—Escuché que te vas a Ciudad del Norte con Alejandro.
Como Elena ya era una figura reconocida en su campo, el rumor de su renuncia y mudanza se había esparcido rápidamente, e incluso algunos ya planeaban cómo reclutarla.
Elena lo ignoró por completo y se dispuso a irse.
Diego la tomó del brazo, mirándola con súplica.
—Quiero llevarte a un lugar, solo acompáñame, por favor.
—Suéltame —respondió Elena con voz gélida.
De inmediato, Bruno apareció a sus espaldas y le torció el brazo a Diego, obligándolo a soltarla.
—Elena, te lo ruego, será la última vez. Antes de que te vayas de la ciudad, déjame hacer algo por ti y por el hijo que perdimos.
Intrigada y harta a la vez, Elena subió al auto de Diego junto a su guardaespaldas, Bruno.
Diego condujo hasta la casa en la que habían vivido casados.
Elena llevaba muchísimo tiempo sin pisar ese lugar.
Esa casa guardaba los recuerdos de sus cinco años de matrimonio, llenos de falsas ilusiones y sufrimiento profundo.
Al entrar, parecía que el tiempo se había detenido. Todo estaba intacto, como si ella jamás se hubiera marchado.
Pero la mirada detallista de Elena notó de inmediato que la mayoría de los muebles eran completamente nuevos.
Es decir, Diego se había tomado el trabajo de reconstruir la casa a imagen y semejanza de cómo era antes.
¿Pero de qué servía hacer eso ahora?
Una sonrisa sarcástica se dibujó en sus labios.
Diego la guio hacia la habitación de huéspedes.
—Esta es la única habitación diferente. La convertí en el cuarto del bebé. Me lo he imaginado mil veces... si hubiera nacido, le habría encantado.
A Elena le pareció un chiste de mal gusto.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....