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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1293

¡Un amor tardío vale menos que nada!

El verdadero castigo para Gaspar sería probar el sabor del amor no correspondido.

Samanta soltó un suspiro de alivio. El hombre que ella no pudo tener, ahora sufría el desprecio de otra mujer. ¿Había algo más satisfactorio?

«Micaela, más te vale mantenerte digna hasta el final. No le des ni una oportunidad a Gaspar. Pasa el resto de tu vida dedicada a tu carrera».

Y ella, solo tenía que observar desde la barrera. Ver cómo Gaspar se desvivía en artimañas y cómo Micaela permanecía impasible.

El destino era justo, después de todo. Hacía que Gaspar pagara por sus acciones pasadas, que probara lo que se siente rogar por amor. Estaba ansiosa por verlo consumirse en ese fuego.

Solo Samanta había sido testigo de cómo Gaspar, durante esos diez años, se había mantenido fiel a Micaela. Porque ella, diligentemente, lo había protegido *para* Micaela.

En cuanto al incidente del camerino, no fue una coincidencia, sino un plan cuidadosamente orquestado por ella.

Originalmente, Gaspar la había presionado para firmar un consentimiento para un experimento bajo la supervisión del doctor Ángel. Para que él admirara su talento en el concierto, lo citó en el camerino.

Justo cuando estaba desplegando sus encantos para seducirlo, su asistente le envió un mensaje: Micaela había llegado.

En ese instante, una idea maliciosa se apoderó de Samanta. Calculó el momento exacto, pisó deliberadamente su vestido para caer y golpearse la cabeza contra el abdomen de Gaspar. Él, al no poder esquivarla, terminó con el cabello de ella enredado en la hebilla de su cinturón.

Al mismo tiempo, se bajó un tirante del vestido para crear una imagen aún más sugerente y desordenada.

Justo en el momento en que Micaela abrió la puerta, vio esa escena.

Cualquiera habría sacado sus propias conclusiones, pensando que Samanta estaba tratando de complacer a Gaspar. Con el concierto a punto de empezar, y sin poder hacer otra cosa, solo quedaba…

¡Ja! Eso solo le ponía las cosas más difíciles ahora que intentaba recuperarla.

Y con la versión que ella le acababa de dar, ese asunto jamás se resolvería.

Que Micaela y Gaspar colaboraran, estaba bien. Pero que volvieran a casarse, ni pensarlo.

No le importaba ser una espectadora y, cuando surgiera la oportunidad, añadir un poco más de leña al fuego para asegurarse de que el camino de Gaspar hacia la reconciliación terminara en cenizas.

Samanta arregló su vestido y salió al salón de fiestas. Inevitablemente, sus ojos se encontraron con Gaspar, quien, rodeado de peces gordos, brillaba como la luna en el cielo.

Su cabello entrecano le daba un aire aún más sofisticado y frío. Qué lástima que un hombre tan excepcional estuviera destinado a una vida de soledad por culpa de Micaela.

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