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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 11

Dos días después, Lucía llevó una elegante caja de postres finos a la mansión de la familia Zavala.

Normalmente, ella jamás llevaría regalos de este tipo cuando los visitaba, lo consideraba un formalismo frío y distante. Pero ahora que su relación con Alejandro había terminado, su posición era la de una invitada más, y la cortesía era obligatoria.

Al llegar a la residencia, le entregó el obsequio a una de las empleadas. La mujer la miró con extrañeza; la señorita García nunca antes había sido tan formal.

Sin embargo, pensando que llevaba medio año sin pisar la casa, supuso que solo quería causar una buena impresión y no le dio más vueltas.

Doña Leonor de Zavala bajó las escaleras con su habitual elegancia, esbozando una sonrisa cálida: —Lulú, por fin regresaste.

—Doña Leonor...

La matriarca se acercó con ternura, la tomó de la mano y la hizo sentarse en el sofá. —Lulú, mi niña, ha pasado tanto tiempo y te veo más delgada. ¿Cómo te estás adaptando al trabajar en la empresa de tu familia?

—Me va bastante bien —respondió Lucía con tranquilidad—. Doña Leonor, hoy he venido a cancelar mi compromiso.

El rostro de Doña Leonor palideció al instante.

Hasta las empleadas de la casa que estaban cerca se quedaron de piedra.

En el fondo, Doña Leonor sabía exactamente por qué. Suspiró profundamente y dijo: —Lulú, te fuiste del país por el berrinche que hiciste con Alejandro, ¿verdad? Pero no te preocupes, tanto Ricardo como yo ya le dimos su buen escarmiento.

—Alejandro solo siente gratitud hacia esa mujer. Ella le salvó la vida una vez, y por eso se han acercado un poco, pero no te hagas ideas raras en la cabeza...

Los rumores sobre Alejandro Zavala y Jimena Jiménez habían llegado repetidamente a oídos de los Zavala, y Doña Leonor estaba bastante irritada por ello.

La familia Jiménez era de poca monta; ni el Ministro Zavala ni ella la consideraban a su altura.

Además, existía un compromiso formal entre Lucía y Alejandro.

¡Era una falta de respeto hacia la familia García!

Y Don Guillermo Zavala jamás aprobaría algo así.

Lucía retiró su mano con sutileza y respondió: —No es eso, Doña Leonor. La verdad es que ya no siento nada por Alejandro.

Desde el preciso instante en que él decidió divorciarse en su vida pasada, ella dejó de amarlo.

Y mucho menos después de todo el daño que Alejandro le causó al Consorcio García.

—Lulú...

Doña Leonor estaba perpleja. Nunca en su vida imaginó que Lucía dejaría de amar a su hijo.

¡Si siempre había estado perdidamente enamorada de él!

Doña Leonor siempre había visto a Lucía como a su futura nuera.

Pero su repentina desaparición de medio año, dándole vía libre a Alejandro y a Jimena para estrechar lazos, realmente parecía demostrar que ya no le importaba.

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