Capítulo 235 Solo la hizo sentirse más acorralada. Vanessa giró en seco y se abrió paso entre la multitud a empujones, con pasos apresurados. Su abogado y el personal del juzgado tuvieron que contener a los reporteros que intentaron seguirla.
-Señorita Vanessa, señorita, ¡solo una pregunta más!
-¡¿Qué hay de lo que siente por la señorita Althea?!
-i¿Es el fin de su carrera?!
Las voces le llovían desde todas las direcciones.
Vanessa siguió caminando con la cabeza agachada, sin responder una sola palabra. Tenía la cara tensa por el esfuerzo; las lágrimas contenidas a pura fuerza de voluntad, porque no iba a dejarlas caer frente al mundo.
Cuando por fin llegó al auto negro que la esperaba, la puerta se abrió. Vanessa se deslizó adentro y la cerró de golpe. El auto arrancó enseguida, dejando atrás a la turba de reporteros que todavía se apretujaban contra las ventanillas, desesperados por capturar cada segundo.
Mientras tanto, la multitud que seguía en el vestíbulo del juzgado no perdió el tiempo.
Trabajaron sin descanso para difundir la historia que pronto dominaría los titulares en todo Aethelis. El escándalo del divorcio, la participación de terceros... era el tipo de drama que la gente esperaba con ansias no solo en Aethelis, sino en todas las ciudades vecinas.
Las voces de los reporteros continuaban, afiladas por la emoción.
"Hace unos momentos, Vanessa Blake emitió una disculpa formal a Althea Grayson, en cumplimiento del fallo del tribunal".
"Sin embargo, su expresión fue claramente de rechazo, y sigue evitando preguntas sobre su futuro".
En cuestión de minutos, la noticia inundó portales de internet, transmisiones de televisión y redes sociales. Titulares en negritas gritaban desde las pantallas:
"Vanessa Blake por fin ofrece disculpa pública!" "La disculpa de Vanessa, vista como falsa: el público dice que su cara solo mostraba rabia".
"El fallo del tribunal pone fin a la carrera de una estrella?" La opinión pública estalló. Algunos celebraban: la justicia estaba del lado de Althea. Otros lamentaban la caída de Vanessa, alguna vez adorada e idolatrada.
Dentro del auto, Vanessa apretó los puños con tanta fuerza que las uñas se le enterraron en las palmas. No le importaba si sacaban sangre. El pecho le subía y bajaba, la furia le retumbaba por dentro como un tambor de guerra.
Y un solo pensamiento la consumía: "Voy a hacer que Althea pague por esta humillación".
Tenía que hacerio.
***
-El juicio por difamación entre la señorita Althea y la señorita Vanessa se resolvió a favor de la señorita Althea -anunció Arven, con un tono demasiado alegre para un simple reporte. No le había quitado los ojos de encima a la tableta, donde artículo tras artículo sobre el veredicto de la tarde llenaban la pantalla. Incluso el video de la disculpa pública de Vanessa ya se propagaba como pólvora.
Daven suspiró con fastidio.
-Y como la señorita Althea ganó el caso, su presencia en Aethelis queda confirmada al cien por ciento. Estuvo en el tribunal esta tarde. - Arven giró la tableta hacia él, mostrando una foto de Althea frente a la prensa: serena, segura, con una sonrisa discreta pero imponente, pronunciando cada palabra con una convicción inquebrantable.
Había hablado brevemente sobre el juicio, sobre lo que planeaba hacer a continuación.
Daven no quiso mirar. Se dijo que no le importaba, que no valía la pena prestarle atención. Pero sus ojos lo traicionaron. Contra su voluntad, se quedaron prendidos en la imagen.
Arven seguía hablando en algún lugar del fondo, convertido en poco más que ruido. Toda la atención de Daven estaba fija en la pantalla.
En esa foto... Althea estaba de pie frente a un mar de reporteros, con esa sonrisa serena que irradiaba una fuerza callada. Su presencia era firme, como si el juicio agotador no la hubiera tocado. Sus ojos brillaban con certeza, sus labios curvados con una elegancia natural, como si ya supiera cada palabra, cada paso, cada destino que pensaba tomar.
Daven nunca había visto ese atractivo en ella. Para el hombre que fue antes, Althea no era más que la esposa con la que se casó por obligación, nunca por elección. Estuvo ciego: ciego de orguilo, cegado por un amor del pasado que se negaba a morir, cegado por su estupidez, que redujo a Althea a nada más que una sombra. Ahora, en el silencio de sus pensamientos, algo se le removió por dentro.
Había una belleza distinta en ella. No solo la gracia de sus rasgos, sino la dignidad, la fortaleza, la clase innegable que irradiaba de su presencia.
Como si cada herida, cada lágrima, cada humillación que soportó la hubiera forjado en alguien más fuerte, alguien mucho más cautivadora que cualquier persona que Daven hubiera conocido.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...