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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 183

8 MESES DESPUÉS…

ALDRIC

Leía los nuevos arreglos del Reino Nocturne sentado en la biblioteca.

Así se proclamó oficialmente el nombre de la fusión de los dos antiguos reinos que ahora gobernaba.

Yo, que no quería responsabilidades desde el inicio, terminé siendo el Rey de todo, pero por mi reina y mi princesita, era capaz de atarme a lo que fuese.

Bajé mi cabeza y besé el suave cabello negro de mi hembra que dormitaba contra mi pecho, acostada a lo largo del mullido sofá.

Dejé los papeles de lado y bajé mi mano para acariciar su panza ya grande; el momento se acercaba y la conexión con mi hija se hacía más y más fuerte.

En cuanto mis dedos tocaron la piel de Valeria, sentí el revoloteo bajo mi mano que me sacaba sonrisas.

“Mi hermosa cachorra, pronto te voy a conocer, tu papi muere por verte y cargarte entre sus brazos”

Extendí mi pensamiento a través de nuestro vínculo y el movimiento bajo mis dedos aumentó, estirando de manera rara la piel de la barriga de mi mate.

"Shh, dejemos descansar a mami, que se esfuerza mucho por cuidarte" Enseguida dejó de patear y revolverse; era tan buena mi pequeña.

Suspiré mirando los círculos oscuros bajo los ojos de Valeria; no ha sido nada fácil este embarazo.

Muy a mi pesar, mi sangre no era suficiente para nutrir a nuestra cachorra porque era una Selenia.

Valeria se quedó atrofiada por no recibir la herencia en la sangre de su madre y ahora nuestra hija parecía que correría el mismo destino.

Sospechaba que me ocultaba algo, su mirada esquiva, el secreteo con Gabrielle.

Esperé por su confesión y cuando supe que necesitábamos de ese vampiro presumido, me cayó como una patada en el trasero, pero callé mi molestia porque si es por su bien, todo lo puedo soportar.

Ahora ya no es necesario que tome más de su sangre una vez al mes, ya el peligro pasó y la bebé digirió todo ese poder fortaleciéndose, solo queda esperar su llegada a salvo.

Tampoco su sangre dejó rastros de olor que odiaba invadiendo a mi familia.

—¿Me dormí mucho? —sus hermosos ojos somnolientos se abrieron mirándome perezosamente.

—Bueno, un poco, no dormirás bien por la noche, ¿quieres salir al jardín a tomar el aire? —aparté el cabello de su frente listo para levantarme.

Mi lobo rugiendo excitado, pero apretaba los caninos soportando mi bestialidad, siempre temíamos hacerle daño.

—Ssss mmm mi lycan, qué rico, tócame los senos, tócame más… aahhh Aldric… —gemía lujuriosa, exigiéndome mientras sus caderas embestían adelante y atrás, sacando y metiendo mi eje de la miel de su coño a punto de explotar.

Llevé mis manos a sus senos, acariciándolos sin apretarlos demasiado, por mis dedos se escurría la leche que sería de mi cachorra y admito que me he tomado en varias ocasiones.

—Aahh joder nena —no pude evitar martillear hacia arriba agarrando sus caderas para dominarla.

Veía sus ojos cerrados en éxtasis, sus deliciosos labios entreabiertos, resoplando aire agitada y esa expresión de extremo placer que me decía que Valeria alcanzaría la cima en cualquier instante.

Yo estaba al borde del orgasmo y cuando su vagina se cerró apresando mi pene y ordeñándolo como solo ella sabe hacerlo, me corrí rugiendo bestial con mis caninos lobunos afuera.

Embestí profundo dos o tres veces hacia arriba, vaciando mis testículos, llenándola y complaciéndola.

Esos ojos, que eran mi perdición, me miraron soñadores a través del espacio, mientras nuestras respiraciones se iban controlando.

Salí de mi hembra escuchando sus suspiros y la ayudé a acostarse en la cama.

—¿Te lastimé? —besé sus labios y mi mano baja a su panza húmeda en sudor.

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