Capítulo 315
El cielo sobre el jardín estaba imposiblemente despejado. La luz del sol se filtraba a través del dosel de hojas y esparcía dibujos dorados sobre los pétalos que se mecían con la brisa. Althea estaba sentada en un banco de madera, vestida con un sencillo vestido blanco. Sentía el corazón ligero, en paz, de un modo que no experimentaba desde hacía mucho tiempo.
-Hermoso, ¿no?
La voz a su lado era suave, familiar. Althea giró la cabeza y una sonrisa floreció en su cara.
-Chase... -Le tembló la voz-. Estás aquí.
Chase sonrió, se sentó a su lado y le tomó la mano con fuerza entre las suyas.
-Claro que estoy aquí. ¿En qué otro lugar podría estar? No me iba a perder ver tus flores favoritas en plena floración.
Una risa apenas audible se le escapó de los labios.
-Siempre sabes cómo hacerme sonreír.
-Es mi trabajo -dijo Chase con ligerezaHacerte sonreír, incluso cuando no tienes ganas.
Althea apoyó la cabeza en su hombro y saboreó la calidez que él irradiaba.
-Hace tanto que no soñaba con un lugar así de bello. Se siente como si... todo volviera a ser normal.
Chase la miró con aquella misma mirada tierna que siempre la hacía sentir segura.
-Quizá este sea nuestro lugar, para descansar un rato, lejos de todo el cansancio.
-¿Sabes? -dijo Althea en voz baja, esbozando una leve sonrisa-. Siento como si acabara de dar a luz.
Casi puedo escuchar a un bebé llorar... pero, curiosamente, no siento ningún dolor.
La expresión de Chase se suavizó. Estiró la mano y le apartó un mechón de cabello de la cara.
-Has peleado con más fuerza que nadie que yo haya conocido, Althea.
A ella se le ensombreció la expresión.
-¿Por qué lo dices así? Como si estuviéramos a punto de despedirnos.
Chase se rio de manera contenida, aunque había algo apagado en sus ojos.
-No me estoy despidiendo. Solo quiero que sepas lo orgulloso que estoy de ti.
-Pero...
-Mira allá -la interrumpió Chase con suavidad, señalando con la cabeza hacia el área de juegos al fondo del jardín.
Dos niños corrían sobre el césped, riéndose, y sus risitas resonaban como campanitas de viento en el aire cálido.
Althea sonrió, siguiendo sus movimientos con la mirada.
-Son adorables. Me recuerdan a Josh cuando era pequeño.
-Sí -mumuró Chase, en un tono callado y melancólico-. Se parecen mucho a Josh.
Ella volvió a mirarlo.
-Y la niñita... se parece a mí cuando era pequeña.
La sonrisa suave de Chase no se desvaneció. Le sostuvo la mirada, con los ojos llenos de algo no dicho.
-Te diste cuenta. Te han estado esperando, Thea.
-¿Esperándome? -Entrecerró los ojos-. ¿Para qué?
-Para que vuelvas -susurró Chase-. Para que estés con ellos. Para que los ayudes a crecer. Para que sigas sonriendo.
Althea le apretó la mano con más fuerza, y la desesperación le subió por el pecho.
-Hablas como si te estuvieras yendo, Chase. Por favor, dime, ¿qué está pasando?

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