Damián
Hoy es nuestro segundo aniversario. Mi cielo y yo llevamos dos años de casados y la muy condenada esa no me ha querido dar hijos. Supuestamente ella y yo tenemos que esperar un poco más, lo peor de todo es que no sé por cuanto tiempo más hay que esperar. Yo quiero hijos, y ella se niega a darme esa magnifica felicidad.
—Mmm, ¿a dónde vas?
La miro por sobre mi hombro. Está sentada en la cama, con su cabello alborotado y sus ojos cerrados. Gracias a dios que en las madrugadas no me la he encontrado con el cabello así de alborotado, de lo contrario me mataría del susto.
—Ven y abrázame.
Oh, no, esa vocecita la conozco. Es de esas que usa con sensualidad para comprarme y llevarme de vuelta a cama.
—Volveré rápido, mi cielo —se vuelve a acostar—, te lo prometo.
Suspira.
—Más te vale, diablo, y más ahora que ya ahora si estoy lista para buscar a nuestro primer bebé.
Río fuerte. Mi hermoso cielo me tiene engañado. Me dice cada noche y cada mañana que debemos procrear, pero… ¡aún no deja de tomar las píldoras! Condenada mujer.
—Me siento el hombre más estafado del mundo.
Ella suelta la carcajada.
—Nunca digas eso, mi infierno. —Se cubre por completa con la cobija para continuar durmiendo.
Termino de salir de nuestra habitación. Al llegar abajo, mi hermana entra a la casa con un montón de bolsas en la mano. Le pedí que se encargue de todo mientras yo no esté. Las amigas de mi cielo vendrán también para llevársela a pasear y así mi Nella no se dé cuenta de que le voy a preparar una fiesta sorpresa.
—Mi amor. —Abro mis brazos para recibirla.
—Good morning prince. —Se cuelga de mi cuello y comienza a darme besos.
—Dani, ya suéltame, que llevo prisa.
Mira mi cuello.
—Ay, señor, si no es ella quien lo tiene, entonces eres tú. ¿No tienen pudor? Siempre llevan una chupete.
Dejo un beso en su frente.
—Es nuestra de marcar territorio, así sabrán que ella es mía y que yo soy suyo.
Entorna los ojos.
—Me voy a despertarla antes de que empieces con tu confesión de amor.
La detengo.
—Dani, ¿por qué siempre huyes del amor? —Intenta hablar, pero calla—. ¿Por qué?
Sujeta mi rostro.
—No es que le huya, hermano, es solo que no me gusta ser así tan melosa. Sabes que nunca he podido expresar mis sentimientos, excepto contigo y mamá y, bueno, ahora con la princesa. ¿Quién no ama a esa estúpida loca?
Acaricio el puente de mi nariz.
—No te expreses así de mi cielo, Dani.
Ella sabe que no me gusta cuando llama loca a mi Nella. Aunque es cierto que mi mujer está loca.
—Como si fuera mi culpa que esté tan loca. En fin, igual la amo así.
Estoy seguro de que así es. Dani le agarró demasiado cariño a mi Nella.
—Oye, hermana, y… ¿Amas a Alan?
Se sorprende.
—¿Qué?—Todo en ella cambia.
—Que si amas a Alan.
—Y-Yo no… no. Bueno, no sé aun. —Mira a todos lados, confundida.
—¿Y él te ama?
Asiente.
—Sí, o bueno, eso fue lo que me confesó anoche.
Yo ya tenía conocimiento de los sentimientos de Alan. Lo que me preocupa es lo que ella sienta.
—¿Tú qué le dijiste?
Duda en decirme.
—Bue… que Gracias.
¡Esto tiene que ser una mentira de Daniela!
—¡¿Gracias?! —Asiente—. Dani, ¿gracias? ¿Cómo pudiste decirle solo gracias?
Ella, en definitiva, sí es hermana mía.
—¡Fue lo primero que se me ocurrió!, Damián. Ya me conoces en este tema. —No controlo las ganas de reír—. Alan también se burló de mí.

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