Siento la respiración pesada de Ignacio
sobre mi cuello, sus pequeños ronquidos invadir mis oídos y
sus labios chocar con mi clavícula.
Se había quedado dormido en el transcurso del camino.
Tres horas de camino hacia la cena
familiar de Ignacio, y aquí estaba yo con él.
Pues me había prometido que llegaríamos antes de las tres de
la mañana a Londres.
Siento su mano colocarse sobre mis
caderas y no me queda más que reír
levemente, se veía tan tierno.
¿Me presentaría ante su familia como su novia? ¿O sólo como
su amiga? ¿Le caeré bien a su madre? ¿Sus tías, a las que él llama molestosas,
serán tan molestosas como él dice? ¿Lo criticarán por estar con alguien que
podría ser su hija?
Cientos de preguntas invaden mi mente, y yo simplemente
suspiro tratando de relajarme.
—¿Desea algo de tomar, señorita?- el
chofer me pregunta desde el volante.
—No, gracias- susurro amablemente y él asiente.
Entonces Ignacio gruñe y se mueve
hasta que su rostro completo queda
perdido en el hueco de mi cuello y sus
manos me rodean. Río.
—Estamos a media hora de llegar- el
chofer avisa y yo agradezco por lo bajo.
Paso mis manos por el brazo de Ignacio
—Ignacio— lo llamo en un susurro y él no se inmuta- despierta,
si no quieres llegar con cara de dormido.
-Sólo cinco minutos más- pide como
niño pequeño y yo río.
Y eso es lo qué pasa, él duerme alrededor de diez minutos
más y después despierta, dejando un beso en mi cuello
— buenos días.- dice sonriéndome, lo miro y sonrío
ante su cara hinchada por el sueño.
-¿Dormiste bien?—pregunto y él
asiente.
- Como bebé.- Responde y yo sonrío-no
había dormido— comenta y yo frunzo el ceño.
-¿Por qué?- pregunto y él se encoge en
hombros mirándome.
-Eres preciosa- murmura de la nada y
yo río.
Me encanta que Ignacio me diga esas cosas, porque me hace
sentir bien conmigo misma. Y es que aunque luzca como mierda, él siempre me
dirá que luzco bonita. Él me advierte que las amigas de su madre son
bastante... arrogantes, y que si no quería ir estaba en tiempo. ¡Pero vamos! Ya
estamos aquí, no hay nada que perder.
El auto para y Ignacio baja, ayudándome a mi a hacerlo.
Agradezco en un susurro y suspiro al ver el lugar.
La casa era blanca y gigante. Aparte que tenía decoraciones
bastante elegantes, y eso que sólo era la entrada.
-Es... asombroso-susurro y admiro
todo.
Ignacio sonríe y yo
trago saliva. En
cuanto nos acercamos más a la entrada,
siento la mano de Ignacio entrelazarse con la mía, y puedo
sentir un alivio recorrer todo mi cuerpo. Ambos avanzamos hasta introducirnos y
es ahí cuando siento como mi corazón estaba a punto de salirse.
En el momento en que entramos puedo notar como una que otra
persona nos miran extrañados, pero no sentía que
me miraban a mi.
-¿Quieres beber algo?- Ignacio me pregunta y yo niego
levemente y él asiente.
Puedo notar que cada segundo qué pasa, Ignacio obtiene más
un rostro de seriedad, hasta podría decir que de coraje.
—¿Qué pasa? - pregunto y acaricio su,
brazo, él me mira y niega.
- ¿Ignacio?- una mujer de alrededor de
cincuenta años lo llama, Ignacio tensa bastante su mandíbula
y ella lo abraza.
Trato de soltar la mano de Ignacio para que este le
devolviera la muestra de afecto pero, su agarre se vuelve más fuerte. Frunzo el
ceño al ver como simplemente, con su otra mano, le daba pequeños golpes a su
espalda, al contrario de la mujer, que lo abrazaba como si no lo hubiese visto
en años
- ¡bebé, que no te había visto en tanto tiempo!- la
mujer solloza y se separa de él. Ignacio mantiene su rostro serio y me acerca
un poco más a él.- Oh,
hola linda- me saluda y yo sonrío
levemente- soy Pattie la madre de Ignacio
— se introduce y yo alzo mis cejas.
-Mucho gusto, señora- la saludo con un
pequeño beso en la mejilla y ella sonrie- soy Franchesca soy...
-Ella es mi novia- Ignacio me interrumpe
y la cara de su madre se torna a una de
sorprendida y confusa.
- Ignacio, jamás me dijiste que...Bueno,
es que hace tanto tiempo que no te veía
— sacude su cabeza, y me escanea por
completo.
Me remuevo un poco incómoda y Ignacio se acerca un poco más
a mi
- eres muy hermosa-me alaga asintiendo
-Gracias.- Río nerviosa y ella mira a su
hijo. -Te hemos extrañado tanto.- Ella,
susurra tratando de tomar su mano, pero Ignacio simplemente
se aparta.
—Se nota- este ríe por lo bajo y yo
frunzo el ceño.
Puedo notar como Pattie baja un poco su mirada, triste y
entonces me sonríe levemente.
—Por favor, siéntense .- Nos ofrece y yo
agradezco.
