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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 14

Apenas terminó de hablar, vio llegar a Gustavo Beltrán.

Lucía y Gustavo cruzaron miradas; ambos se sorprendieron por un instante, pero luego se saludaron con un discreto asentimiento de cabeza.

Gustavo esbozó una sonrisa cortés y entró al restaurante.

El amigo de Isabel se quedó boquiabierto. También reconocía al imponente CEO del Grupo Beltrán, un habitual en las revistas financieras. —¿El Sr. Beltrán? ¿Se conocen?

—Sí.

—¿A qué se dedica tu familia?

—El Consorcio García... mi papá es el dueño.

El hombre tardó unos segundos en procesar la información y soltó una bocanada de aire: —...Mis respetos.

¡Claro que lo sabía! El Grupo Zavala, el Grupo Beltrán y el Consorcio García eran los tres pilares económicos y los mayores contribuyentes de Puerto Coral. Hasta los altos funcionarios del gobierno los trataban con guantes de seda. En comparación, la inmobiliaria de la familia de Isabel se quedaba corta.

Poco después, Isabel bajó y los tres caminaron hacia el auto de Lucía.

Esta vez había pedido prestado el auto de Julio García.

El imponente Rolls Royce de Julio tenía un baúl absurdamente espacioso.

Isabel comentó: —¿Hoy trajiste el auto de Julio?

—Sí, es más amplio —respondió Lucía mientras abría el baúl.

Al abrirlo, Isabel soltó un grito ahogado.

Había asumido que Lulú no llevaba los bolsos consigo por miedo a que le rompieran los cristales del auto, y pensó que, de todos modos, a lo sumo vendería uno o dos.

El tasador había pensado exactamente lo mismo.

Pero allí, frente a sus ojos, había nada menos que más de treinta bolsos Hermès impecables.

—Lulú, ¿de verdad te vas a deshacer de todos?

—Sí, año nuevo, vida nueva.

Al tasador de lujo se le iluminaron los ojos. Solo con una mirada rápida pudo comprobar el estado inmaculado de las piezas.

En realidad, al saber que eran propiedad de la heredera del Consorcio García, ni siquiera necesitaba autenticarlos. Aun así, se puso sus guantes blancos de algodón para revisar un par. El cuero estaba perfecto; prácticamente todos los bolsos estaban nuevos.

No podía borrar la enorme sonrisa de su rostro mientras decía: —¡Me acabo de ganar la lotería! ¡Te garantizo que te daré el mejor precio del mercado por ellos!

Jimena y Gustavo también se enteraron.

Al escuchar a Lucas, a Jimena se le formó una sutil sonrisa de burla en los labios.

Conocía perfectamente las capacidades intelectuales de Lucía, que eran nulas.

Durante la universidad, Lucía se había pasado el tiempo persiguiendo a Alejandro como un perrito faldero, sin abrir un solo libro. Cuando él se fue a Estados Unidos, ella intentó seguirlo, pero ni siquiera todo el poder de los García logró meterla en esa universidad de élite.

Lucas comentó burlón: —Seguro su papá solo la puso ahí de adorno, como mascota oficial de la empresa.

Gustavo, recordando a la elegante Lucía que acababa de ver afuera, se quedó con los cubiertos a medio camino: —...

Jimena soltó con un tono falsamente dulce: —Qué suerte tiene, su papá es un santo.

Mientras hablaba, miró de reojo a Alejandro. Como siempre que alguien mencionaba a Lucía, él seguía comiendo con rostro inexpresivo, como si hablaran del clima.

Jimena sintió un cálido alivio en el pecho, pero justo cuando iba a añadir algo, Lucas soltó la bomba:

—Por cierto, ¿qué no hay un Anillo de los Zavala, la reliquia que solo se le da a la futura esposa del heredero principal, que todavía está en manos de Lucía?

—¿Qué van a hacer si se encapricha y se niega a devolverlo?

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