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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 820

La señora Vargas no creía haber hecho nada malo:

—Tú eres el director de la corporación. Tu mente debería estar en el trabajo, no en estas pequeñeces. Solo quería que vivieras con más comodidad, en lugar de estar rodeado de las baratijas de Elena. Esas cosas solo deprimen a cualquiera.

Alejandro se frotó las sienes.

Realmente no lo entendía. ¿Por qué no podía quedarse en Ciudad del Norte disfrutando de la buena vida? ¿Tenía que venir hasta Ciudad del Río a armar un escándalo por tonterías y hacerles perder el tiempo a todos?

Estaba claro que tenía demasiado tiempo libre.

Miró a la oficial de policía y dijo con firmeza:

—Mi madre tiró a la basura pertenencias muy valiosas de mi casa sin mi consentimiento. Comparto la postura de Elena: quiero presentar una denuncia.

—¡Alejandro Vargas! —bramó la señora Vargas, apretando los dientes—. ¡Lo hice por tu bien! ¡Eres un malagradecido!

—Hoy, Elena y yo podríamos haber estado en casa con Aurora, dándole el calor de una familia —la miró fijamente—. Pero tuviste que hacer tu teatro y arruinarnos la noche. Siempre dices que todo lo haces por mi bien, pero ¿tienes la menor idea de lo que realmente es bueno para mí? Estar con Elena y con mi hija es lo que me hace inmensamente feliz.

Al final, la señora Vargas tuvo que quedarse en la delegación recibiendo un severo sermón de la policía.

Elena, Alejandro y Bianca regresaron a casa.

La empleada ya había limpiado el desastre; rescató, limpió y lavó todo lo que la señora Vargas había arrojado.

Solo los cepillos de dientes y toallas terminaron definitivamente en la basura.

La empleada les preguntó si debían comprar otros nuevos.

—Por favor, compre unos nuevos —indicó Alejandro.

La mujer asintió y salió a hacer las compras antes de que cerrara el supermercado.

Bianca se acercó a Alejandro:

—Antes, Paloma dijo que la casa era tuya y que por eso podía hacer lo que quisiera. Elena se la tomó en serio y por eso salimos, para no pelear. Creo que vas a tener que pensar en cómo manejar esto para el futuro.

—Es muy sencillo —respondió Alejandro con calma—. Pondré todas las propiedades que están a mi nombre a nombre de Elena. Así, no tendrá derecho a decir ni una palabra.

Eran muchísimas.

Tramitar todo eso tomaría una eternidad.

—Empieza solo con las propiedades de Ciudad del Río —sugirió—. Las de Ciudad del Norte las podemos ver después.

Alejandro estuvo de acuerdo.

Mientras tanto, la señora Vargas regresó a la mansión echando humo tras la reprimenda policial.

Cuando Oihana se enteró de que había vuelto a estropearlo todo, se quedó sin palabras.

Jamás pensó que fuera tan torpe como para arruinar algo tan simple.

Un par de días después, cuando la señora Vargas se enteró de que, por culpa de su numerito, Alejandro había transferido varias propiedades en Ciudad del Río a nombre de Elena, sintió que iba a reventar de la rabia.

¿Eso significaba que la próxima vez que pisara esa casa, Elena podría tratarla como se le diera la gana?

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