SEGUNDA TEMPORADA
CAPÍTULO 19
8 meses antes
-Así que veinte, Debo de decir que
luces mucho más joven- el rubio murmura una vez que su
anatomía alcanza la mía.
Miro hacia la hermosa vista que
tenía frente a mi y suspiro. Giro un poco mi cabeza hasta
mirarlo. Él había imitado mi posición: sus antebrazos estaban recargados en el
balcón y me miraba directamente, Jamás pensé que Ricardo tuviera una hija-
admite y yo simplemente le dedico una sonrisa de lado.
—Yo tampoco— admito y este frunce el
ceño.
- ¿A qué se refería cuando dijo que
ustedes acaban de saberlo también? - me pregunta y yo sólo
chasqueo mi lengua.
-Es una larga historia-murmuro y me
abrazo a mi misma en cuanto siento mi
piel enchinarse.
El hombre de ojos grises parece percatarse de esto pues
comienza a quitarse su saco para colocarlo sobre
mis hombros, agradezco por lo bajo.
—Tengo el tiempo del mundo. Para tu
suerte soy doctor y estoy acostumbrado
a dormir tarde-me guiña un ojo y yo
simplemente sonrío.
—No tienes cara de ser doctor-río y este
abre su boca mientras coloca su mano
sobre su pecho.
-¿Disculpa? ¿Es porque soy rubio?- me
pregunta 'indignado'.
Alzo mis cejas y lo miro directamente. Él parece no entender
por unos segundos así que decido apuntar
a mi cabeza, él frunce levemente el ceño y en cuanto se da
cuenta abre sus ojos como platos.
-Simplemente no tienes cara de ser
doctor— digo- no por ser rubios somos idiotas- aclaro y este
rasca su nuca.
-Uh, lo sé— dice avergonzado—. Hey,
¿quieres algo de beber?- me pregunta y
yo suspiro.
—Por favor.- murmuro, el hombre
asiente y de la nada saca una licorera de su pantalón,
frunzo el ceño.
Entonces me lo entrega y es cuando yo lo agradezco
confundida.
—Tengo dos más en ese saco-confiesa— Es que el vino y
champán simplemente
me terminen aburriendo- dice y yo
suelto una pequeña risa. Abro el frasco y comienzo a
olfatear el aroma.
—¿Vodka?- pregunto sorprendida, él se
encoge en hombros.
—También tengo tequila-comenta y yo
río.
Relamo mis labios y le doy un sorbo a
este. Hago una mueca por el fuerte sabor y miro al rubio de
ojos grises. El me miraba con un poco de gracia, alzo mis cejas.
Le entrego su licorera y él la toma con
gusto para luego tomarle un gran trago a este haciendo una
pequeña mueca, pero luego suspira de gusto
—. Esta es la mierda buena- dice seguro y yo ladeo mi cabeza
—. Entonces, Franchesca , cuéntame tu historia.- Suspiro y comienzo.
Era gracioso como incluso yo me seguía sorprendiendo cada
vez que contaba esta historia. Parecia, sacada de un libro de ficción, algo
irreal.
De un segundo a otro ambos estábamos
sentados en el frío suelo, recargados
en la blanca pared con unas copas de
más. Francesco y yo ya nos habíamos
acabado la segunda licorera cuando el
saca de pronto la tercera de su saco, el
cual yo portaba, para después abrirlo
y otorgármelo.
Yo no dudo en tomarlo y colocarlo sobre mis labios antes de
terminar de contarle todo lo sucedido.
Por alguna razón, mi mente me estaba
prohibiendo hablar de Ignacio. Quizás era el hecho de que
casa vez que pienso en él, comienzo a llorar y que no quería que pasara
vergüenza frente este chico.
O simplemente era porque estoy ebria y mi mente sólo trata
de eliminar los recuerdos malos en este momento. Suspiro.
—Y... Eso es todo-digo finalmente y
Francesco alza sus cejas.
Mira hacia un punto fijo por unos segundos, como si
estuviera analizando todo lo que le acababa de decir. De un segundo a otro, él
simplemente bufa y me mira directamente.
-Deberías ser escritora-dice de
repente, arrugo mi nariz—. Es una buena historia. Ya sabes,
pérdida de memoria, experimento científico, reencuentro con tu padre a través
de una fiesta... Tienes mucho tiempo para pensar, ¿no es así? — se burla y yo
ruedo mis ojos.
—Piensa lo que quieras. Yo sólo digo la
verdad.
El hombre de ojos grises simplemente
me mira unos segundos y de pronto noto como su mano se
acerca a mi anatomía, yo me exalto un poco en cuanto toca mi cintura. Él ríe
— Tranquila, sólo quiero mis cigarrillos.- se burla ante mi
reacción
y los saca, junto con un encendedor.
Mis mejillas comienzan a tomar calor, por lo que decido
bajar la cabeza. Observo como el toma un cigarrillo de la cajetilla y lo coloca
entre sus labios, para luego encenderlo. Jamás había puesto tanta atención al
acto de encender un cigarrillo. Es algo
simplemente... Encantador.
