—¿Sigues preocupada por Cecilia? —Tobías se acercó y la abrazó con suavidad.
Belén no respondió, pero desvió la mirada.
Al verla callada, Tobías supo que había dado en el clavo.
Entonces, tomó su celular del buró.
Cuando desbloqueó la pantalla, Belén alcanzó a ver el teléfono de reojo. Se dio cuenta de que su fondo de pantalla era una foto de ellos dos juntos.
Se quedó atónita, pero antes de que pudiera procesarlo, Tobías ya había entrado a su galería.
Le mostró una imagen: era una foto de Cecilia en el hospital.
—Mira, ella está bien, solo es una pequeña fisura. Tú eres doctora, sabes mejor que nadie que con un par de días de reposo estará como nueva.
Al escucharlo, Belén sintió un poco de alivio.
Al no recibir respuesta, Tobías volvió a rodearla con sus brazos.
—¿Ya te sientes más tranquila?
Belén asintió.
—Sí.
Tobías bajó la cabeza, rozando la punta de su nariz con la de ella.
—¿Quieres que vayamos a dar una vuelta?
—Sí —respondió ella.
Al bajar las escaleras, la familia Soler ya estaba reunida y el personal de servicio andaba apurado en la cocina.
Ver a Tobías acompañando a Belén no los sorprendió; al contrario, los saludaron a ambos con una gran sonrisa.
Después del desayuno, Tobías empujó la silla de ruedas de Belén para salir de la Mansión Soler.
Hacía muy buen clima. Apenas daban las nueve de la mañana y el sol ya brillaba bajo un cielo completamente despejado.
Belén no quería usar la silla de ruedas, así que le pidió:
—Tobías, me gustaría caminar un rato.
Él aceptó sin dudarlo:
—Claro.
Tras ayudarla a levantarse, Tobías le tomó la mano con toda naturalidad.
Incluso sin el apoyo de las muletas, Belén ya podía dar pasos cortos.
El problema era que había escarcha en la banqueta, así que tenía que caminar con mucho cuidado.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....