Capítulo 316
Esa noche, la habitación del hospital estaba dolorosamente quieta. El único sonido provenía del pitido constante del monitor cardíaco, que se mezclaba con la respiración irregular de Althea. El sueño se negaba a llegar. Su mano temblorosa buscó el teléfono en la mesita de noche.
La noticia seguía pasando en la pantalla, una y otra vez.
Una transmisión en vivo desde la costa turca mostraba olas enormes, fragmentos retorcidos de metal y equipos de rescate sacando pertenencias personales del mar.
-El avión que desapareció hace dos días fue encontrado, destruido, cerca del estrecho de los Dardanelos. Según los primeros reportes, no hay señales de sobrevivientes entre los ciento ochenta pasajeros y miembros de la tripulación...
Althea miraba la pantalla en silencio. Le temblaban los labios, pero no salían palabras, solo lágrimas que resbalaban lentamente por sus mejillas.
Levantó la mano y rozó el teléfono con la yema de los dedos, como si de algún modo pudiera atravesarlo y tocar la cara de Chase detrás de la transmisión.
-Tú... no vasa volver, ¿o sí? -susurró, casi inaudible.
Lloró en silencio, sin sollozos, sin gritos. Solo esa clase de duelo callado que únicamente un corazón recién roto puede comprender.
Cuando la primera luz del amanecer se filtró por las cortinas, Althea aún no había dormido. Tenía los ojos hinchados, pero había una calma extraña en ellos, como si en el fondo ya lo supiera. Aunque nadie hubiera tenido el valor de decírselo todavía.
Sonó un golpe suave en la puerta. Entró una enfermera con una sonrisa amable.
-Buenos días, señora Grayson. ¿Está lista para conocer a su pequeña?
Althea asintió.
-Sí... la estuve esperando toda la noche.
La enfermera trajo un pequeño bulto envuelto en una manta blanca. Las mejillas de la bebé estaban sonrojadas y todavía tenía los ojos cerrados.
Cuando la pusieron en los brazos de Althea, el tiempo pareció detenerse.
-Es...es igualita a Chase -susurró Althea con la voz temblorosa-. Su nariz, sus labios... todo.
Una lágrima cayó sobre la mejilla suave de su bebé, pero una pequeña sonrisa se dibujó en los labios de Althea.
-Bienvenida, cariño. Tu padre estaría tan orgulloso de ti.
Momentos después, la puerta volvió a abrirse. Kate y Riana entraron en silencio, seguidas por Karina, que llevaba un ramo de flores blancas.
-Dios mío... es hermosa -exhaló Kate, con los ojos brillantes.
Riana se acercó y tomó la mano de Althea.
-Mi amor... ¿cómo te sientes?
-Mejor -respondió Althea con suavidad-. Ella me da una razón para mantenerme fuerte.
Riana sonrió entre lágrimas.
-Eres increíble, Thea. Chase debe estar muy feliz cuidándolas a las dos.
Althea bajó la mirada y observó la carita diminuta de su bebé.
-Lo sé, mamá. Puedo sentir que está aquí...
Pocos minutos después llegó Daniel Miller con Chris y Cale. La habitación, antes cálida, se cargó con una pena que nadie se atrevía a pronunciar.
-Tu hija se parece tanto a Chase -dijo Daniel en voz baja-. Hasta en la forma de dormir.
Althea sonrió.
-Entonces tal vez Dios quiso que pudiera verlo todos los días.
El silencio se prolongó, hasta que la puerta volvió a abrirse. Daven apareció en el umbral, con el semblante firme, pero los ojos... rojos.
Todos lo entendieron. La noticia por fin les había llegado.
Levantó la mano con suavidad y mostró la carita diminuta de su bebé a todos los presentes.
-Mírenla -susurró-. Él sigue aquí. Chase no se fue, vive en su hija.
Riana ya no pudo contener las lágrimas. Kate bajó la cabeza y se cubrió la cara, mientras Daven se quedó congelado, atrapado en algún punto entre el asombro y la angustia.
-Así que nadie debería estar triste -continuó Althea, con voz firme aunque suave-. Chase no querría eso. Siempre dijo que quería esta casa llena de risas, no de lágrimas.
Riana se acercó y le besó la frente a Althea.
-Eres una mujer extraordinaria, Thea. Chase tuvo mucha suerte de tenerte.
Althea se rio con fragilidad, con la voz áspera de tanto llorar.
-No, mamá... la afortunada fui yo. Porque me tocó ser amada por alguien como él.
La habitación volvió a quedarse en silencio. Uno por uno, salieron en silencio, intentando contener el sonido de su dolor. Pero incluso del otro lado de la puerta cerrada, todavía se escuchaban sollozos apagados.
Adentro, Althea se quedó donde estaba, con la mirada suave e inquebrantable mientras observaba a su bebé. Sonrió entre lágrimas.
-Tú y yo, cariño. Vamos a estar bien.
Le acarició la cabecita a la bebé.
-Y el día que sonrías -susurró-, sabré que es la sonrisa de tu padre regresando a mí.
Se inclinó, le dio un beso en la frente a su hija y luego levantó los ojos hacia el techo blanco e impecable.
-Adiós, Chase... pero por favor, no te alejes mucho.
Quédate cerca de mí.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Terminen de subirla por favor...
Suban la novela completa no de cinco en cinco...