CELINE
—¿A dónde vamos? —le pregunté a mi mate buscapleitos después de reñirle por la incómoda situación de hace un rato.
—No me gusta que Aldric te haya marginado tantos años —siseó sin soltarme la mano mientras caminábamos por el pasillo.
—Él tenía sus razones para odiar el reino oscuro, yo lo odiaba también —suspiré queriendo dejar atrás el pasado.
—Lo entiendo, pero eso no quiere decir que me agrade —se detuvo frente a mí, acariciando mi mejilla con su mano fría.
La intensidad de sus sentimientos siempre rodeando mi alma.
—¿Querías saber a dónde te llevaba? Ven, hay una sorpresa que mandé a buscar para ti —y abrió la puerta que daba a una enorme biblioteca.
Miraba asombrada a las estanterías gigantes del suelo al techo, parecía un laberinto.
Las lámparas colgantes alumbraban con sombras y luces tenues, pero las cortinas estaban corridas y a través de una enorme terraza también entraba la tenue luz del sol.
Allí, de pie, había un hombre de espaldas a nosotros.
Su ropa de noble estaba sucia y raída, manchada de oscuro por sangre seca.
Había algo en él que me puso enseguida de guardia.
—Mi amada Celine, te presento a tu nuevo sirviente, hará todo lo que le pidas, soportará absolutamente todo lo que desees, es mi regalo de bodas para ti. ¡Saluda a tu ama! —ordenó con crueldad y mi corazón casi se paralizó al verlo girarse.
Cabello castaño, ojos cafés, sus rasgos se me hacían algo conocidos a pesar de la rigidez y la palidez en ellos.
Los había visto muchas veces en mi vida, en mi propio reflejo al espejo.
"Es quien dio vida a mi forma," Camilla siseó con hostilidad, no parecía estar muy feliz de verlo, ninguna de nosotras lo estábamos.
—Princesa Celine, soy su esclavo para hacer su voluntad —se inclinó con respeto, mirando al suelo, sumiso y servil, pero eso solo me enardeció aún más.
Caminé sin siquiera pensármelo, saqué mis garras con odio y le destrocé la mitad de la cara.
Lo pateé al suelo escuchando el crac de su hueso romperse y con la daga que siempre llevaba oculta en mis botas comencé a acuchillarlo como una demente, sacando al fin todo ese resentimiento de odio que llevaba en mi alma y a pesar de aceptar a mi parte vampírica, no podía dejarlo ir.
Este era el hombre que había violado a mi madre y selló mi destino para siempre.
Mis ojos erráticos solo veían una pulpa sanguinolenta debajo de mi cuerpo, mi mano temblorosa aún agarraba con fuerza la daga ensangrentada.
Ni siquiera sabía cómo corría el líquido vital por sus venas, si entendí muy bien que Zarek lo había convertido en una marioneta.
—Murió hace poco, lo cazaron mis hombres, pero puedo asegurarte que está sintiendo todo el dolor que le estás propinando —me tomó por los hombros tensos, haciéndome levantarme salpicada por todos lados con la sangre que dio origen a la mía.
El peso arraigado en mi pecho se había disipado un poco, mientras escupí a su cuerpo mutilado en el suelo, con asco y la satisfacción de haber vengado al menos un poco a mi madre.
—¡Levántate infeliz! —le ordené y lo vi luchando por incorporarse, con las fracturas en sus piernas, brazos, con un ojo cegado y ni siquiera sosteniéndose del barandal, lograba mantenerse en pie.
—Baja, no quiero ver tu horrendo rostro —le rugí y por un segundo su mirada opaca se cruzó con la mía, pude ver en sus profundidades algo de vitalidad.
No sabía qué hechizo prohibido utilizaba mi mate, pero mantenerte con vida incluso cuando estabas muerto, siendo esclavo de la voluntad de otra persona, era lo más cruel e inhumano que había visto jamás.
Casi a rastras intentó caminar para internarse en el castillo y bajar por las escaleras.
—¿Quién te dijo que podías bajar como un ser con dignidad? —me acerqué hacia él.
Verlo así activaba todos los instintos asesinos que él mismo había pasado a mis genes.
—Lo que te queda de existencia, hasta que yo dé mi último suspiro, aprenderás lo horrible que es que te obliguen a hacer algo que no deseas —le dije con regocijo y asco.
Algunos rayos del sol se colaban por entre las nubes densas y la bruma oscura que siempre rodeaba las tierras del príncipe vampiro.
Mis botines negros al borde del precipicio.
—Veamos al menos un acto, porque luego vendrán a buscarme —se paró a mi lado sosteniendo mi cintura y estirando la mano.
—¿Quién vendrá a buscarte?
—Gabrielle, va a pedirme de favor que le dé de mi sangre a su nieta, lo necesita porque ella está débil y la cachorra al final es mi misma línea sanguínea —me quedé asombrada con la tranquilidad con la que me dice algo tan importante.
—¿Y lo harás? —le pregunto preocupada.
Lo amo, es mi mate, pero conozco muy bien sus características egoístas.
—Por supuesto, esa pequeña Selenia me cae bien, va a ser muy poderosa, no puedo dejar que ese poder se trunque —me mira misterioso
—. ¿Cuántas veces puedo tener la satisfacción de ver nacer a un ser tan oscuro como yo?
Me susurra y algo me está dando muy mala espina en su sonrisa astuta y maquiavélica.
Pobre Aldric y Valeria, creo que su hija va a ser la próxima asesina en serie de la familia.
—¡Vamos a mi mundo de locuras! —hizo un gesto en el aire con la mano y miré abajo asombrada de cómo toda tierra del cementerio comenzó a rugir y abrirse.
Parecía que un abismo oscuro y sin fondo nos sonreía de manera siniestra.
Cuando apretó la mano en mi cintura y saltó llevándome con él, solo pude sostenerme con fuerza a su pecho.
Sintiendo el viento silbar en mis oídos y mi mundo sumiéndose en oscuridad, pero con él a mi lado, nada ni nadie me daba miedo, nunca más.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...