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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 826

En el pasado, su lengua afilada le había costado caro, empujando siempre a Alejandro a ponerse del lado de Elena.

Esta vez, en cambio, no había dicho ni media palabra en su contra; había sido Elena quien la atacó primero. Quiero ver de qué lado se pone Alejandro ahora, pensó con malicia.

La señora Vargas retrocedió paso a paso, pero sin darse cuenta tropezó con el umbral de la puerta y cayó pesadamente al suelo.

Ya tenía una lesión previa en la espalda, y el impacto reactivó un dolor desgarrador exactamente en la misma zona.

Su rostro perdió todo color, quedando tan pálida como el papel, incapaz de articular palabra.

Elena tampoco esperaba esa aparatosa caída.

Estaba segura de no haberla tocado en absoluto...

—Llévala al hospital de inmediato —le ordenó a Bruno.

Bruno asintió y trasladó a la señora Vargas al hospital.

Tras encargarle a la niñera que cuidara bien de la pequeña Aurora, Elena también se dirigió a urgencias.

Esa noche, cuando Alejandro regresó, fue directo al hospital.

A la señora Vargas ya le habían hecho los exámenes y le habían administrado medicamentos; el dolor había disminuido considerablemente, pero no dejaba de fulminar a Elena con la mirada.

Al ver entrar a Alejandro, no perdió un segundo en hacerse la víctima:

—Alejandro, hijo... Como tú y Elena están tan tapados de trabajo, me preocupé por Aurora y fui a ayudar a cuidarla. ¡Pero nunca imaginé que al verme, Elena me insultaría y me echaría a la calle! Esta vez te juro que no le dije ni una mala palabra. No sabía que me odiaba tanto.

En ese momento, todos los guardaespaldas estaban en la puerta. Era imposible que no hubieran escuchado los insultos de Elena.

La señora Vargas estaba convencida de que su nuera no tendría cómo justificarse.

Sin embargo, Alejandro la ignoró olímpicamente.

Su madre siempre hacía lo mismo: acosaba a los demás y luego se pintaba como la mártir, culpando a todo el mundo de sus problemas.

Sus palabras no valían nada para él.

Se giró hacia Elena, mirándola con genuina preocupación:

—¿Estás bien? Mi madre seguro te hizo pasar un mal rato otra vez, ¿verdad?

La voz de Elena era tensa y firme:

—Alejandro, tu madre tiene razón. La insulté, y no me guardé nada. También la corrí de la casa, porque no tolero que esté bajo mi techo.

Al ver que lo admitía, la señora Vargas siseó con veneno:

Capítulo 826 1

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