Leticia continuó con sus reproches hacia Elena:
—Tú tienes padres que te adoran, una carrera brillante y Alejandro te trata como a una reina. Tu vida es perfecta. No querías entrar a la familia Vargas porque odias sus reglas y ataduras. Si es así, ¿por qué no puedes serme útil y dejarme el camino libre? Si no logro casarme con alguien de la familia Vargas, mi vida será un infierno. ¿No puedes tener un poco de empatía?
Elena soltó una risa cargada de ironía.
—Leticia, no es mi trabajo ni el de Alejandro resolver los dramas de tu vida. No te debemos absolutamente nada, ¿por qué tendríamos que cargar con tu peso? Si no quieres aceptar un matrimonio arreglado, entonces busca un trabajo. Si no quieres trabajar y esperas que alguien te mantenga, te toca aguantar lo que tus padres decidan. Querer los beneficios sin hacer ningún sacrificio no solo es patético, es un mal chiste.
Leticia sintió un nudo de frustración en la garganta.
Siempre había sido una mujer de carácter débil. No se atrevía a armar un escándalo contra Elena, así que solo le quedó seguir con su tono de víctima.
—¿Tú qué sabes? Mi personalidad no está hecha para trabajar. Me aterra lidiar con la gente, y mi salud es demasiado frágil para el estrés. Además, los hombres que me presentan solo me ven como una máquina para tener hijos. Si me caso con alguno de ellos, mi vida estará acabada.
Elena, cansada de escuchar sus lamentos interminables, se levantó con el rostro completamente inexpresivo.
—Si no estás dispuesta a cambiar nada de ti, entonces confórmate con lo que tienes. Leticia, estoy muy ocupada y no tengo tiempo para escuchar tus miserias.
Leticia sintió que Elena era el ser más cruel y despiadado del universo.
Quiso agregar algo más, pero Elena ya se había alejado.
Leticia no quería regresar a la familia Santoro.
En esa casa, todos la trataban como una mercancía a punto de ser subastada. Sentía que vivir bajo ese techo le arrebataba cualquier rastro de dignidad.
Pero tampoco sabía a dónde más ir.
Desde la primaria hasta la preparatoria había estudiado en internados para mujeres fuera de la ciudad. Durante la universidad, su abuela enfermó gravemente, y su madrastra le dijo que, como la abuela la quería más que a nadie, su compañía podría curarla.
Por eso, abandonó la universidad para quedarse en casa.
La abuela falleció dos años después. Cuando Leticia intentó retomar sus estudios, era mayor que sus compañeros, no logró encajar con nadie y se aisló por completo.
Al graduarse, su madrastra comenzó a organizarle citas a ciegas, argumentando que por su frágil salud no era seguro que pudiera concebir, y que cualquier hombre soltero la rechazaría por eso.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....