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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 317

Capítulo 317

-Lo encontraron esta mañana.

Chris habló con la voz ronca, cargada con el peso de las emociones que apenas lograba contener. Toda la sala de la mansión Callister quedó en silencio. Lo único que se escuchó después fue un sollozo apagado de Lydia desde un rincón.

-¿Dónde...? -Daniel rompió la quietud, apenas susurrando.

-En el agua cerca del lugar del accidente - respondió Chris, con un tono pesado y tenso-. El equipo de búsqueda y rescate lo confirmó por la marca de identificación en su muñeca. Es Chase.

Riana se llevó una mano temblorosa a la boca para ahogar un gemido. Lydia se acercó a ella y la rodeó con un abrazo tembloroso, aunque las lágrimas también le corrían por la cara. Cale permanecía sentado con la cabeza baja, los dedos apretándose el puente de la nariz como si intentara contener la verdad amarga que acababa de aplastarlos a todos.

-¿Le dijeron a Althea? -preguntó Daven con voz tranquila desde la ventana, su reflejo apenas visible en el cristal.

Chris negó con la cabeza.

-Todavía no. Quería estar seguro antes de que ella lo supiera.

Pero antes de que pudiera decir algo más, se escucharon pasos lentos en la escalera.

Althea estaba allí: pálida, frágil, y sin embargo su mirada tenía una calma extraña que silenció a todos.

-Ya lo sé -dijo en voz baja.

Todas las cabezas se giraron hacia ella.

-Vi las noticias esta mañana -continuó con una sonrisa tenue-. El equipo de búsqueda y rescate...

encontraron a varios de los pasajeros. Uno de ellos era Chase.

-Althea... -Lydia empujó su silla de ruedas con esfuerzo hasta llegar a ella y le apretó con fuerza las manos temblorosas a su amiga.

Althea la miró y negó.

-Estoy bien, Lydia. No te preocupes.

-No, no estás bien -dijo Lydia con la voz quebrada-. Acabas de dar a luz, deberías estar descansando...

-Tengo que ir a su funeral -la interrumpió Althea, la voz tranquila pero firme.

Chris miró a Daven como si le pidiera en silencio una indicación.

Daven exhaló despacio antes de responder.

-Si eso es lo que quieres, me encargaré de que todo esté listo. Pero tienes que prometer que no vas a forzarte, Althea.

Ella bajó la cabeza, con una sonrisa tenue rozándole los labios.

-Ya perdí a mi esposo, Daven. No voy a perder también la oportunidad de despedirme de él.

*** El día del funeral llegó bajo un cielo gris y cargado.

El aire estaba húmedo, denso con olor a tierra y flores frescas. El último homenaje se realizó en silencio en el patio de la mansión Callister, donde amigos, colegas y vecinos del pueblo se reunieron para presentar sus respetos al hombre que todos conocían como cálido y entregado.

El silencio llenó el aire, pesado y sofocante. La mirada de Althea no vaciló.

-Chase -susurró con la voz quebrada-, sé que te enojarías si siguiera llorando. Así que voy a intentar ser fuerte, como tú querías. Pero por favor...si puedes oírme ahora, no te preocupes. Voy a cuidar de nuestros hijos. Voy a hacerlos reír, igual que tú me hacías reír cada mañana.

Daven bajó la cabeza y apretó la mandíbula. Los sollozos contenidos de Lydia y Riana rompieron la quietud.

-Te lo prometo -continuó Althea con la voz temblorosa-, nunca voy a dejar que crezcan sin saber lo maravilloso que era su padre. Porque tú, Chase... tú eras nuestro hogar.

Inclinó la cabeza, besó las flores que tenía en las manos y las depositó con cuidado sobre el ataúd.

Los dedos le temblaban sin control, pero su cara mantenía una sonrisa frágil, tallada en dolor y amor.

Uno por uno, los presentes se acercaron a presentar sus últimos respetos. Chris, Daven, Daniel y Cale le posaron una mano en el hombro antes de retirarse en silencio. Cuando bajaron el ataúd a la tierra, Riana cayó de rodillas, sollozando sin control. Lydia la rodeó con los brazos y la sostuvo con fuerza.

Althea, en cambio, permanecía sentada en silencio.

Las lágrimas le caían sin hacer ruido, trazando líneas pálidas en sus mejillas.

-Adiós, Chase -susurró-. Puedes irte tan lejos como quieras... pero nunca vas a estar realmente lejos.

Posó una mano temblorosa sobre el corazón.

-Siempre vas a estar aquí.

El cielo se oscureció todavía más, las nubes cargadas de duelo. Una brisa suave se levantó y agitó algunos mechones de su cabello. Y entre los sollozos y el silencio, parecía que el mundo entero estaba de duelo con ellos, sabiendo que hay despedidas que nunca se açeptan del todo.

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