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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 13

Lucía se reunió con Isabel Luna en un restaurante, en uno de los salones privados del segundo piso.

Le había pedido a Isabel que le consiguiera contactos para vender sus bolsos de diseñador, y precisamente hoy el comprador vendría a inspeccionar la mercancía. Como coincidía con la hora del almuerzo y el hombre era un conocido de Isabel, Lucía tomó la iniciativa de invitar la comida.

Ya casi terminaban de comer cuando el amigo de Isabel fue al baño.

Isabel aprovechó para preguntar: —¿A qué viene esta urgencia por vender tus bolsos? Pensé que la otra vez solo lo decías bromeando.

—Necesito liquidez urgente.

—¿Acaso tienes problemas económicos? ¿Qué pasó, tus padres te cortaron los fondos por todo este drama con Alejandro y su nueva amante? —Isabel solo podía imaginarse que Horacio García y su esposa la habían castigado financieramente por la traición de Alejandro—. Si necesitas dinero, yo te lo presto, en serio. No tienes por qué vender tus bolsos... ¡podemos dejarlos en tu clóset de adorno!

Lucía sonrió débilmente, sabiendo que su amiga se preocupaba de corazón. —Tenerlos de adorno no me sirve de nada.

¡Cómo que no servían de nada!

¡Isabel estaba convencida de que su amiga había perdido la cabeza por el estrés!

—¿Escuchaste los rumores, verdad? —suspiró Isabel con pesadez—. Es cierto. En estos seis meses que estuviste fuera, Jimena se volvió uña y mugre con Lucas Paredes y Gustavo Beltrán. Ya son inseparables.

—Pero el peor es Alejandro. La consiente en todo. Él, que es alérgico al polen, se pone cubrebocas solo para regalarle ramos de flores a Jimena.

—En la última subasta de beneficencia, no solo pujó por joyas carísimas para Jimena, sino que terminó comprando antigüedades millonarias para los padres, la abuela y el hermano de ella.

Lucía parpadeó, levemente sorprendida. Resulta que sí sabía ser romántico.

En su vida pasada, durante su desastroso matrimonio, él siempre fue un témpano de hielo: rígido, cortante y con cero tacto.

—Pero Lulú —el tono de Isabel mezclaba rabia e injusticia con una pizca de envidia—, ¿por qué desapareciste durante medio año? Para cuando regresaste, ellos ya estaban más unidos que nunca. Quedaste en total desventaja. Si no te hubieras ido, todo eso seguiría siendo tuyo, y no tendrías que estar malvendiendo tus cosas...

Lucía bajó la mirada. En su vida pasada no se había ido. Se había quedado para pelear a muerte con Jimena, oponiéndose ferozmente a esa relación y gritándole a los cuatro vientos que ella había sido quien salvó a Alejandro. Pero nadie le creyó, ¡y mucho menos Alejandro! Solo pensaron que era una loca despechada.

Al renacer, tenía algo muy claro: que esos dos se quedaran juntos y se hicieran miserables.

Ser el objetivo de ese sociópata solo traía desgracias.

Si tanto le gustaba a Jimena, que se lo quedara.

Ella ya lo había soltado por completo.

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