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Clases de amor, para el diablo romance Capítulo 66

Damián

—Princesa, qué bueno que llegas. —Me abraza Daniela—. El príncipe obstinado acaba de despertar otra vez, pero no nos quieren dejar pasar hasta que los médicos den la orden. Están con él dentro haciendo su rutina. Por supuesto despertó con una crisis existencial porque no estabas a su lado.

Muerdo mi labio y pego mis manos al pecho tras saber que volvió a despertar.

—Gracias a Dios, Dani —me aferro a ella.

—No podía dejarnos, tonta. Lo amenacé con llevarme toda la fortuna y el muy condenado me dijo que eso jamás pasaría, y que si él muere se escaparía del infierno para que yo no lograra mi objetivo.

Mi cuñada está loca. Hace un momento estaba como yo de preocupada y ahora es ella de nuevo.

—Te entiendo. A mí casi me dijo lo mismo cuando también le dije que si me llegaba a dejar me iba a quedar con toda su fortuna. —Nos reímos después de haber estados las dos llorando por nuestro hombre amargado.

El médico que lo atendió viene con nosotros.

—Señora Lancaster. —se dirige a mi—. Su esposo quiere verla, por el momento solo a usted. —Asiento a lo que desea mi esposo.

—Ve, nosotros lo veremos luego. —Dani me da un sutil empujón para que vaya con mi esposo.

Una vez que entró, arrastro una silla que dejo a un lado de la camilla para tomar asiento y sostener su mano.

—Hola, mi amor. —Saludo, mi infierno solo me mira mientras lagrimas comienzan a salir de sus encantadores ojos.

—Soy… lo peor. Lo que le hice estuvo mal. Yo… soy culpable de que Trino se convirtiera en ese monstruo, coseche en él odio, recelo y venganza. Aunque no todo de lo que me culpa es cierto, una de ella sí. Yo no tenía derecho de traicionarlo. Si era consiente que él estaba detrás de Fabiola, sabía que le gustaba mucho, y que ella era su ilusión más grande, pero un día ella y yo nos encontramos en una fiesta y… pasó lo que pasó. Él se enteró, pero no dijo nada, solo que eso no le molestaba porque ella no le interesaba más. Y no era así. Con los tema del negocio no sabía que él estaba negociando por su cuenta, y lo entiendo, quería crecer como empresario y yo se lo impedía porque tomaba sus negocios. soy… el peor amigo que existe. —Seco sus lágrimas a pesar de que es inútil, porque él no para de llorar.

—Él pudo hallar maneras distintas para hacerte saber que había hechos cosas malas, a cambio de eso solo se calló y pensó en que vengarse era la mejor opción. Admito que me has decepcionado mucho. Porque a un amigo no se le puede faltar el respeto, mucho menos acabar con esa lealtad. Pero me da gusto que reconozca tu error y lo admitas con coraje.

—No sé como voy a sobrellevar esto, cielo. Perdí a mi amigo por arrogante, por soberbio, y por idiota. Yo lo orillé a esto, lo aliente con odio. Esto me hace sentir como un animal, me convierte en un monstruo, en un verdadero y cruel diablo.

Damián siente remordimiento de conciencia, está deprimido y devastado. La culpa de ver en lo que Trino se convirtió por sus malas decisiones y acciones del pasado lo están torturando.

—Oye… —sostengo su mano—, no puedes hacer nada para cambiar lo que hiciste, solo aprender a tener aprecio por la persona que se preocupa por ti, por la persona que está a tu lado sin importar nada. Si, es cierto que hiciste mal, pero no puedes hacer nada para cambiarlo, solo afrontarlo y seguir aceptando lo que tocó. Él eligió vengarse, esa fue su elección, solo de él. No puedes ya hacer nada para salvarlo, Trino está dañado por dentro, el odio lo consumió y no puedes hacer nada, mi amor. —Me mira.

Su mirada está apagada.

—Me hubiera gustado ser siempre este Damián y no el otro que solo sabía humillar. Sigo teniendo miedo, cielo. Lo que he hecho tarde o temprano la vida lo cobrara.

—No pienses así. —Le da un beso a mi mano—. Por ahora solo queda decir que estamos bien, a salvo. Incluso él también lo está a pesar de que ha sido encerrado en una prisión. Puede que allí acepte que hizo las cosas mal.

—No lo creo. Trino… está muy dañado.

—Para todos ha sido muy duro esto, sin embargo ya no hay nada que hacer más que seguir.

—Si. —centra su mirada en el techo—. Oye, cielo. Juro que no te comprare un arma nunca. —Achico mis ojos mientras él se comienza a burlar de mí.

Estúpido infierno.

—No eres gracioso, Damián.

—¿Practicando, mi amor? ¿era en serio lo que decías?. Santo cristo, mujer, te juro que fue el momento más épico de la vida. Mi esposa me iba matando. —Se comienza a carcajear por lo que hice.

Achico mis ojos y solo lo observo reírse hasta que se queja de dolor.

Al menos ríe, aun cuando sigue triste, ríe.

El resto de la familia entra a la habitación para ver como está mi esposo. Dani salta casi sobre él para abrazarlo y besarlo por todo el rostro emocionada de verlo en mejores condiciones.

—Ay, hermanito, ya vas dos veces que te mueres y vuelves a resucitar. —Damián entorna la mirada.

—Dani, nunca he estado muerto. —Aclara.

—Bueno, es cierto, pero has estado tan cerca.

—Alguien tiene que proteger a mi amada esposa. Daría mi vida sin importar con tal de mantenerla a salvo. —Damián sostiene mi mano.

—Ay, no, no vayan a comenzar con su amor todo chicle y empalagoso. Ya dejen eso para ustedes dos solos —masculla Dani.

Mi infierno respira profundo.

—Dani —espeta entre dientes mi infierno.

—¿Qué? Sabes que odio lo empalagoso.

Los ojos de mi hermano brillan aún más.

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