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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 9

El vuelo había dejado a Lucía bastante agotada, por lo que sus padres le sugirieron que se fuera a descansar temprano.

Se encerró en su cuarto, tomó una ducha caliente y, antes de meterse a la cama, abrió la aplicación del banco en su celular. Le quedaban poco más de veinte millones de pesos.

Todavía tenía muchísimos proyectos en puerta, y ese dinero iba a ser indispensable.

En su vida pasada, terminó completamente en la ruina, rogando y suplicando por préstamos que nadie quiso darle. Ahora, la sola idea de ver cómo sus ahorros iban bajando le generaba una ansiedad tremenda.

Por suerte, aunque los gastos eran muchos, su padre le depositaba puntualmente una mensualidad de medio millón de pesos, y además estaba a punto de empezar a trabajar en el Consorcio García, donde también recibiría un sueldo.

Su empresa de inversiones en Estados Unidos aún no generaba ganancias, pero Lucía estaba segura de que era cuestión de tiempo para que todo rindiera frutos.

A la mañana siguiente, Lucía se despertó con toda la actitud, lista para su primer día de trabajo en la empresa de su familia.

Su urgencia por entrar al Consorcio García tenía un motivo muy específico. Había un grupo de traidores dentro de la empresa, gente que comía de la mano de los García pero que, en su vida pasada, terminaron apuñalándolos por la espalda para entregarle el control a Alejandro. Gran parte de la culpa de la quiebra de la familia recaía en esos parásitos. Aunque en esta vida no se casaría con Alejandro, y por lo tanto él no tendría un motivo directo para usar a esos ejecutivos corruptos, Lucía no iba a correr ningún riesgo. Necesitaba buscar una excusa para despedir a esas sanguijuelas cuanto antes.

Quería cortar el problema de raíz.

—Faltan menos de dos meses para fin de año. Si de verdad quieres entrar al Consorcio, ¿no crees que sería mejor esperar a que pasen las fiestas? —le sugirió Don Horacio en la mesa del desayuno, tratando de que su hija descansara un poco más.

Pero Lucía no podía darse el lujo de perder tiempo.

—Papá, prefiero entrar ya para irme adaptando al ritmo de trabajo.

Al ver las ganas de superarse de su hija, Don Horacio no pudo negarse.

Asintió con una gran sonrisa y aprovechó para darle algunos consejos sobre el mundo corporativo, haciendo hincapié en que, bajo ninguna circunstancia, debía usar el título de "la hija del dueño" para hacer su santa voluntad o maltratar a los empleados.

Lucía prometió seguir las reglas al pie de la letra.

—Y dime, ¿qué puesto te gustaría ocupar, mi niña?

—Quiero ser tu secretaria, papá.

—¿Mi secretaria? —Don Horacio se sorprendió bastante. No solo le parecía un puesto demasiado modesto para su hija, sino que le llamó la atención que quisiera estar bajo su mando.

Sabiendo que las jóvenes de su edad huían de la idea de trabajar directamente con sus padres, se lo repitió para confirmar:

—¿No quieres ser la secretaria de tu hermano, sino la mía?

—Así es. Secretaria del presidente.

Julio acababa de sentarse en la mesa, y al escuchar la respuesta de su hermana, fingió estar ofendido:

Capítulo 9 1

Capítulo 9 2

Capítulo 9 3

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