el parque.

En el pasado, cuando la señorita enloquecía, alguien siempre terminaba sangrando.

De hecho, un antiguo colega suyo había sido golpeado en la cabeza tantas veces que en una ocasión terminó en cuidados intensivos. La familia Thorne tuvo que indemnizarlo con cinco millones para comprar su silencio y lograr su renuncia.

Mientras Diego empujaba la silla de ruedas por el pasillo, escuchó por casualidad a dos enfermeras cuchicheando:

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico