Damián
Llego junto a ella y lo primero que hago es besarla, para después como todo un tonto enamorado, saludarla.
—Hola —digo mientras recupero el aire.
—Hola —habla con voz tímida.
—Estás… estás perfecta y hermosa. —No dejo de contemplarla y de halagarla—. Eres la mujer más preciosa que puede existir en el mundo. —Aclaro mi garganta.
—Gracias, mi amor, gracias.
Una lágrima se le escapa.
—Muy bien —dice mi hermana por el micrófono—. Lamento interrumpir su…momento de amor, pero Damián tiene una sorpresa para ti, mi hermosa cuñada. —«¿Sorpresa? ¿Qué que sorpresa, Daniela?»—. Por favor, hermanito, ven acá.
Algo dudoso, camino hacia ella.
—¿Qué sorpresa, Dani? —inquiero entre dientes y con el corazón acelerado por miedo a sus ocurrencias.
—Le dedicarás una canción. —Musita para que solo yo logre escuchar.
—¿Qué?
Empiezo a sudar. ¿Cómo voy a cantar? Yo no sé cantar. Canto horrible —Daniela me hará pasar una vergüenza—. No voy a cantar —mascullo.
—Claro que lo harás.
Sonreímos ante todos, aunque yo lo hago con miedo.
—Dani, no me hagas esto.
Mi hermoso cielo nos ve con intriga.
—Ya lo hice, hermanito, así que te toca cantar.
Aflojo mi corbata.
Daniela sabe muy bien que no sé cantar, ni siquiera un coro me atrevería a cantar.
—Dani, no.
Me ve y estalla de risa, llamando la atención de todos.
—Era broma, hermanito. Sé muy bien que cantas horrible. Nunca te dejaría pasar vergüenza y menos ante ella.
El aire vuelve a mis pulmones de nuevo.
No puedo creer que me haya hecho esta broma tan pesada en este momento. Me las voy a cobrar.
—Muchos se preguntarán qué hablamos mi hermano y yo aquí, así que… se quedarán con la intriga. —Todos sueltan la risa—. Princesa, mi hermano tiene unas palabras para ti. —Me hace entrega del micrófono.
Como siempre me quedo en silencio cuando se trata de hablar sobre mis sentimientos por ella ante el público.
—B-Bueno, y-yo… —«Demonios, Damián, concéntrate solo en ella. Tú querías esto. Bueno, ahora sorpréndela en público»—. Eh… guao, me cuesta hablar frente a ustedes—solo se ríen de mí—. Muchos aquí saben que siempre he sido un hombre obstinado y orgulloso, hasta que ella se cruzó en mi camino. Pensé que todo era un simple capricho, así que hice de todo y me las ingenié para lograr que ella estuviera a mi lado, cuando así fue hasta le permití ser mi profesora. ¿Quieren saber de qué? —Asienten—. Ella fue mi profesora en el amor. Antonella me enseñó a amar, a ser cariñoso. Me enseñó a descubrir cada sentimiento que yo mantenía oculto. Me enseñó a compartir con otras personas. Me enseñó a cómo tratar con cariño a una mujer. Me enseñó a enamorarla. Me enseñó que nunca es tarde para mejorar en la vida. Ella hizo de mí este hombre que soy hoy y ahora. Ella me enseñó a valorar el trabajo de los demás. Ella es quien pudo lograr esto. Ella logró el que yo esté aquí frente a ustedes y frente a ella confesando todo lo siento por ella. Mi hermoso cielo —la señalo—, eres magnífica, mi amor. Tú cambiaste mi vida para bien, y yo me encargaré de cambiarla para mejor. Tú, con tus ocurrencias, causaste revuelo en mi corazón. Lo emocionabas con cada palabra, con cada gesto, con cada locura y con cada oportunidad que me dabas. Tú hiciste algo que jamás nadie hizo, Antonella, y fue creer y confiar en mí, y eso, mi cielo, fue el detonante de todo. Hoy te amo y en un segundo te amaré aún más, porque mi amor por ti aumenta con cada segundo que pasa. Esta noche, ante todos los presentes, te hago saber que yo, Damián Lancaster, te haré la mujer más feliz del planeta tierra y cuidaré de ti hasta no poder más. Hoy les muestro a todos ustedes este lado que solo ella puede sacar. Hoy todos aquí conocen a este nuevo hombre, un hombre enamorado y afortunado de estar casado con esta hermosa mujer. Hoy con todos ustedes celebro mi segundo año de casado, y aunque no es mucho tiempo, para mí lo es todo. —Le hago señas a ella para que venga a mi lado, y lo hace. Le hago entrega del micrófono y saco la caja de mi saco—. Esta pulsera, Antonella, es el signo de nuestro amor y de nuestra unión. Esta pulsera significa el comienzo de nuestra nueva vida juntos. —Mis lágrimas se desbordan. Coloco la delicada pulsera en su muñeca, saco la otra y se la entrego.
—Por nuestro amor y por nuestro futuro juntos, mi amor. —Me coloca la mía—. Por una vida llena de paz, felicidad y locura.
Sin poder contenerme, grito con desespero: —¡Te amo!
La alzo y tomo sus labios con suavidad, disfrutando de sus besos, mientras que todos aplauden nuestro amor. Solo me dejo envolver por la delicadeza con la que su lengua envuelve la mía. Estos son los labios que besaré hasta el final de mis días.
Luego de aquella celebración en failia y amistades, mi esposa y yo nos fuimos para emprender nuestro viaje.
Ahora en este momento llegamos al hotel que mi hermana reservó aquí en Marruecos. Cuando Antonella supo a donde habíamos viajado, comenzó a dar brincos de felicidad. Desde que bajamos del avión no ha hecho más que admirar el camino y no ha parado de agradecerme, aunque yo le agradezco más bien es a Dani por haber elegido Marruecos.
Cuando abro la puerta de nuestra habitación, el bolso de mi cielo cae al suelo, y el mío igual. Entramos y recorremos con la mirada el lugar. Hay velas encendidas, la cama está repleta de pétalos de rosas y el ventanal que da a la ciudad está decorado con un «feliz aniversario». También hay una mesa con una botella de vino y dos copas. Mi cielo sonríe al encontrar una nota y la abraza con tanta felicidad.
—Quería darte una sorpresa, pero pensaba hacerlo en nuestra casa. Cuando entré y vi la nota, supe que Dani trasladó mi idea aquí a Marruecos, así que te tengo una sorpresa.
Abro la nota.
¡Juguemos a que nos encuentras!. Busca dentro de una caja marrón, un sobre.
Miro todo el lugar y busco esa caja marrón. Cuando doy con ella, la abro y encuentro otra nota, pero con una pieza de algo que parece ser un rompecabezas.
Felicidades, lo has encontrado.
Ahora deberás buscar otra caja color verde.
Ya esa caja la había visto antes, así que me es fácil encontrarla. La abro y hallo lo mismo.
Ya falta menos para encontrarnos
Ahora busca un sobre amarillo.
Vuelvo a recorrer todo el lugar hasta que doy con el sobre. Lo abro y saco la otra pieza más la nota.
Una más y nos encontrarás.
Ahora ve por un sobre azul.
El último sobre está en la cama. Lo agarro, lo abro y saco la última pieza. Me voy a la mesa y comienzo a armarlo. Algo fácil, porque son solo cuatro piezas, las cuales dicen, «felicidades, papá, nos has encontrado»

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