El rubio me ofrece uno a lo que yo, por primera vez, dudo.
De pronto caigo en razón y comienzo a negar. Él simplemente ignora mi acción y
guarda estos donde estaban.
Le observo cuando cala de su cigarrillo,
deja pasar el humo por su garganta para luego expulsar el
resto por su boca.
De pronto noto como comienzo a ver doble cigarrillo, y en
cuanto cierro mis ojos mi mente comienza a dar vuelta.
-Estoy un poco mareada-admito con
mis ojos cerrados.
En cuanto abro mis ojos noto como el rubio estaba de
cuclillas frente a mi, y cuando pienso que va a retirarse, él simplemente me
toma de la cintura y me ayuda a levantarme. Pasa uno de sus brazos por mi
cintura y coloca mi brazo alrededor del suyo, camino sin
problema, más mi cabeza estaba dando
vueltas.
De repente él me toma entre sus brazos y murmura algo que no
logré
entender, pero sabía que me estaba
haciendo una pregunta, por lo cual yo
simplemente asiento. Esperando a que
esa fuera la respuesta que esperara. De
un segundo a otro, un viento frío golpea
mi rostro y yo comienzo a temblar.
Estábamos afuera
— ¿A dónde vamos?– pregunto arrastrando mis palabras y él me
responde con algo pero mi cabeza comienza a ignorar su voz, y a
recordarme al hombre de cabello dorado y ojos mieles.
Hago un puchero y siento como de pronto estoy dentro de un
auto. El rubio me coloca el cinturón de seguridad y cierra la puerta, en la
cual yo me recargo con mis ojos cerrados. No
quiero tener a Ignacio en mi mente ahora.
Escucho el motor del auto encenderse
y sólo me queda por confiar en que
Ricardi no me haya llevado a un congreso de asesinos y
secuestradores seriales....
O simplemente que este chico sea de
confianza y no un imbécil.
—¿Habías bebido antes?— me pregunta
de repente y yo asiento- Has bebido muy poco para estar en
estas condiciones.- admite y yo bufo- ¿Qué comiste en el día?- me pregunta y yo
hago memoria de todo lo que había hecho en el día.
Pero la comida no llega a mi mente, niego con mi cabeza
- ¿No qué?
—No he comido en el día, sólo lo de la
cena- admito y suspiro-. Supongo que
lo olvidé.
-¿Olvidaste alimentarte?- me pregunta
incrédulo y yo bufo.
-Supongo-me encojo en hombros y
recargo mi frente en la ventana del
copiloto—, ¿por qué carajos hace tanto
frío? ¡Estamos en mayo!- exclamo
frustrada y él rie.
-Ha estado lloviendo, supongo que es
por eso-me recuerda, suspiro.
No se porque carajos el tiempo esta pasando tan rápido, pero
de la nada el hombre de ojos grises me ayuda a bajar su auto y nos introducimos
en un lugar cálido pero oscuro. Entonces el prende las luces y noto como
estábamos en un departamento
- Un sólo piso, menos probabilidades de
morir por caer de la escalera ebrio— dice y yo río.
Me introduce en una habitación, y me recuesta sobre la cama,
yo me dejo
llevar por la deliciosa sensación del suave colchón y
suspiro, cerrando mis ojos.
-¿Vas a asesinarme?- le pregunto y
él ríe.
Entre abro mis ojos y noto como estaba él frente a mi, con
sus brazos cruzados, simplemente observándome.
—No, de hecho cuando te quedes dormida te sedaré para luego
borrarte la memoria y hacerte creer que tienes diez años y que te vayas con
otra familia a vivir hasta que tu padre te vuelva a encontrar-se burla y yo
ruedo mis ojos.
-Eres un idiota-bostezom. -Un idiota de
cama deliciosa- murmuro.
Y cuerpo comienza a debilitarse y mis ojos a pesarme.
Entonces recuerdo que ni siquiera sabía el nombre de la persona con la que
había estado toda la noche
- ¿cómo te llamas? — le pregunto, y este se coloca de
cuclillas frente a mi. Acariciando mi cabello.
—Francesco Vitale.
Una semana después....
—¡Estoy bien! No seas exagerado-
exclamo y Ricardo niega con su cabeza.
—¡Estas ardiendo en fiebre! — exclama
de vuelta y yo me cruzo de brazos.-
Aparte, has vomitado como dos veces esta semana, te
desmayaste cuando fuimos a caminar y no has comido bien. Estás pálida, más
delgada y muy débil. Te voy a llevar con un especialista quieras o no - gruñe y
yo ruedo mis ojos pero decido quedarme callada.- Ponte algo decente y nos
vamos.
Cierra la puerta y yo me quejo en silencio.
¿Qué acaso no puede entender
que estoy bien? Es tan exagerado, ni
siquiera he vomitado, sólo fue un poco
de reflujo y ya.
Camino hasta mi clóset y decido colocarme unos simples jeans
claros con una blusa fresca blanca y unos zapatos negros. Cepillo mi cabello
y me coloco un poco de maquillaje para
esconder mis horribles ojeras y mis ojos
hinchados.
