Entrar Via

El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 314

Capítulo 314

-Felicidades, la cirugía fue un éxito.

La voz aliviada del médico resonó en el pasillo cuando salió del quirófano. Todos se pusieron de pie de un salto: Riana, Kate, Lydia y Daven, que no se había movido un centímetro del lugar donde estaba parado.

-¿Cómo está Althea? -preguntó Daven enseguida.

-Está fuera de peligro -respondió el médico con una sonrisa pequeña y cansada-. Logramos detener la hemorragia. Y la bebé... es una niña sana, tres kilos.

La emoción inundó el pasillo. Kate rompió a llorar mientras abrazaba a Riana, que ya sollozaba. Lydia se cubrió la boca y sonrió apenas a través de las lágrimas que se le acumulaban en los ojos. Daven solo bajó la cabeza, cerró los ojos con fuerza y le temblaron los hombros.

-Gracias, doctor -dijo en voz baja-. Gracias por salvarlas.

Pero bajo la frágil alegría que flotaba en el aire, otra verdad ya se abría camino hacia ellos: una verdad que pronto aplastaría cualquier calor que aún les quedara.

Chris apareció al final del pasillo, con la cara blanca como el papel y los pasos desiguales y apresurados.

Acababa de regresar del aeropuerto.

-Riana... Daven... tenemos que hablar.

El tono de su voz le detuvo el corazón a Daven.

-¿Qué pasó?

Chris tomó aire hondo, con la mirada grave.

-Encontraron los restos del avión de Chase frente a la costa de Esmirna, Turquía. No hubo sobrevivientes.

Riana se quedó paralizada y la cara se le puso pálida.

-¿Cómo que... no hubo sobrevivientes?

Chris bajó la cabeza.

-Los ciento ochenta pasajeros y tripulantes... ya no están.

A Riana se le quebró la voz.

-¡No! ¡No, eso es imposible! Todavía no han revisado todo, ¿o sí? Tal vez... tal vez alguien...

Kate la atrajo a un abrazo y la sostuvo con fuerza.

-Riana, basta... -susurró con la voz temblorosa pero contenida-. Tienes que ser fuerte.

Lydia tenía la mirada fija en la ventana, perdida.

-Entonces... Chase de verdad...

Chris asintió despacio, dolido.

-Sí. Cancelaron la misión de búsqueda y rescate.

De ahora en adelante solo recuperarán escombros y restos.

Cayó el silencio. Daven se quedó inmóvil, con la mandíbula tensa mientras luchaba por encontrar las palabras. Pero ninguna salió. Desde dentro de la sala de recuperación llegaba el pitido tenue y rítmico de un monitor cardíaco, el sonido frágil de una vida nueva, contrastando con el peso de una vida que acababa de perderse.

-Althea todavía no lo sabe, ¿o sí? -preguntó Lydia en voz baja.

-No -logró decir Daven al fin. Su voz era grave, firme-. Y no quiero que lo sepa. No ahora. No así.

Riana se volvió hacia él, con los ojos hinchados y rojos.

-Pero Daven, ¡tiene que saberlo! ¡Chase era su esposo!

-Lo sé -la interrumpió Daven, con un tono más cortante de lo que pretendía. Suspiró tembloroso antes de continuar, más bajo-. Pero acaba de salir de una cirugía difícil. Si se entera de algo así ahora, podría llevarla al límite. Esperamos. Dejemos que se recupere primero.

Kate asintió, dándole la razón en voz baja.

-Daven tiene razón. Ahora mismo, Althea necesita calma. Necesita concentrarse en recuperarse, por el bien de la bebé.

Daven bajó la cabeza y observó los rasgos delicados de la recién nacida: la naricita, el rubor tenue en las mejillas.

-Sí... se parece mucho a él.

-¿Chase ya lo sabe? -preguntó Althea, con un tono ligero, inocente-. ¿Ya le avisaste? Quiero que sepa que nuestra bebé ya está aquí, sana y a salvo.

La pregunta le golpeó el pecho a Daven como nu puñetazo. Forzó una sonrisa tensa.

-Todavía no. Sigue en camino de regreso. La comunicación ha estado un poco complicada, pero cuando se entere, estoy seguro de que estará orgulloso.

Althea exhaló aliviada y la sonrisa se le hizo más amplia mientras pasaba los dedos por la mejilla de su hija.

-Solo quiero que sepa... que cumplí mi promesa.

No me rendí.

A Daven se le cerró la garganta. Su voz salió grave, áspera por un dolor no dicho.

-Lo sabe, Thea. Confía en mí... lo sabe.

El silencio se asentó entre los dos, suave y pesado.

Solo la respiración tranquila de la bebé llenaba la habitación, frágil y rítmica, como un latido que sostenía el mundo.

Daven se quedó ahí, mírándolas a las dos, madre e hija, y algo dentro de él se rompió en silencio. Más allá de aquellas paredes, la ciudad de Aethelis estaba envuelta en duelo, y la nación lloraba a los pasajeros del avión caído. Y entre las caras de la tragedia, los Callister estaban en el centro.

A través de la puerta de cristal, Lydia esperaba con los ojos llenos de lágrimas mientras contemplaba la escena del interior.

-Todavía no lo sabe, Dav -susurró con la voz temblorosa–. Y no sé cómo se supone que se lo digamos.

Daven miró hacia la ventana, donde el cielo del atardecer se había teñido de un dorado y un gris magullados.

-Yo tampoco lo sé -dijo en voz baja. Luego, volviendo la mirada hacia Althea y la pequeña vida que sostenía, agregó-: Pero algo sí sé... No voy a dejar que ellas se derrumben como nos pasó a nosotros una vez.

Histórico de leitura

No history.

Comentários

Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad