Además, Alejandro siempre había sido el orgullo más grande de la familia Zavala; tarde o temprano, terminarían dándole la razón.
Con voz calmada, Lucía respondió:
—Julio, voy a cancelar el compromiso. Le voy a devolver el anillo a la familia Zavala.
En su vida pasada, ella no se había ido al extranjero, y por el contrario, se había quedado a pelear a muerte contra Jimena, haciendo escándalos que solo lograron que Alejandro la odiara más. Fue esa misma guerra la que convenció a Alejandro de pisotear y destruir al Consorcio García sin piedad.
En esta vida, ya no se interpondría entre ese par.
El incidente en el motel de la playa lo tomaría simplemente como si un perro rabioso la hubiera mordido.
De esta forma, Alejandro no tendría ningún motivo para meterse con su familia.
—Cuentas con todo mi apoyo, hermanita —dijo Julio, soltando una mano del volante para apretar suavemente la de Lucía. A él también le dolía ver cuánto había sufrido su hermana todos esos años entregada a una causa perdida. Las cosas ya habían llegado a su límite y lo único que quería era que ella pasara la página.
...
Llegaron al corporativo.
Lucía siguió a Julio por los pasillos del área de oficinas.
Varios empleados que estaban cerca se levantaron de inmediato, saludando con respeto: "Buenos días, señor García". Pero cuando notaron a la hermosa joven que venía detrás de él, el piso entero se quedó en un silencio expectante.
Julio sonrió y la presentó:
—Tenemos a una nueva integrante en el equipo. Acérquense a saludar.
Los empleados se miraron extrañados. ¿Desde cuándo el director general traía personalmente a los empleados de nuevo ingreso? ¡Seguro era alguien de la alta sociedad con conectes!
La joven frente a ellos tenía una tez radiante y suave, y un aura que gritaba a los cuatro vientos que había nacido en cuna de oro y algodones.
Además, cualquiera con dos dedos de frente notaría que se parecía un poco al director general.
—Hola a todos, mi nombre es Lucía García. Soy la nueva secretaria del presidente, y espero que podamos trabajar muy bien juntos.
Al escuchar el apellido "García", todos en la oficina entendieron de inmediato quién era.
¡El presidente García no había cambiado de secretarias en años! Siempre trabajaba con su personal de confianza, y si de verdad hubiera necesitado contratar a alguien, jamás habría elegido a una novata recién graduada de la universidad.
—Señor García, ¿ella es su hermana? —preguntó uno de los gerentes.
—¡Tienes muy buen ojo! —respondió Julio con orgullo.
¡Lo sabían!
Apenas confirmó la noticia, la empleada que estaba en el escritorio más cercano sonrió cálidamente.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero