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Daddy romance Capítulo 57

SEGUNDA TEMPORADA

CAPÍTULO 7

Yo me decidí por seguir manejando hasta llegar a mi casa,

donde me bajé y le abrí la puerta del copiloto, le ayudé a bajar y la abracé

por los hombros hasta llegar a la puerta.

-¿Dónde estamos?- ella me preguntó en

cuanto nos introducimos en mi casa, yo

cerré la puerta y me quité la chaqueta que traía puesta.

-En mi casa.- dije y noté como ella se

tensaba un poco más.

-No tiene porque hacerlo, señor Diaz.-

murmuró y yo negué.

-Hay más de cinco habitaciones en esta

casa y sólo una persona, créame, no es

molestia- dije, ella rió por lo bajo, suspiró y me miró.

Tome un aire de valor, me acerque a ella y limpié sus lágrimas.

Miré

sus labios por unos segundos y tragué saliva

- ire por algo de ropa para que se vista y pueda darse una

ducha y dormir - susurré a los que ella simplemente asintió. Estaba comenzando

a subir las escaleras cuando recorde.- Oh, la cocina esta a la derecha, puede

tomar algo para comer. Sin pena-exclamé y ella

asintió.

Termine de subir las escaleras, comencé a buscar algunas

prendas que le quedaran pero era obvio que no

encontraría nada. No desde que le ordene a mis muchachas que

se llevaran todo lo que se encontraran, y mucho menos en mi habitación sabiendo

que ninguna mujer entraba aquí desde Grace.

Tomé una de mis camisetas y uno de mis bóxers, después de

reconocer que no tenía otra opción, y bajé las escaleras

-No tengo prendas para mujer, pero quizás esto le quede bien

para

dormir- dije entregándole las prendas,

ella agradeció por lo bajo.- si quiere puede ir tomando una

ducha en lo que yo te cocino algo de cenar- susurré, ella ladeó su cabeza y

asintió- El primer piso a la derecha.- ella me agradeció por lo bajo y subió

las escaleras

Pensé por algunos segundos que debería de hacerle para cenar

y recordé como Lucinda me había dejado casi preparado para hacer unas pizzas

caseras, esa mujer siempre pensaba en mi. Saqué las cosas necesarias y comencé

a hacer una pequeña

y una de un tamaño un poco más grande.

Comencé a tararear una canción mientras lo hacía hasta que

escuché unos pasos bajando por la escalera. Me giré para ver a la chica que se

encontraba con mis prendas.

Mierda, hace tanto que no veía a alguien vistiendo mi ropa y

ella lo lucía simplemente fenomenal. La miré de pies a cabeza, sin importarme

lo que pensara, ella lucía caliente como el infierno y mi amiguito abajo lo

podía confirmar. Tragué saliva.

-Estoy haciendo pizza, ¿está bien?-

pregunté tratando de olvidar el hecho de que me estaba

poniendo muchísimo, ella simplemente asintió.

Ella se sentó en la barra de la cocina mientras yo metía

estos al horno ya precalentado. La miré y pude notar como ella me estaba sonriendo,

así

que le devolví el gesto.

-Gracias-murmuró y yo rodé mis ojos.

-No es nada-reí y ella suspiro.

-Tu casa es preciosa- me dijo- una

casa muy grande para un maestro-yo

balbuceé.

-Era de mi abuelo- mentí y ella asintió.

-¡Tienes tatuajes! - exclamó de pronto y,

yo rei ante su reacción.

-No muchos, pero si- admití, ella me

miro unos segundos antes de levantarse

y caminar hacia mi.

Su mano comenzó a acariciar mi brazo, trazando los tatuajes.

Tragué saliva.

-Se ven dolorosos- susurró y yo suspiré

ante su tacto.

Ella se asomó por mi pecho y yo, sin siquiera pensarlo, me

quité mi camisa. Ella alzó sus cejas hacia mi

- No era necesario-murmuró burlona y yo me encogí en

hombros. Ella comenzó a acariciar mi pecho y juro que no había sentido tan

suaves manos en mi piel desde hace años.- ¿Te dolieron?

-Algunos- admiti mirándola.

Sus manos descendieron hasta acariciar por debajo de los

pectorales, justo donde se encontraba el tatuaje de la mariposa. De pronto su

mirada de cruza con la mía.

-¿Tienen algún significado?-preguntó

-Uno que otro, si-admití y ella acaricio

mi otro brazo.

-Son increíbles- susurró acariciando mi

piel.

Volvió a acariciar mi pecho y yo no

podía dejar de mirarla, y fue cuando su

mirada se cruzó con la mia que mis ganas de besarla

incrementaron, estaba bastante cerca, tenía mi oportunidad y la aproveché.

La besé, con miedo de que ella no aceptara, mi gesto, pero

sonreí cuando ella hizo completamente lo contrario.

Sus labios comenzaron a seguir mi beso y por inercia mis

manos se colocaron en su cintura, sus brazos abrazaron mi cuello y con mis

ayuda, enredó sus piernas en mi cintura.

Había deseado esto por tanto tiempo

y admito que se sentía mejor de lo que

esperaba. Sus labios sabían delicioso,

sabían a la mezcla entre el sentimiento

de lo prohibido y lo correcto. Y se sentía

jodidamente bien. La coloqué sobre la

barra y comencé a acariciar sus muslos,

introducí mi lengua en su cavidad bucal, tratando de

profundizar el beso y ella soltó un gemido. Joder, pero que bello sonido.

Y justo cuando pensé en deshacerme de su camiseta es cuando

el horno suena y ella se exalta levemente.

Mierda, puta mierda.

Me separé de ella de mala gana, me

coloqué mi camiseta y saqué las putas

pizzas del horno. Noté vergüenza en su

mirada, yo decidí ignorarla y colocar la

comida en nuestros respectivos platos.

-Bon-appetite-dije sarcástico y me

dediqué a comer.

Ella bajo de brinco de la barra y se sentó en el banco a mi

lado.

Comencé a odiar al puto horno de mierda por arruinar el

momento, llevaba deseándola desde hace tanto y en cuanto tuve mi oportunidad el

hijo de puta la arruinó.

Estaba cabreado, vaya que lo estaba.

-Está delicioso-me halagó y yo sonreí de

lado.

Ambos terminamos nuestros platillos

y un silencio incómodo permaneció unos minutos.

-Lo siento, señorita Welsch. - murmuré a lo que ella me

entregó una mirada de confusión.

-¿Porque?-me preguntó y yo reí.

-Por lo que acaba de pasar- mentí.

Era obvio que no lamentaba una sola parte de haberla tenido

entre mis brazos, de haber saboreado sus deliciosos labios. No me arrepentía en

lo absoluto, pero no quería arriesgarme a que me perdiera la poca confianza que

me había ganado durante las sesiones

- creo que, me deje llevar por la atmósfera y juro que

no volverá a

pasar. Estaba mal, lo acepto

Entonces su mirada se cruzó con la mia, podría haber

apostado que ella iba a decirme lo mismo, que ella iba a llorar por lo

arrepentida que estaba pero me sorprendió cuando bajó de su banco, se acercó a

mi y me volvió a besar.

Frunci levemente el ceño, pero ¿qué

demonios? Ignoré mis dudas, le seguí el

beso y de pronto ella se separó de mi.

-Estamos a mano, ¿no?- preguntó, la

miré confundido, mientras ella se mordia su labio inferior

en señal de nerviosismo. Carajo, es tan hermosa.

-Mierda- maldije mientras me bajaba del banco y me acercaba

a ella para besarla de nuevo, la tomé de la cintura y le ayudé a enredar de

nuevo sus piernas entre mis caderas, acaricié sus muslos y por alguna razón

pregunté: - ¿puedo tomarla del culo?.- pregunté.

«¿Qué haces? No preguntes, ¡solo hazlo» pensé, ella asintió

y sus mejillas se sonrojaron, me imaginé que le había gustado.

Coloqué mis manos sobre su culo y apreté este un poco

causando que ella riera un poco, sonreí junto con ella y decidi arriesgarme a

subir las escaleras e introducirla a la primera habitación que vi.

Nos tumbé a ambos sobre la cama y segui besándola. Mi cuerpo

me pedía más, mi polla me gritaba que tenía que hacerla mía. Descendí mis besos

por su cuello y con mis manos tomé el final de la camiseta

que traía, con la intención de deshacerme de la molestosa prenda, pero ella me

detuvo con sus pequeñas manos. Me separé levemente de ella y la miré

confundido.

-¿Te importa si lo dejamos hasta los

besos?- me preguntó.

Sabía que era demasiado bello para ser real. Tragué saliva y

asentí. Volví a besarla, ella pasó sus manos por mi cuello y enredó sus dedos

en mi cabello.

-¿Puedo tocar su pecho por debajo de la

camisa pero por encima de tu sostén?.-

pregunté entre besos y para mi buena suer te ella asintió.

Entonces, sin dudarlo dos veces, lo hice. Se sentían como el

paraíso puro, eran pequeños, pero me encantaban.

Escuché como gemia y juro que era como música para mis

oídos, sus gemidos eran tan dulces, tan lindos, tan jodidamente calientes. Fue

entonces cuando supe que no la quería solo por una noche.

Cuando escuché sus gemidos supe que ella me había atrapado,

su cuerpo y voz eran como nicotina para mi. Sabía que cada vez necesitaría más

de ella y no me permitiría evitar mi nueva adicción. Y fue cuando sentí sus

labios sobre mi cuello que me di cuenta que ambos queríamos lo mismo.

Me separé levemente de ella para mirarla mordiendo su labio

inferior

- ¿te arrepientes de esto?- le pregunté. Ella negó

inmediatamente y no evité sonreír- bien.

***Fin FlashBack***

-¡Ignacio!- escucho una voz llamarme,

gruño y hago un puchero-Levántate,

Dios mío, estás ahogado en alcohol- una

voz femenina me ladra y yo bufo.

