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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 948

—¿Sigues preocupada por Cecilia? —Tobías se acercó y la abrazó con suavidad.

Belén no respondió, pero desvió la mirada.

Al verla callada, Tobías supo que había dado en el clavo.

Entonces, tomó su celular del buró.

Cuando desbloqueó la pantalla, Belén alcanzó a ver el teléfono de reojo. Se dio cuenta de que su fondo de pantalla era una foto de ellos dos juntos.

Se quedó atónita, pero antes de que pudiera procesarlo, Tobías ya había entrado a su galería.

Le mostró una imagen: era una foto de Cecilia en el hospital.

—Mira, ella está bien, solo es una pequeña fisura. Tú eres doctora, sabes mejor que nadie que con un par de días de reposo estará como nueva.

Al escucharlo, Belén sintió un poco de alivio.

Al no recibir respuesta, Tobías volvió a rodearla con sus brazos.

—¿Ya te sientes más tranquila?

Belén asintió.

—Sí.

Tobías bajó la cabeza, rozando la punta de su nariz con la de ella.

—¿Quieres que vayamos a dar una vuelta?

—Sí —respondió ella.

Al bajar las escaleras, la familia Soler ya estaba reunida y el personal de servicio andaba apurado en la cocina.

Ver a Tobías acompañando a Belén no los sorprendió; al contrario, los saludaron a ambos con una gran sonrisa.

Después del desayuno, Tobías empujó la silla de ruedas de Belén para salir de la Mansión Soler.

Hacía muy buen clima. Apenas daban las nueve de la mañana y el sol ya brillaba bajo un cielo completamente despejado.

Belén no quería usar la silla de ruedas, así que le pidió:

—Tobías, me gustaría caminar un rato.

Él aceptó sin dudarlo:

—Claro.

Tras ayudarla a levantarse, Tobías le tomó la mano con toda naturalidad.

Incluso sin el apoyo de las muletas, Belén ya podía dar pasos cortos.

El problema era que había escarcha en la banqueta, así que tenía que caminar con mucho cuidado.

—Sí, quiero saberlo.

Tobías dejó de darle vueltas al asunto y confesó:

—Fue Florencia.

Al principio, el nombre no le sonó familiar.

Tras darle un par de vueltas a la cabeza, recordó que Florencia era la secretaria de Tobías. Un poco preocupada, preguntó:

—¿Y qué va a pasar contigo ahora...?

—Ya la corrí. Alguien como yo no necesita una empleada de esa calaña —aclaró Tobías.

Dicho eso, le sonrió y añadió:

—Pero si quieres, puedes ser mi nueva secretaria.

Ante esa propuesta, Belén se negó:

—Prefiero seguir de doctora.

Al pensar en su carrera, a Belén le cayó el veinte de que todavía no recibía la carta de aceptación de su maestría.

Rodrigo le había asegurado que se la enviarían en un par de días, pero ya había pasado más de una semana.

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