Ambos caminamos y en lo que lo hacíamos, varias personas
saludan
a Justi a lo que el responde fríamente,
aunque las personas parecían estar
acostumbradas a ello. ¿Qué esta pasando?
Es como si Ignacio fuese una persona completamente
diferente, una persona fría y gruñona. Lo cual no es. En cuanto vemos una mesa
vacía nos sentamos en esta y yo me le quedo viendo unos segundos.
- Daddy.- lo llamo en un susurro y él
me mira.
Su mandíbula nunca estuvo relajada, ni un sólo segundo
—Tráeme una botella de whisky- le dice
al mesero que pasaba por detrás de mi, yo frunzo el ceño.
-Quiero sexo- digo y él me mira, alzo
mis cejas- ¿en serio?
—Lo siento .- Murmura y besa mi mano.
Yo ruedo los ojos- es simplemente que
llevo más de cinco años sin venir a una
cena familiar, y me siento muy incómodo — murmura y yo hago
una mueca de lado.
-¿Por qué? Es tu familia- digo y él se
encoge en hombros. Me quedo pensando unos minutos y frunzo
el ceño.- ¿cinco años?- pregunto y él ríe.
-¿En serio lo acabas de captar?- ríe y
yo ruedo los ojos.
Unos minutos después el mesero le trae una botella completa
de whisky a Ignacio y un vaso con hielo.
Ignacio abre la botella y comienza a beber de este licor
puro
- ¿te dije que luces jodidamente caliente con ese vestido?-
pregunta y yo sonrío, sintiendo el calor subir a mis mejillasmierda.- Te juro
que si en media hora el whisky no hace efecto,
voy llevarte a una habitación y follarte-
gruñe y yo relamo mis labios.
-¿Por qué eres tan frío con tu madre?
- pregunto y él me mira, sus cejas hacia
arriba, con su vaso de whisky frío en su
mano, llevándose este a sus labios
-¿Con Pattie?- pregunta y yo asiento
él deja el vaso en la mesa y me mira
directamente, golpeando su pie contra el piso seguidamente.
Pero nunca dice nada, ni una sola palabra sale de su boca.
—Ignacio— lo llamo y él traga todo el
líquido de un solo trago, entonces me
mira y suspira.
-Amor... Nena, no quiero ser grosero-
masculla y yo me levanto.
-Voy al baño- digo molesta, quitándome
el abrigo y tirándoselo encima, él
simplemente me mira.
—Esta de aquel lado- dice apuntando,
ruedo los ojos y comienzo a caminar
hasta llegar a mi destino.
Me miro en el espejo: el croptop y la falda seguían en el
lugar correcto, cepillo mi cabello con mis manos y checo que mi maquillaje siga
en
su lugar.
—Gracias por traerlo .- Escucho una voz
hablar, miro hacia donde provenía y veo como Pattie entraba
con una pequeña sonrisa en su rostro— hace años que no sabía nada de él, y
verlo entrar por la puerta simplemente me hizo muy feliz — comenta y yo sonrío,
.- pero... ¿cómo lo hiciste? Digo, se que ser su novia te debería de dar
prioridades, pero Ignacio jamás dejaría que alguien le dijera que hacer.- Ríe y
yo frunzo el ceño un poco.
--Señora, en realidad no se a que se
refiere- comentó y ella suspira- y en
realidad, Ignacio y yo no somos novios.
Sólo estamos saliendo-susurro y ella
parpadea varias veces.
-¿No tienen nada formal?- pregunta y
yo niego- ¿desde hace cuanto?
-Alrededor de cinco meses-murmuro,
no quería mentirle a la mamá de Ignacio
—Pequeña... No juegues así, ríe y yo
sonrío levemente.
-Señora....
-Llámame Pattie .- pide y yo asiento.
- Pattie, le estoy diciendo toda la verdad
.- río y ella sonrie de oreja a oreja- aparte, él fue el que
me pidió que viniera con él.- Digo y veo cierto brillo en sus ojos.
-Hace más de 4 años que no viene,
desde la otra chica con la que estuvo.-
murmura y yo asiento.
¿Qué si sentía celos? Obviamente no.
Ignacio tiene 25 años y es un hombre
apuesto, por supuesto que tuvo mucha
experiencia con otras mujeres. Es algo
que tengo muy presente.
-Con permiso, tengo que ir con Ignacio-
murmuro y ella asiente.
-¿Te puedo pedir un último favor?- pregunta y yo
asiento-cuídalo-susurra.
Yo trago saliva y asiento levemente, entonces salgo del baño
y camino de nuevo hasta donde me encontraba anteriormente
Puedo notar como Ignacio llevaba al
rededor de un cuarto de la botella, su
rostro seguía serio. Me siento enfrente de él y acerco mi
silla hacia la de él.
-¿No estás pensando en ponerte ebrio, o
si?– pregunto y él me mira directamente, sin decir una sola
palabra- si tu te pones ebrio, yo también- digo y él niega.
—No tienes permitido beber alcohol.-
dice y yo me cruzo de brazos.
—¿Quién me lo prohíbe?— pregunto y él alza sus cejas.
-¿Aparte de la ley?- me pregunta y yo
ruedo los ojos.- Yo.- Simplemente dice y
río.

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