-¿Y qué te importa? - pregunto a la

defensiva. Entre abro mis ojos y veo a

Lizbeth frente a mi-Estoy soñando con

Franchesca , déjame en paz-gruño, me recuesto sobre el suelo

y ella bufa.

-¿No preferirías verla en persona?-

me pregunta, abro mis ojos como platos

y me reincorporo, asiento repetidamente y ella

suspira-¿Sabes que? Olvídalo, no puedo llevarte así- ella niega y yo hago

berrinche.

-¡Por favor! Necesito verla-exclamo y

me hinco ante ella. -Te lo ruego, llévame con ella. No sabes

cuanto la extraño, la necesito, por favor Liz-pido a lo que ella hace una mueca

y bufa.

-Vale, pero tienes que levantarte,

campeón. Pesas bastante- ella se burla

a lo que yo asiento y me levanto, casi me caigo pero logro

hacerlo exitosamente.

Miro a mi alrededor y noto como estaba

en un baño, frunzo el ceño y cuando

salgo, la música retumba en mis oídos

causándome cierto dolor de cabeza.

-¿Dónde estamos?-pregunto en un

grito y ella ríe.

-En tu bar favorito- exclama, su mano

toma mi muñeca y ella me encamina

hasta salir del bar.- tus llaves .-me

dice y yo hago una mueca.

Comienzo a buscar entre mis pantalones y cuando las

encuentro se las doy. Ella le pica al botón para abrir el auto, y nos lleva a

ambos hasta este.

En cuanto me introduzco en el asiento del copiloto me golpeo

en la frente, pero no hago nada más que quejarme en silencio.

-¿Crees que ella me extrañe igual que

yo la extraño?.- pregunto a lo que ella

simplemente enciende el auto- ¿Crees

que si le pido un beso me lo de o me diga que necesita un

tiempo? Porque mierda, me muero por besarla-río y juego con mis dedos-. Te

apuesto a que ella está más hermosa que la última vez, ella todos los días está

más hermosa que el dia anterior. Si es que es posible-murmuro.

Sigo diciendole muchas cosas a Lizbeth

pero ella no me contesta. Que buena

amiga es, ella me escucha siempre y me

ayuda con mis problemas. Aparte me

va a llevar a donde Franchesca pero que linda persona. Me dedico a sonreír

mientras miro el camino.

-Colócate el cinturón de seguridad,

Ignacio- me regaña, gruño pero obedezco.

En cuanto termino me cruzo de brazos y la miro.

- ¿Dónde está Niall?- pregunto, ella

bufa.

-¿Debería de saber?- me pregunta de

regreso, yo chasqueo mi lengua.

-Sólo preguntaba, el es mi amigo, así

como tu. Ustedes dos son mis mejores

amigos en el mundo- admito, Liz suelta

una carcajada-. Gracias por ser tan

buena conmigo Lizbeth. Tu me ayudas

con Franchesca , tu me escuchas, tu me cuidas. Eres una gran

persona, ahora entiendo porque Franchesca te aprecia tanto, ella te ama - digo y ella

suspira.

-Duerme un poco, Ignacio. Te hará bien-

me dice y yo suelto una carcajada.

-No puedo dormir, necesito ver a mi

princesa- digo obvio. Relamo mis labios

y golpeo mis muslos repetidamente.

- Ignacio- me regaña, yo gruño y miro

hacia mis pies.

-No me quiero quedar dormido para

cuando lleguemos, quiero verla- me

encojo en hombros a lo que ella suspira.

-Sólo... Tranquilizateme .-pide, asiento

y entonces ella prende la radio.

Miro la pantalla del auto y noto como eran casi las tres de

la mañana, chasqueo mi lengua y miro a mi exterior.

Este camino se me hacia tan conocido,

estas casas, estos autos. Frunzo el ceño

y recargo mi mejilla en la ventana.

Comienzo a bajar y a subir el vidrio

causando que mi rostro se deforme de

una forma tan graciosa en el espejo

retrovisor, comienzo a reír y suspiro.

-Hey, ¿quieres escuchar un chiste?-

le pregunto a Liz, pero en ese mismo

instante el auto se detiene.

-Salvada por la campana-bromea a lo

que yo bufo-, espérame aquí. Ya vuelvo

- dice, yo hago un puchero y asiento.

Noto como baja y camina hasta llegar a la puerta de entrada

de un departamento, frunzo el ceño.

Yo conozco este lugar, de alguna parte.

Entonces la puerta se abre mostrando a

un hombre el cual comienza a hablar con Lizbeth, frunzo el

ceño. Abro la puerta del auto y trato de bajarme pero el puto cinturón de

mierda no me deja, comienzo a quitármelo con un poco de dificultad pero en

cuanto me lo quito me salgo del auto.

Gateo hasta acércame a la puerta

para poder escuchar la conversación.

-Sólo déjalo verla unos minutos, sabes

que ella también quiere-escucho la voz

de Liz.

- Ignacio esta ahogado en alcohol, Franchesca va a decepcionarse si lo ve de esta manera -

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