Apenas terminó de hablar, vio llegar a Gustavo Beltrán.
Lucía y Gustavo cruzaron miradas; ambos se sorprendieron por un instante, pero luego se saludaron con un discreto asentimiento de cabeza.
Gustavo esbozó una sonrisa cortés y entró al restaurante.
El amigo de Isabel se quedó boquiabierto. También reconocía al imponente CEO del Grupo Beltrán, un habitual en las revistas financieras. —¿El Sr. Beltrán? ¿Se conocen?
—Sí.
—¿A qué se dedica tu familia?
—El Consorcio García... mi papá es el dueño.
El hombre tardó unos segundos en procesar la información y soltó una bocanada de aire: —...Mis respetos.
¡Claro que lo sabía! El Grupo Zavala, el Grupo Beltrán y el Consorcio García eran los tres pilares económicos y los mayores contribuyentes de Puerto Coral. Hasta los altos funcionarios del gobierno los trataban con guantes de seda. En comparación, la inmobiliaria de la familia de Isabel se quedaba corta.
Poco después, Isabel bajó y los tres caminaron hacia el auto de Lucía.
Esta vez había pedido prestado el auto de Julio García.
El imponente Rolls Royce de Julio tenía un baúl absurdamente espacioso.
Isabel comentó: —¿Hoy trajiste el auto de Julio?
—Sí, es más amplio —respondió Lucía mientras abría el baúl.
Al abrirlo, Isabel soltó un grito ahogado.
Había asumido que Lulú no llevaba los bolsos consigo por miedo a que le rompieran los cristales del auto, y pensó que, de todos modos, a lo sumo vendería uno o dos.
El tasador había pensado exactamente lo mismo.
Pero allí, frente a sus ojos, había nada menos que más de treinta bolsos Hermès impecables.
—Lulú, ¿de verdad te vas a deshacer de todos?
—Sí, año nuevo, vida nueva.
Al tasador de lujo se le iluminaron los ojos. Solo con una mirada rápida pudo comprobar el estado inmaculado de las piezas.
En realidad, al saber que eran propiedad de la heredera del Consorcio García, ni siquiera necesitaba autenticarlos. Aun así, se puso sus guantes blancos de algodón para revisar un par. El cuero estaba perfecto; prácticamente todos los bolsos estaban nuevos.
No podía borrar la enorme sonrisa de su rostro mientras decía: —¡Me acabo de ganar la lotería! ¡Te garantizo que te daré el mejor precio del mercado por ellos!

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