Antonella
Mis ojos no se apartan de mi infierno, que aún duerme. Es tranquilizador saber que ya está a salvo y que aún estará junto a mí por mucho tiempo más. Por otro lado, no puedo evitar sentir nostalgia al saber que Trino era aquella persona que nos hizo sufrir.
Me cuesta creer que Damián le haya hecho eso a Trino, es entendible que él estuviera enojado, no es fácil que su mejor amigo se acueste con la mujer que deseaba conquistar. No sé porque Damián lo haría, sea por lo que sea, estuvo mal. Le rompió el corazón a Trino.
—Señora Lancaster, creo que debería permitirme revisar su herida vieja, es para asegurarnos que esté bien. —El médico entra en la habitación donde nos encontramos Damián y yo.
—Claro. ¿Podría hacerlo aquí?
Niega y se cruza de brazos.
—No. Además, ya ha pasado mucho tiempo aquí dentro. Recuerde que el señor Lancaster debe descansar muy bien.
Miro a Damián. Aunque no quiera, debo irme por un momento. El médico tiene razón en que él debe descansar.
—Está bien, vendré más tarde a verlo. No puedo dejarlo solo por mucho tiempo, si llega a despertar y no me encuentra perderá la cordura.
Se ríe y salgo acompañada de él. Afuera me esperan mis hermanos, mis padres y la familia de mi esposo.
—¿Cómo sigue? —Alan es el primero en preguntar.
—Despertó hace como una hora, pero no por mucho.
Mi madre sujeta una de mis manos.
—Me da tanto gusto que los dos estén a salvo.
Daniela y Damiana, mi suegra, se abrazan conmovidas.
—Mi hijo está bien. Creí que lo perdería.
Yo creí lo mismo, hasta que despertó.
—Nella, ¿cómo es eso de que Trino era el culpable?—inquiere Renzo—. ¿Por qué?
La nostalgia me invade por un momento tras recordar.
—Si, él era quien estaba detrás de todos los problemas que Damián y yo atravesábamos. —No doy más explicaciones y solo vuelvo a llorar—. Él no tenía por qué terminar así. Trino…
Renzo me da un abrazo.
—Ya todo pasó, mi amor. Sea la razón que lo haya llevado hasta ese límite, fue porque lo permitió, pudo encontrar otras maneras de arreglarlo.
—¡Oh, maldición, Antonella! —La voz de Amelia nos hace centrar nuestra atención en ella—. Necesito saber que estás bien, amiga. ¿Te tocó? ¿Te pegó? ¿Te trató mal ese infeliz del diablo? Dime algo. Juro que le mandaré a arrancar las pelotas y se las haré comer por desgraciado. Nadie se mete con mi amiga y su esposo con su esposo. —Rainer, mi hermano menor, ríe por lo bajo al escucharla. —Tú deja de reírte. —Estos dos y su romance secreto. Quien diría que mi hermanito tonto terminaría enredado con mi mejor amiga.
—Estoy bien, amiga. Damián es quien está muy mal herido, pero ya no corre tanto peligro.
Dalia me gira de golpe.
—¿Cómo es eso de que le disparaste, Antonella?
Todos me ven.
—Y-yo solo intentaba defenderlo, pero no fue así.
Estallan de risa.
—Pobre. Si yo fuese Damián, me divorciaría ya mismo. ¿Para qué enemigos si estás tú?
Ese comentario de Amelia no me agrada. Solo practicaba. Pero no lo van a entender.
—Al menos lo intenté.
Renzo no para de reír.
—Espero que algún día no estés ahí para defenderme a mí.
Golpeo su brazo.
—Ruega no estar en aprietos, porque no haré nada para ayudarte. —Me quejo de su comentario.
—Pobre de mi hijo, aunque, a pesar de que lo heriste, igual te agradezco la intención de protegerlo. Sé que lo hiciste con esa intención, cariño, solo que, bueno, tu puntería falló.
Al fin alguien reconoce mi esfuerzo.
—De verdad me siento mal por lo que le hice. No lo defendí como debía. Pude haberlo matado.
Alan sujeta mi rostro.
—No fue tu culpa. No sabías cómo usar un arma, Nella. Me siento orgulloso de ti, de lo valiente que fuiste.
Libero mis lágrimas de nuevo.
Toda esta pesadilla ya acabó. Ha llegado a su final.
—Es cierto, hija, tranquila, son cosas que suceden muy a menudo, así que no te sientas de ese modo.
Mi padre me da aliento, aunque, por favor, ¿quién le dispara a su esposo accidentalmente? Oh, claro, yo, ¿quién más?

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