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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 827

El rostro de Alejandro era la pura imagen de la decepción. Miró a su madre fijamente y dijo:

—Mamá, Aurora es apenas un bebé. Le dijiste esas cosas solo para intentar controlarla, ¿verdad? ¿Nunca pensaste en el daño psicológico que podrías causarle? Sé que no soportas a Elena, pero Aurora es tu propia nieta. ¿No quieres verla crecer sana y feliz?

Al ver la profunda decepción en los ojos de su hijo, la señora Vargas sintió una punzada en el pecho.

Sin embargo, seguía creyendo firmemente que no había hecho nada malo.

Lo único que quería era que tanto él como Aurora estuvieran de su lado, en lugar de ser devotos seguidores de Elena.

Tras decir aquello, Alejandro supo que ella jamás reflexionaría ni cambiaría su actitud. Sin querer perder un segundo más, dio media vuelta para irse.

La señora Vargas, aferrándose al brazo de un guardaespaldas para ponerse en pie, salió tras él.

Observando la espalda de su hijo, le gritó con resentimiento:

—¡Al final del día, lo único que pasa es que te avergüenzas de tu propia madre! He sacrificado mi vida entera por ti, y aun así, Elena te importa más que yo. ¡Conseguiste mujer y te olvidaste de quién te dio la vida! ¡Eres un desalmado!

El eco de sus gritos en el pasillo del hospital hizo que muchos pacientes se asomaran curiosos.

Las mujeres de la edad de la señora Vargas se solidarizaron al instante con ella, lanzándole miradas de reprobación a Alejandro.

A él le importaban muy poco los juicios de los demás. Se giró hacia su madre, manteniendo un tono de voz gélido:

—No intentes hacerte la víctima conmigo, ese chantaje emocional no funciona. Te exijo que te mantengas alejada de Aurora; es lo mejor para ella.

Dicho esto, se alejó a paso firme.

La señora Vargas esperaba usar la presión social de los espectadores para doblegarlo, pero nunca imaginó que su hijo pudiera ser tan frío e implacable.

A unos metros de allí, Diego acompañaba a Vivian a recoger unos medicamentos. Ambos habían escuchado perfectamente el ultimátum de Alejandro.

Vivian sonrió de lado, impresionada:

—Ese Alejandro sí que es de otra liga. Hay que tener agallas para poner a su propia madre en su lugar. Ese es un hombre de verdad.

La sola idea de que su madre la hubiera hecho llorar le provocó una punzada de dolor en el pecho.

Por su parte, Elena todavía sentía un poco de resentimiento hacia Alejandro por culpa de la señora Vargas.

Pero al verlo acunar a la niña con tanta ternura y destreza, el enfado se fue esfumando.

En todas partes cuecen habas, pensó con resignación.

Después de todo, no era culpa de Alejandro tener una madre tan tóxica.

Cuando la pequeña Aurora se quedó dormida, Elena por fin pudo hablar a solas con él:

—Tenemos que organizarnos. Si se vuelve a juntar que ambos estamos hasta el cuello de trabajo y mi madre se enferma, necesitamos a alguien de total confianza para cuidar a Aurora.

Aunque la niñera era de mucha ayuda, no tenía la autoridad para imponerse; la señora Vargas fácilmente podría intimidarla y colarse de nuevo en la casa.

—Le pediré ayuda a la abuela —respondió Alejandro con convicción—. Hablaré con ella ahora mismo.

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