En cuanto termino bajo las escaleras y noto como Ricardo ya
me estaba esperando abajo. Ninguno dice una sola palabra pero ambos nos
introducimos
en su auto. Él comienza a andar por las
calles de Florencia, las cuales yo observo detalladamente.
El lugar es hermoso.
Después de unos minutos manejando,
llegamos a un consultorio en el cual yo
me siento inmediatamente en la sala de
espera mientras Ricardo hablaba con la
secretaria. Le estaba coqueteando, era
sumamente notable. Ruedo mis ojos y
miro mi teléfono.
"¿Cómo estas?"
"Te extraño tanto"
"Te amo"
"Lo siento"
"Cuento los días para estar a tu lado"
Siento una presión en mi pecho crecer y mis ojos humedecerse
al leer los
mensajes de Ignacio. ¿Por qué tiene que ser tan idiota? Lo
detesto. La voz de Ricardo me llama, causando que levante mi cabeza.
Mi padre me hace un ademán para que lo siguiera, y yo hago
exactamente eso hasta introducirnos en una habitación.
En el transcurso no puedo dejar de mirar los mensajes de Ignacio.
Quisiera estar sola en estos momentos para poder llorar en paz.
—Hey, hey, hey. Pero, ¿qué tenemos aquí? - una voz conocida
habla, levanto mi cabeza y miro al hombre con el cual
estuve la vez pasada.
En la cena de aquél día. Trago saliva y guardo mi teléfono
— Pero si no es nada más que Ricardo y
la pequeña Franchesca .- dice mirándome con burla.
Siento mis mejillas sonrojarse, por lo que bajo la mirada y
me cruzo de brazos. Mi padre y él se saludan como si de mejores amigos se
tratase mientras que Francesco estira su mano para que yo la tomara, lo cual
hago. Dándonos un simple apretón de manos
—. Díganme, ¿a qué debe esta visita?- nos pregunta.
Entonces Ricardo comienza a decirle todas las ridiculeces
que se supone que hacia, exagerando todo. Francesco me mira de reojo con sus
cejas hacia arriba, por lo que yo giro mi mirada hacia un punto cualquiera en
la pared blanca.
-¡Ni siquiera quiere comer!-exclama
— Mírala, esta débil y muy delgada. De
seguro esta desnutriéndose- mi padre
dice y yo no evito reír.
Ambos me miran confundidos y yo simplemente relamo mis
labios y sigo viendo hacia la pared.
—Bien, Ricardo. Ya que Franchesca es mayor de edad, creo que lo correcto sería
que la consulta sea en privado.- Puedo notar la tensión entre ambos .- Por
estos problemas de salud-murmura el rubio y yo le agradezco internamente.
Ricardo frunce su ceño y gruñe, pero obedece.
En cuanto sale de la habitación yo miro a Francesco
directamente.
-No estoy desnutriéndome-le aseguro
y este sonríe de oreja a oreja.
Chasquea su lengua y me mira directamente
-Voy a necesitar que te sientes en aquella camilla- me dice,
apuntándome hacia aquella.
Me levanto y obedezco. Él se acerca a mi y saca uno de esos
palillos de
madera, le quita el papel que lo cubría
— Abre.- me dice y yo abro mi cavidad
bucal.
Él observa y hace una mueca. Tira
en palillo para luego colocarse las olivas de su
estetoscopio en sus oídos y colocar la campana sobre mi pecho
-Respira profundo por la nariz y
suelta por la boca- me pide y yo obedezco.
Y todo el procedimiento es normal. Me
pesa, me mide, me pregunta algunas cosas sobre mi salud en
años anteriores hasta que terminamos sentados en su escritorio. Él en su
respectiva silla y yo frente él, en la mía
—. Estás baja de peso-afirma y yo hago un mohín con mis
labios.- y por
lo que pude notar, te falta hidratarte más. Tu lengua esta
seca— dice y yo muerdo mi mejilla interior. -Pero, ¡hey!, no estas
desnutrida-me anima y yo río.
-Gracias al señor- digo y él sonríe.
-Bien, voy a necesitar que: comiences
a alimentarte correctamente, bebas dos
litros de agua diarios y descanses más. Es notable ver que
te falta dormir bastante. Tu rostro se ve cansado, exhausto, más bien- me dice
y yo asiento-. Para comenzar tu tratamiento, te invito a cenar esta noche a mi
casa-dice de la nada y yo no evito abrir los ojos como platos-. Habrá mucha
comida y agua, sin contar una cama deliciosa- cita mis palabras y mis mejillas
vuelven a sonrojarse por segunda vez en el día.
—No lo sé
-¡Oh, vamos! No te borré la memoria
aquella noche, me debes una- bromea y
yo no evito rodar mis ojos con una sonrisa en mi rostro—.
Aparte, puedo apostar que no tienes nada mejor que hacer.
Entre abro mi boca ofendida y él alza sus cejas
—¿Disculpa?
-Niégalo-me reta y yo inflo mis mejillas, derrotada—. Pasaré

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