Después de comerse todos esos dulces, el estómago de Tobías por fin se sintió mejor.
Una vez que recogió la basura, notó que Belén tenía los ojos irritados y le preguntó con preocupación:
—¿Tienes sueño?
Belén asintió con la cabeza:
—Sí, un poco.
Tobías le preguntó tanteando el terreno:
—Entonces... ¿ya nos dormimos?
Ella asintió, muy obediente:
—Mjm.
Al verla tan dócil, él no se pudo aguantar las ganas de preguntar:
—¿Me quedo a acompañarte?
Quizás porque tenía el cerebro apagado por el cansancio, Belén aceptó por instinto:
—Sí.
Al escuchar eso, Tobías se levantó de un salto y dijo:
—Voy a cerrar las cortinas.
Se acercó a la ventana, echó un vistazo hacia afuera y al ver que el coche de Fabián seguía estacionado frente a la mansión Soler, frunció el ceño. Al segundo siguiente, jaló las cortinas.
Mientras tanto, en la entrada de la casa, Fabián vio cómo se cerraban las cortinas de la recámara de Belén.
Por instinto pensó: «Tobías ya debería salir, ¿no?».
Sin embargo, pasaron casi diez minutos y el otro hombre no salía. Fabián no pudo evitar pensar: «¿A poco Tobías se va a quedar a dormir ahí?».
En cuanto se le ocurrió esa posibilidad, fue a tocar el portón de la mansión Soler sin pensarlo dos veces.
Después de tocar varias veces, por fin se escuchó una voz desde adentro:
—¿Quién es a estas horas?
Era Dolores.
Fabián se quedó callado, por miedo a que no le quisiera abrir.
En cuanto Dolores entreabrió el portón, él metió la mano para trabarlo. Fabián la miró desde arriba y le pidió con voz suplicante:
La cara de Fabián se descompuso al instante. Le dio un empujón a Dolores y quiso colarse a la mala en la mansión.
En ese momento, Leandro apareció de la nada, le cerró el paso y le advirtió:
—Fabián, meterte a la fuerza a una casa ajena es un delito.
Pero él estaba cegado de rabia:
—¡Mi mujer está acostada en la misma cama con otro cabrón y tú me sales con esas jaladas! ¿Crees que me importa?
Leandro no dio su brazo a torcer ni se molestó en alegar. Dolores aprovechó para jalar a Fabián del brazo:
—Ya lárgate a tu casa, no vaya a ser que Frida te esté esperando.
Dicho y hecho, Leandro y Dolores lo sacaron a empujones a la calle.
Una vez que le cerraron el portón en la cara, Fabián no volvió a tocar.
Se quedó de pie en la entrada, sintiendo que la sangre le hervía del coraje.
Aún así, reprimió sus impulsos y agarró el celular para marcarle a Belén.
Pensó que, si ella le contestaba y aceptaba volver a casa con él, dejaría en paz a los Soler.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....